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Jhosman Barbosa
July 16, 2026
© Photo: SCF

China saca ventaja de las guerras en Ucrania e Irán: compra petróleo barato, evita el conflicto directo y debilita a sus “socios” mientras crece.

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Escríbenos: info@strategic-culture.su

El mayor éxito del diablo es haber conseguido que el mundo no crea en su existencia.

Atribuida al poeta francés Charles Baudelaire (1821-1867) hecha adagio popular.

Desde la corrección política, las alianzas tipo BRICS+ y los acuerdos bilaterales entre naciones está prohibido señalar lo que señalaré: el peligro que implica China para la reconfiguración global del poder, los procesos soberanistas de Rusia e Irán y el posicionamiento internacional de éstas, particularmente.

Es evidente que China es un contrapeso geoeconómico importante a nivel global y que es la nueva economía, ciencia e infraestructura más grande del mundo, con otros grandes récords. Es claro que su comportamiento de dominio no está determinado por un chantaje ideológico y que en efecto maneja un socialismo hacia dentro de la Muralla China y un capitalismo en términos de intercambio desigual, afuera de ésta.

Para EE.UU. China es su principal competidor estratégico, según el documento derivado del National Security Strategy (NSS) de 2017, aunque durante la administración Biden el enfoque momentáneo fue sobre Rusia, al provocar su administración el conflicto en Ucrania. Además, todas las organizaciones militares o políticas precedidas o influidas por los estadounidenses, como QUAD, AUKUS, Five Eyes, OTAN y la propia Unión Europea, la tienen como competidor y país hostil.

China también ha construido una arquitectura diplomática, comercial, política y financiera que le hace autónoma y libre de chantajes o sanciones por parte del occidente colectivo. Entre éstas, los BRICS+, OCS, BAII, La franja y la ruta, Organización de Mediación y Disputas, el Fondo de Inversión y su propio sistema de pagos internacionales, CIPS.

Haciéndose socio de varios países en todos los continentes, China en varios lugares supera a EE.UU. como mayor inversor; sin embargo, pese a no poner un chantaje ideológico como señalé líneas arriba, sí se le acusa por manejar (Debt-Trap Diplomacy) deudas – trampa. Esto en países como Angola, Zambia, Etiopía, Kenia, Djibouti y República del Congo y Sri Lanka. Puede ver el lector aquí, en Rhodium Group (2024) un documento que señala el cambio de enfoque depredador que efectúa China respecto a Zambia.

Dichas deudas se caracterizan por presentar altas tasas de interés y condiciones opacas, pues si los países no pueden pagar, China exige concesiones estratégicas (puertos, minas, tierras o derechos de explotación) que a veces superan el valor de la deuda. Se suma a ello lo clásico del capitalismo: explotación de recursos naturales en detrimento de los habitantes, malas condiciones laborales y en sí una suerte de neocolonialismo. En el documento De Chatham House, de agosto de 2020, titulado, Desmintiendo el mito de la “diplomacia de la trampa de la deuda se señala en las conclusiones que:

Los relatos convencionales describen la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China como una forma depredadora de política económica estatal, que busca atrapar a los países pobres con fines geopolíticos. Este documento ha demostrado que la BRI, de hecho, está motivada principalmente por factores económicos. También ha demostrado que el sistema de financiación del desarrollo internacional de China, fragmentado y mal coordinado, no está orientado a promover objetivos geopolíticos coherentes. Además, los países receptores (como Sri Lanka y Malasia) no son víctimas indefensas, sino que influyen activamente en los resultados dentro del sistema de financiación del desarrollo de China. Por consiguiente, la BRI no sigue un plan vertical, sino que surge de forma fragmentada, a través de diversas interacciones bilaterales, y sus resultados están determinados por los intereses, las agendas y los problemas de gobernanza de ambas partes.

Esto es claro. No es una acción voluntaria de China. Es la forma en que las élites locales plantean los negocios y aceptan, -no dice lo contrario- lo que deviene de la firma de contratos con empresas chinas. Los chinos no dirán nada a favor de su contraparte, obvio. Y bueno, esta publicación es de un Think Tank inglés y ellos son los fundadores del ‘libre mercado’.

En todo caso la intensión de este artículo no radica en tales cuestiones, pero es clave señalarlo para desarrollar la idea central: apreciar la verdadera forma en que entiende China desde sus intereses a estos dos aliados regionales.

Sin embargo, una reflexión final al respecto.

Durante la Guerra Fría, 1946 – 1991, había una clara competencia ideológica, económica, cultural, científica, artística, deportiva, y muchas más, entre el comunismo o el socialismo y el capitalismo.

Como bien señaló Ernesto Che Guevara, el comunismo no sólo era una forma de organización socio económica de la producción; el comunismo era una práctica o expectativa que iba más allá del mero valor económico y por el contrario encarnaba más los valores de una producción socializada en aras de la liberación misma de tal actividad alienante.

Lo que sucede ahora –sobre ello escribí como un llamado a la cordura en BRICS+ respecto a los términos de intercambio– es que sólo importa los objetos de la transacción, sean materias primas, servicios, o bienes con valor agregado. En ese sentido a la gran superpotencia china no le interesa si negocia con esclavistas, mafiosos, dictadores y otras calidades de gobiernos. Sólo le interesa, como a todos los demás, el negocio. Esto bajo el sofisma del respeto a la autonomía de cada nación y la no intervención en sus asuntos.

Sin temor alguno, se puede decir que China maneja las reglas del libre mercado internacional y desde una perspectiva interior, como nación, de ‘economía de mercado socialista’. Pueden revisar en el artículo La “economía de mercado socialista” de China: un problema comercial sistémico, de Jacques Pelkmans, sobre este particular.

China es pues Socialista de mercado hacia dentro de la Muralla y un capitalismo de mercado librecambista, afuera de la muralla. Esto implica que no ofrece ninguna moral, ética, concepción de vida, de telos o escatología, de humanismo, tal como lo hacía el comunismo.

Que no crezcan tanto como para competir, que no se marchiten tanto que no aporten

Si China desarrolló el anterior modelo flexible, pues no le interesa globalizar su forma de modo de producción socialista de mercado, también desarrolla una forma flexible de tratar tanto con adversarios como con socios, vecinos y aliados.

Las relaciones chino-rusas gozan de lozanía inigualable y han logrado cerrar al menos como lo vemos, las viejas rencillas o desavenencias por territorios y copamiento de los mismos de siglos o décadas atrás. Varias reuniones al año, visitas frecuentes de sus mandatarios, la conjunción en varias organizaciones como OCS o BRICS+ confirman esta relación vista con malos ojos por occidente.

Los iraníes por su parte tienen grandes acuerdos en el marco de la Ruta de la Seda y llevan relaciones cordiales con China; quizá algo de apoyo técnico y militar y transferencia tecnológica.

Sin embargo, a China -y no se tome esto como algo negativo de ellos- le interesa tener socios que sean inferiores a ella. Toda nación, seguro piensa desde esos cálculos, de revisión de quién puede pisarle los talones. Fue lo que hizo Brasil a Venezuela al negarle en Kazán 2024 el ingreso de miembro pleno a BRICS+ por su temor a hacerlo un competidor fuerte. Pero por otro lado se muestra solidario y manda ayudas en medio de la tragedia sísmica del 24 de junio.

Así, para China es ideal que todos tengan guerras directas menos ella. Por ejemplo, según el Ministerio de Finanzas de Rusia, han debido invertir entre 700 y 750 mil millones de dólares en la guerra y hay que sumar los 300 mil millones de activos rusos robados por los bancos occidentales más sus intereses de casi 5 años.

Irán por su parte, aún más golpeada, lleva entre 300-450 mil millones de dólares en ingresos petroleros perdidos en la última década. Además, 500-600 mil millones USD para reparar infraestructura dañada en varios años.

En ambos casos, pese a un keynesianismo de guerra, que implica generación de empleo en torno a la industria bélica, podemos ver que se presenta: pérdida de capital humano, aislamiento tecnológico y sanciones, deformación de la economía, dependencia extrema de materias primas, deuda y déficit crónico, impacto en la demografía (que Rusia llena con africanos que no asimilan ni la cultura rusa ni ninguna, asiáticos y latinos en menor medida).

El caso iraní tiene algunas particularidades al no ser tan autárquico como lo es el Estado Ruso: destrucción de infraestructura, sanciones más duras, caída de la moneda e hiperinflación, fuga de capitales y de cerebros, debilitamiento de la inversión extranjera, costo de oportunidad enorme, o sea recursos que podrían ir a otros segmentos del estado de bienestar, deben invertirse en guerra.

En síntesis, el efecto keynesiano positivo es temporal e implica luego una reconversión industrial desde lo bélico a lo civil, no fácil y puede llevar, como he alertado en otros artículos, a mantener a las naciones en el círculo vicioso de la economía de guerra.

Así, según BM o FMI, los escenarios reales implican, para el caso ruso, una pérdida acumulada de entre el 15 y 23% de su PIB, entre 2022 inicio de la guerra y lo que va del 2026. En una proyección a diez años, habrá un rezago de innovación y tecnología, por fuera del espectro militar. Los efectos para Irán rondan esas cifras un poco más altas en orden y magnitud, siendo poco alentador el panorama de postguerra que al día de hoy no tiene fecha de finalización.

China por su parte les compra petróleo a 30% más barato que en el mercado internacional y se siente cómoda con los precios fluctuantes pero estables de energía. Además, mantiene en una dependencia a Rusia obligándola a abrirle paso exclusivo en el ártico y Siberia; ésta, considero en el futuro será negociada como parte de lo que China desea para sí de Rusia, según cómo termine el conflicto.

Si con Rusia es así, imagínese el lector lo que puede ocurrirle a Irán. Está el corredor de la franja y la ruta y una inversión hecha en tiempos de paz relativa de cerca de 400 mil millones de dólares dado en el marco del Programa de Cooperación de 25 años entre Irán y China, firmado el 27 de marzo de 2021. Todo esto se ajustará seguramente en el contexto de la guerra.

Ya se vio desde marzo de 2026 que China presiona, aunque no se diga de esa manera, a Irán para mantener abierto el Estrecho de Ormuz, por donde Irán le vende el 90% de su petróleo. El lenguaje es diplomático y hasta colectivo, pues al recibir de allí el 45% del crudo, dice en nota del 3 de julio en RT retomado de Global Times de China que, China advierte que la situación en Ormuz debe resolverse con las inquietudes globales sobre la mesa.

“El asunto del estrecho de Ormuz debe resolverse debidamente, teniendo en cuenta los temores de la comunidad internacional, declaró este viernes el portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Guo Jiaku.”

Es obvio que no es la comunidad internacional, es el temor de China y por esa vía obligaron en mi concepto a no atacar más a Israel ni a activos estadounidenses posterior a los cuarenta días de fuerte agresión mutua entre Irán y sus enemigos.

De esta forma China es la gran victoriosa. Sus ‘socios’ contienen a su enemigo estructural, Estados Unidos, se hacen más débiles en las guerras, dependen de parte de la tecnología en drones y componentes electrónicos, mientras plantan cara a Europa, EE.UU., Israel y las amenazas de sus vecinos directas, tanto en el ámbito eslavo para Rusia como en el árabe para Irán.

China es un mal necesario hasta cierto punto, para la contención del criminal y genocida occidente colectivo, pero es peligroso para las verdaderas estabilidades a futuro. Si trata así a la primera potencia nuclear y militar del mundo, Rusia, cómo tratará a los otros países bajo la careta de la multipolaridad y la horizontalidad, en el marco de las denuncias por sus contratos con deuda – trampa como se vio líneas atrás.

Esto no significa que China sea mala. Significa que vela por sus intereses y dista mucho, dentro de su cacareado comunismo o socialismo de mercado, de un auténtico o modesto internacionalismo.

Las élites chinas son excepcionalistas, sin duda, se basan en su ímpetu milenario para sentirse en el escenario actual, pisando con pies firmes. Son diplomáticamente etnocéntricas, como sus adversarios europeos o norteamericanos, la élite de PCCh, cree en China como la Tianxia o centro del mundo, ‘todo bajo su cielo’. Asimismo, creen en un destino histórico y la superioridad sistémica de su modelo. Vea el lector el discurso de Xi Jinping, “El gran rejuvenecimiento de la Nación China”.

De esta manera China obra como toda potencia. Mantiene abajo y débil a los amigos y lo suficientemente fuertes para que libren las batallas que no desea luchar para seguir creciendo y desarrollarse dentro de un modelo de paz. Mientras, el presidente chino sonríe y no da evidencias de que ellos existan, nunca tienen nada qué ver, salvo que son la orilla anhelada y última a combatir por EE.UU. y esta habilidad es su máxima ganancia en el juego de larga duración histórica por las hegemonías. Rusia lo sabe. Irán lo sabe. El diablo existe.

China y su posición de ventaja y fuerza en torno a las guerras en Ucrania e Irán

China saca ventaja de las guerras en Ucrania e Irán: compra petróleo barato, evita el conflicto directo y debilita a sus “socios” mientras crece.

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Escríbenos: info@strategic-culture.su

El mayor éxito del diablo es haber conseguido que el mundo no crea en su existencia.

Atribuida al poeta francés Charles Baudelaire (1821-1867) hecha adagio popular.

Desde la corrección política, las alianzas tipo BRICS+ y los acuerdos bilaterales entre naciones está prohibido señalar lo que señalaré: el peligro que implica China para la reconfiguración global del poder, los procesos soberanistas de Rusia e Irán y el posicionamiento internacional de éstas, particularmente.

Es evidente que China es un contrapeso geoeconómico importante a nivel global y que es la nueva economía, ciencia e infraestructura más grande del mundo, con otros grandes récords. Es claro que su comportamiento de dominio no está determinado por un chantaje ideológico y que en efecto maneja un socialismo hacia dentro de la Muralla China y un capitalismo en términos de intercambio desigual, afuera de ésta.

Para EE.UU. China es su principal competidor estratégico, según el documento derivado del National Security Strategy (NSS) de 2017, aunque durante la administración Biden el enfoque momentáneo fue sobre Rusia, al provocar su administración el conflicto en Ucrania. Además, todas las organizaciones militares o políticas precedidas o influidas por los estadounidenses, como QUAD, AUKUS, Five Eyes, OTAN y la propia Unión Europea, la tienen como competidor y país hostil.

China también ha construido una arquitectura diplomática, comercial, política y financiera que le hace autónoma y libre de chantajes o sanciones por parte del occidente colectivo. Entre éstas, los BRICS+, OCS, BAII, La franja y la ruta, Organización de Mediación y Disputas, el Fondo de Inversión y su propio sistema de pagos internacionales, CIPS.

Haciéndose socio de varios países en todos los continentes, China en varios lugares supera a EE.UU. como mayor inversor; sin embargo, pese a no poner un chantaje ideológico como señalé líneas arriba, sí se le acusa por manejar (Debt-Trap Diplomacy) deudas – trampa. Esto en países como Angola, Zambia, Etiopía, Kenia, Djibouti y República del Congo y Sri Lanka. Puede ver el lector aquí, en Rhodium Group (2024) un documento que señala el cambio de enfoque depredador que efectúa China respecto a Zambia.

Dichas deudas se caracterizan por presentar altas tasas de interés y condiciones opacas, pues si los países no pueden pagar, China exige concesiones estratégicas (puertos, minas, tierras o derechos de explotación) que a veces superan el valor de la deuda. Se suma a ello lo clásico del capitalismo: explotación de recursos naturales en detrimento de los habitantes, malas condiciones laborales y en sí una suerte de neocolonialismo. En el documento De Chatham House, de agosto de 2020, titulado, Desmintiendo el mito de la “diplomacia de la trampa de la deuda se señala en las conclusiones que:

Los relatos convencionales describen la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China como una forma depredadora de política económica estatal, que busca atrapar a los países pobres con fines geopolíticos. Este documento ha demostrado que la BRI, de hecho, está motivada principalmente por factores económicos. También ha demostrado que el sistema de financiación del desarrollo internacional de China, fragmentado y mal coordinado, no está orientado a promover objetivos geopolíticos coherentes. Además, los países receptores (como Sri Lanka y Malasia) no son víctimas indefensas, sino que influyen activamente en los resultados dentro del sistema de financiación del desarrollo de China. Por consiguiente, la BRI no sigue un plan vertical, sino que surge de forma fragmentada, a través de diversas interacciones bilaterales, y sus resultados están determinados por los intereses, las agendas y los problemas de gobernanza de ambas partes.

Esto es claro. No es una acción voluntaria de China. Es la forma en que las élites locales plantean los negocios y aceptan, -no dice lo contrario- lo que deviene de la firma de contratos con empresas chinas. Los chinos no dirán nada a favor de su contraparte, obvio. Y bueno, esta publicación es de un Think Tank inglés y ellos son los fundadores del ‘libre mercado’.

En todo caso la intensión de este artículo no radica en tales cuestiones, pero es clave señalarlo para desarrollar la idea central: apreciar la verdadera forma en que entiende China desde sus intereses a estos dos aliados regionales.

Sin embargo, una reflexión final al respecto.

Durante la Guerra Fría, 1946 – 1991, había una clara competencia ideológica, económica, cultural, científica, artística, deportiva, y muchas más, entre el comunismo o el socialismo y el capitalismo.

Como bien señaló Ernesto Che Guevara, el comunismo no sólo era una forma de organización socio económica de la producción; el comunismo era una práctica o expectativa que iba más allá del mero valor económico y por el contrario encarnaba más los valores de una producción socializada en aras de la liberación misma de tal actividad alienante.

Lo que sucede ahora –sobre ello escribí como un llamado a la cordura en BRICS+ respecto a los términos de intercambio– es que sólo importa los objetos de la transacción, sean materias primas, servicios, o bienes con valor agregado. En ese sentido a la gran superpotencia china no le interesa si negocia con esclavistas, mafiosos, dictadores y otras calidades de gobiernos. Sólo le interesa, como a todos los demás, el negocio. Esto bajo el sofisma del respeto a la autonomía de cada nación y la no intervención en sus asuntos.

Sin temor alguno, se puede decir que China maneja las reglas del libre mercado internacional y desde una perspectiva interior, como nación, de ‘economía de mercado socialista’. Pueden revisar en el artículo La “economía de mercado socialista” de China: un problema comercial sistémico, de Jacques Pelkmans, sobre este particular.

China es pues Socialista de mercado hacia dentro de la Muralla y un capitalismo de mercado librecambista, afuera de la muralla. Esto implica que no ofrece ninguna moral, ética, concepción de vida, de telos o escatología, de humanismo, tal como lo hacía el comunismo.

Que no crezcan tanto como para competir, que no se marchiten tanto que no aporten

Si China desarrolló el anterior modelo flexible, pues no le interesa globalizar su forma de modo de producción socialista de mercado, también desarrolla una forma flexible de tratar tanto con adversarios como con socios, vecinos y aliados.

Las relaciones chino-rusas gozan de lozanía inigualable y han logrado cerrar al menos como lo vemos, las viejas rencillas o desavenencias por territorios y copamiento de los mismos de siglos o décadas atrás. Varias reuniones al año, visitas frecuentes de sus mandatarios, la conjunción en varias organizaciones como OCS o BRICS+ confirman esta relación vista con malos ojos por occidente.

Los iraníes por su parte tienen grandes acuerdos en el marco de la Ruta de la Seda y llevan relaciones cordiales con China; quizá algo de apoyo técnico y militar y transferencia tecnológica.

Sin embargo, a China -y no se tome esto como algo negativo de ellos- le interesa tener socios que sean inferiores a ella. Toda nación, seguro piensa desde esos cálculos, de revisión de quién puede pisarle los talones. Fue lo que hizo Brasil a Venezuela al negarle en Kazán 2024 el ingreso de miembro pleno a BRICS+ por su temor a hacerlo un competidor fuerte. Pero por otro lado se muestra solidario y manda ayudas en medio de la tragedia sísmica del 24 de junio.

Así, para China es ideal que todos tengan guerras directas menos ella. Por ejemplo, según el Ministerio de Finanzas de Rusia, han debido invertir entre 700 y 750 mil millones de dólares en la guerra y hay que sumar los 300 mil millones de activos rusos robados por los bancos occidentales más sus intereses de casi 5 años.

Irán por su parte, aún más golpeada, lleva entre 300-450 mil millones de dólares en ingresos petroleros perdidos en la última década. Además, 500-600 mil millones USD para reparar infraestructura dañada en varios años.

En ambos casos, pese a un keynesianismo de guerra, que implica generación de empleo en torno a la industria bélica, podemos ver que se presenta: pérdida de capital humano, aislamiento tecnológico y sanciones, deformación de la economía, dependencia extrema de materias primas, deuda y déficit crónico, impacto en la demografía (que Rusia llena con africanos que no asimilan ni la cultura rusa ni ninguna, asiáticos y latinos en menor medida).

El caso iraní tiene algunas particularidades al no ser tan autárquico como lo es el Estado Ruso: destrucción de infraestructura, sanciones más duras, caída de la moneda e hiperinflación, fuga de capitales y de cerebros, debilitamiento de la inversión extranjera, costo de oportunidad enorme, o sea recursos que podrían ir a otros segmentos del estado de bienestar, deben invertirse en guerra.

En síntesis, el efecto keynesiano positivo es temporal e implica luego una reconversión industrial desde lo bélico a lo civil, no fácil y puede llevar, como he alertado en otros artículos, a mantener a las naciones en el círculo vicioso de la economía de guerra.

Así, según BM o FMI, los escenarios reales implican, para el caso ruso, una pérdida acumulada de entre el 15 y 23% de su PIB, entre 2022 inicio de la guerra y lo que va del 2026. En una proyección a diez años, habrá un rezago de innovación y tecnología, por fuera del espectro militar. Los efectos para Irán rondan esas cifras un poco más altas en orden y magnitud, siendo poco alentador el panorama de postguerra que al día de hoy no tiene fecha de finalización.

China por su parte les compra petróleo a 30% más barato que en el mercado internacional y se siente cómoda con los precios fluctuantes pero estables de energía. Además, mantiene en una dependencia a Rusia obligándola a abrirle paso exclusivo en el ártico y Siberia; ésta, considero en el futuro será negociada como parte de lo que China desea para sí de Rusia, según cómo termine el conflicto.

Si con Rusia es así, imagínese el lector lo que puede ocurrirle a Irán. Está el corredor de la franja y la ruta y una inversión hecha en tiempos de paz relativa de cerca de 400 mil millones de dólares dado en el marco del Programa de Cooperación de 25 años entre Irán y China, firmado el 27 de marzo de 2021. Todo esto se ajustará seguramente en el contexto de la guerra.

Ya se vio desde marzo de 2026 que China presiona, aunque no se diga de esa manera, a Irán para mantener abierto el Estrecho de Ormuz, por donde Irán le vende el 90% de su petróleo. El lenguaje es diplomático y hasta colectivo, pues al recibir de allí el 45% del crudo, dice en nota del 3 de julio en RT retomado de Global Times de China que, China advierte que la situación en Ormuz debe resolverse con las inquietudes globales sobre la mesa.

“El asunto del estrecho de Ormuz debe resolverse debidamente, teniendo en cuenta los temores de la comunidad internacional, declaró este viernes el portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Guo Jiaku.”

Es obvio que no es la comunidad internacional, es el temor de China y por esa vía obligaron en mi concepto a no atacar más a Israel ni a activos estadounidenses posterior a los cuarenta días de fuerte agresión mutua entre Irán y sus enemigos.

De esta forma China es la gran victoriosa. Sus ‘socios’ contienen a su enemigo estructural, Estados Unidos, se hacen más débiles en las guerras, dependen de parte de la tecnología en drones y componentes electrónicos, mientras plantan cara a Europa, EE.UU., Israel y las amenazas de sus vecinos directas, tanto en el ámbito eslavo para Rusia como en el árabe para Irán.

China es un mal necesario hasta cierto punto, para la contención del criminal y genocida occidente colectivo, pero es peligroso para las verdaderas estabilidades a futuro. Si trata así a la primera potencia nuclear y militar del mundo, Rusia, cómo tratará a los otros países bajo la careta de la multipolaridad y la horizontalidad, en el marco de las denuncias por sus contratos con deuda – trampa como se vio líneas atrás.

Esto no significa que China sea mala. Significa que vela por sus intereses y dista mucho, dentro de su cacareado comunismo o socialismo de mercado, de un auténtico o modesto internacionalismo.

Las élites chinas son excepcionalistas, sin duda, se basan en su ímpetu milenario para sentirse en el escenario actual, pisando con pies firmes. Son diplomáticamente etnocéntricas, como sus adversarios europeos o norteamericanos, la élite de PCCh, cree en China como la Tianxia o centro del mundo, ‘todo bajo su cielo’. Asimismo, creen en un destino histórico y la superioridad sistémica de su modelo. Vea el lector el discurso de Xi Jinping, “El gran rejuvenecimiento de la Nación China”.

De esta manera China obra como toda potencia. Mantiene abajo y débil a los amigos y lo suficientemente fuertes para que libren las batallas que no desea luchar para seguir creciendo y desarrollarse dentro de un modelo de paz. Mientras, el presidente chino sonríe y no da evidencias de que ellos existan, nunca tienen nada qué ver, salvo que son la orilla anhelada y última a combatir por EE.UU. y esta habilidad es su máxima ganancia en el juego de larga duración histórica por las hegemonías. Rusia lo sabe. Irán lo sabe. El diablo existe.

China saca ventaja de las guerras en Ucrania e Irán: compra petróleo barato, evita el conflicto directo y debilita a sus “socios” mientras crece.

Únete a nosotros en Telegram , X y VK .

Escríbenos: info@strategic-culture.su

El mayor éxito del diablo es haber conseguido que el mundo no crea en su existencia.

Atribuida al poeta francés Charles Baudelaire (1821-1867) hecha adagio popular.

Desde la corrección política, las alianzas tipo BRICS+ y los acuerdos bilaterales entre naciones está prohibido señalar lo que señalaré: el peligro que implica China para la reconfiguración global del poder, los procesos soberanistas de Rusia e Irán y el posicionamiento internacional de éstas, particularmente.

Es evidente que China es un contrapeso geoeconómico importante a nivel global y que es la nueva economía, ciencia e infraestructura más grande del mundo, con otros grandes récords. Es claro que su comportamiento de dominio no está determinado por un chantaje ideológico y que en efecto maneja un socialismo hacia dentro de la Muralla China y un capitalismo en términos de intercambio desigual, afuera de ésta.

Para EE.UU. China es su principal competidor estratégico, según el documento derivado del National Security Strategy (NSS) de 2017, aunque durante la administración Biden el enfoque momentáneo fue sobre Rusia, al provocar su administración el conflicto en Ucrania. Además, todas las organizaciones militares o políticas precedidas o influidas por los estadounidenses, como QUAD, AUKUS, Five Eyes, OTAN y la propia Unión Europea, la tienen como competidor y país hostil.

China también ha construido una arquitectura diplomática, comercial, política y financiera que le hace autónoma y libre de chantajes o sanciones por parte del occidente colectivo. Entre éstas, los BRICS+, OCS, BAII, La franja y la ruta, Organización de Mediación y Disputas, el Fondo de Inversión y su propio sistema de pagos internacionales, CIPS.

Haciéndose socio de varios países en todos los continentes, China en varios lugares supera a EE.UU. como mayor inversor; sin embargo, pese a no poner un chantaje ideológico como señalé líneas arriba, sí se le acusa por manejar (Debt-Trap Diplomacy) deudas – trampa. Esto en países como Angola, Zambia, Etiopía, Kenia, Djibouti y República del Congo y Sri Lanka. Puede ver el lector aquí, en Rhodium Group (2024) un documento que señala el cambio de enfoque depredador que efectúa China respecto a Zambia.

Dichas deudas se caracterizan por presentar altas tasas de interés y condiciones opacas, pues si los países no pueden pagar, China exige concesiones estratégicas (puertos, minas, tierras o derechos de explotación) que a veces superan el valor de la deuda. Se suma a ello lo clásico del capitalismo: explotación de recursos naturales en detrimento de los habitantes, malas condiciones laborales y en sí una suerte de neocolonialismo. En el documento De Chatham House, de agosto de 2020, titulado, Desmintiendo el mito de la “diplomacia de la trampa de la deuda se señala en las conclusiones que:

Los relatos convencionales describen la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China como una forma depredadora de política económica estatal, que busca atrapar a los países pobres con fines geopolíticos. Este documento ha demostrado que la BRI, de hecho, está motivada principalmente por factores económicos. También ha demostrado que el sistema de financiación del desarrollo internacional de China, fragmentado y mal coordinado, no está orientado a promover objetivos geopolíticos coherentes. Además, los países receptores (como Sri Lanka y Malasia) no son víctimas indefensas, sino que influyen activamente en los resultados dentro del sistema de financiación del desarrollo de China. Por consiguiente, la BRI no sigue un plan vertical, sino que surge de forma fragmentada, a través de diversas interacciones bilaterales, y sus resultados están determinados por los intereses, las agendas y los problemas de gobernanza de ambas partes.

Esto es claro. No es una acción voluntaria de China. Es la forma en que las élites locales plantean los negocios y aceptan, -no dice lo contrario- lo que deviene de la firma de contratos con empresas chinas. Los chinos no dirán nada a favor de su contraparte, obvio. Y bueno, esta publicación es de un Think Tank inglés y ellos son los fundadores del ‘libre mercado’.

En todo caso la intensión de este artículo no radica en tales cuestiones, pero es clave señalarlo para desarrollar la idea central: apreciar la verdadera forma en que entiende China desde sus intereses a estos dos aliados regionales.

Sin embargo, una reflexión final al respecto.

Durante la Guerra Fría, 1946 – 1991, había una clara competencia ideológica, económica, cultural, científica, artística, deportiva, y muchas más, entre el comunismo o el socialismo y el capitalismo.

Como bien señaló Ernesto Che Guevara, el comunismo no sólo era una forma de organización socio económica de la producción; el comunismo era una práctica o expectativa que iba más allá del mero valor económico y por el contrario encarnaba más los valores de una producción socializada en aras de la liberación misma de tal actividad alienante.

Lo que sucede ahora –sobre ello escribí como un llamado a la cordura en BRICS+ respecto a los términos de intercambio– es que sólo importa los objetos de la transacción, sean materias primas, servicios, o bienes con valor agregado. En ese sentido a la gran superpotencia china no le interesa si negocia con esclavistas, mafiosos, dictadores y otras calidades de gobiernos. Sólo le interesa, como a todos los demás, el negocio. Esto bajo el sofisma del respeto a la autonomía de cada nación y la no intervención en sus asuntos.

Sin temor alguno, se puede decir que China maneja las reglas del libre mercado internacional y desde una perspectiva interior, como nación, de ‘economía de mercado socialista’. Pueden revisar en el artículo La “economía de mercado socialista” de China: un problema comercial sistémico, de Jacques Pelkmans, sobre este particular.

China es pues Socialista de mercado hacia dentro de la Muralla y un capitalismo de mercado librecambista, afuera de la muralla. Esto implica que no ofrece ninguna moral, ética, concepción de vida, de telos o escatología, de humanismo, tal como lo hacía el comunismo.

Que no crezcan tanto como para competir, que no se marchiten tanto que no aporten

Si China desarrolló el anterior modelo flexible, pues no le interesa globalizar su forma de modo de producción socialista de mercado, también desarrolla una forma flexible de tratar tanto con adversarios como con socios, vecinos y aliados.

Las relaciones chino-rusas gozan de lozanía inigualable y han logrado cerrar al menos como lo vemos, las viejas rencillas o desavenencias por territorios y copamiento de los mismos de siglos o décadas atrás. Varias reuniones al año, visitas frecuentes de sus mandatarios, la conjunción en varias organizaciones como OCS o BRICS+ confirman esta relación vista con malos ojos por occidente.

Los iraníes por su parte tienen grandes acuerdos en el marco de la Ruta de la Seda y llevan relaciones cordiales con China; quizá algo de apoyo técnico y militar y transferencia tecnológica.

Sin embargo, a China -y no se tome esto como algo negativo de ellos- le interesa tener socios que sean inferiores a ella. Toda nación, seguro piensa desde esos cálculos, de revisión de quién puede pisarle los talones. Fue lo que hizo Brasil a Venezuela al negarle en Kazán 2024 el ingreso de miembro pleno a BRICS+ por su temor a hacerlo un competidor fuerte. Pero por otro lado se muestra solidario y manda ayudas en medio de la tragedia sísmica del 24 de junio.

Así, para China es ideal que todos tengan guerras directas menos ella. Por ejemplo, según el Ministerio de Finanzas de Rusia, han debido invertir entre 700 y 750 mil millones de dólares en la guerra y hay que sumar los 300 mil millones de activos rusos robados por los bancos occidentales más sus intereses de casi 5 años.

Irán por su parte, aún más golpeada, lleva entre 300-450 mil millones de dólares en ingresos petroleros perdidos en la última década. Además, 500-600 mil millones USD para reparar infraestructura dañada en varios años.

En ambos casos, pese a un keynesianismo de guerra, que implica generación de empleo en torno a la industria bélica, podemos ver que se presenta: pérdida de capital humano, aislamiento tecnológico y sanciones, deformación de la economía, dependencia extrema de materias primas, deuda y déficit crónico, impacto en la demografía (que Rusia llena con africanos que no asimilan ni la cultura rusa ni ninguna, asiáticos y latinos en menor medida).

El caso iraní tiene algunas particularidades al no ser tan autárquico como lo es el Estado Ruso: destrucción de infraestructura, sanciones más duras, caída de la moneda e hiperinflación, fuga de capitales y de cerebros, debilitamiento de la inversión extranjera, costo de oportunidad enorme, o sea recursos que podrían ir a otros segmentos del estado de bienestar, deben invertirse en guerra.

En síntesis, el efecto keynesiano positivo es temporal e implica luego una reconversión industrial desde lo bélico a lo civil, no fácil y puede llevar, como he alertado en otros artículos, a mantener a las naciones en el círculo vicioso de la economía de guerra.

Así, según BM o FMI, los escenarios reales implican, para el caso ruso, una pérdida acumulada de entre el 15 y 23% de su PIB, entre 2022 inicio de la guerra y lo que va del 2026. En una proyección a diez años, habrá un rezago de innovación y tecnología, por fuera del espectro militar. Los efectos para Irán rondan esas cifras un poco más altas en orden y magnitud, siendo poco alentador el panorama de postguerra que al día de hoy no tiene fecha de finalización.

China por su parte les compra petróleo a 30% más barato que en el mercado internacional y se siente cómoda con los precios fluctuantes pero estables de energía. Además, mantiene en una dependencia a Rusia obligándola a abrirle paso exclusivo en el ártico y Siberia; ésta, considero en el futuro será negociada como parte de lo que China desea para sí de Rusia, según cómo termine el conflicto.

Si con Rusia es así, imagínese el lector lo que puede ocurrirle a Irán. Está el corredor de la franja y la ruta y una inversión hecha en tiempos de paz relativa de cerca de 400 mil millones de dólares dado en el marco del Programa de Cooperación de 25 años entre Irán y China, firmado el 27 de marzo de 2021. Todo esto se ajustará seguramente en el contexto de la guerra.

Ya se vio desde marzo de 2026 que China presiona, aunque no se diga de esa manera, a Irán para mantener abierto el Estrecho de Ormuz, por donde Irán le vende el 90% de su petróleo. El lenguaje es diplomático y hasta colectivo, pues al recibir de allí el 45% del crudo, dice en nota del 3 de julio en RT retomado de Global Times de China que, China advierte que la situación en Ormuz debe resolverse con las inquietudes globales sobre la mesa.

“El asunto del estrecho de Ormuz debe resolverse debidamente, teniendo en cuenta los temores de la comunidad internacional, declaró este viernes el portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Guo Jiaku.”

Es obvio que no es la comunidad internacional, es el temor de China y por esa vía obligaron en mi concepto a no atacar más a Israel ni a activos estadounidenses posterior a los cuarenta días de fuerte agresión mutua entre Irán y sus enemigos.

De esta forma China es la gran victoriosa. Sus ‘socios’ contienen a su enemigo estructural, Estados Unidos, se hacen más débiles en las guerras, dependen de parte de la tecnología en drones y componentes electrónicos, mientras plantan cara a Europa, EE.UU., Israel y las amenazas de sus vecinos directas, tanto en el ámbito eslavo para Rusia como en el árabe para Irán.

China es un mal necesario hasta cierto punto, para la contención del criminal y genocida occidente colectivo, pero es peligroso para las verdaderas estabilidades a futuro. Si trata así a la primera potencia nuclear y militar del mundo, Rusia, cómo tratará a los otros países bajo la careta de la multipolaridad y la horizontalidad, en el marco de las denuncias por sus contratos con deuda – trampa como se vio líneas atrás.

Esto no significa que China sea mala. Significa que vela por sus intereses y dista mucho, dentro de su cacareado comunismo o socialismo de mercado, de un auténtico o modesto internacionalismo.

Las élites chinas son excepcionalistas, sin duda, se basan en su ímpetu milenario para sentirse en el escenario actual, pisando con pies firmes. Son diplomáticamente etnocéntricas, como sus adversarios europeos o norteamericanos, la élite de PCCh, cree en China como la Tianxia o centro del mundo, ‘todo bajo su cielo’. Asimismo, creen en un destino histórico y la superioridad sistémica de su modelo. Vea el lector el discurso de Xi Jinping, “El gran rejuvenecimiento de la Nación China”.

De esta manera China obra como toda potencia. Mantiene abajo y débil a los amigos y lo suficientemente fuertes para que libren las batallas que no desea luchar para seguir creciendo y desarrollarse dentro de un modelo de paz. Mientras, el presidente chino sonríe y no da evidencias de que ellos existan, nunca tienen nada qué ver, salvo que son la orilla anhelada y última a combatir por EE.UU. y esta habilidad es su máxima ganancia en el juego de larga duración histórica por las hegemonías. Rusia lo sabe. Irán lo sabe. El diablo existe.

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