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Jhosman Barbosa
July 30, 2026
© Photo: Public domain

Colombia tiene una guerra civil de más de 80 años. Es casi increíble que no se haya aprendido el dolor de la guerra y se la exporte en forma de familiares mercenarios.

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Escríbenos: info@strategic-culture.su

En las dos entregas anteriores, en las que abordo el tema del mercenarismo, señalé en la primera parte de manera breve sus antecedentes históricos desde las guerras entre Cartago y Roma, pasando por las luchas entre principados y regiones en la Italia renacentista, con la figura clave del Condottieri como reclutador, la guerra de los treinta años en Germania, pasando a detallar las nuevas formas de reclutamiento bajo la figura de Empresas Militares Privadas o PMC (Private Military Companies).

En la segunda entrega definí las razones básicas, casi invariables y generales del mercenarismo a lo largo del tiempo y las características principales del proceso histórico de violencia y guerra civil colombiana que generan un tipo particular de reclutado para la guerra en Ucrania, particularmente. También dejé señaladas las características salariales, la cantidad de tropas colombianas dentro del país, su prestigio internacional y el marco legal para la prevención y sanción del mercenarismo en Colombia.

En esta última entrega, que se esmera en dejar abierta la curiosidad y la reflexión sobre las manifestaciones más concretas, dolorosas y emotivas, antecedidas por contextos realistas y rigurosos de los artículos anteriores, desarrollaré cuatro ejes: el mercenarismo no es un trabajo, el drama de las familias y los civiles en Rusia, el drama de las familias en Colombia y algunos apuntes en prospectiva de lo que puede devenir del mercenarismo.

El mercenarismo no es un trabajo

Cuando alguien lea esto, sobre todo el mercenario o su familia, me puede decir que me equivoco, que como militares aprendieron un oficio y que venden esas habilidades, al mejor postor como se vio en las dos entregas anteriores.

Desde la perspectiva de la economía política clásica, que implican a Smith y a Marx, el mercenarismo no es un trabajo porque:

  1. i) El mercenarismo genera valor de cambio para quien lo contrata (seguridad, control territorial, acceso a recursos), pero destruye valor de uso a nivel social (muertes, inestabilidad, destrucción de infraestructura), no agrega valor a alguna producción material, no implica trabajo productivo.
  2. ii) Señala Marx que: El trabajo es, en primer lugar, un proceso entre el hombre y la naturaleza, proceso en el que el hombre [inter]media, regula y controla su metabolismo con la naturaleza. […] Mediante ese movimiento actúa sobre la naturaleza exterior a él y la transforma, y al mismo tiempo transforma su propia naturaleza. (El Capital, Libro I, Cap. 5) Así, el mercenarismo entabla mediante su acción una relación negativa con su entorno y su carácter itinerante, nómada no le permite -ni le interesa- una transformación propia ni positiva propia ni de su entorno.

iii) Si bien hay una suma de energía física, mental, intelectual, espiritual y motivacional por parte del mercenario, -trabajo concreto en Marx- éste no crea, sino que destruye: el mercenario es un ente ofensivo, destructivo expedicionario, aventurero, paria que encarna una forma precapitalista de ‘acumulación por desposesión’. Aunque el mercenario actual y particularmente el colombiano no acumule, más que sus traumas y desgracias, sobre todo la deshonra de su propia tarea vil y vejatoria, en sus prácticas cotidianas roban a la población civil, invaden sus casas, las hacen suyas, las poseen temporalmente, para lo cual desposeen a los civiles rusos.

  1. iv) Desde una óptica weberiana, el Estado moderno se caracteriza por poseer el monopolio legítimo de la violencia. El mercenarismo por su parte privatiza ese monopolio y lo pone al servicio del mejor postor, como pueden ser las empresas, gobiernos extranjeros o élites locales. Si nuevamente, su función no se enmarca más que dentro de una lógica de tierra arrasada anti moderna, no puede configurarse como propensa a un bien social mayor y, por ende, no es trabajo lo que el mercenarismo encarna.
  2. v) El hecho de recibir un salario, de tener una relación contractual – no necesariamente acatable por las partes- de la cual envía dinero a sus familias o ahorra para sí, no le constituye en trabajo. El trabajo no es salario. En el esclavismo o el feudalismo había trabajo y no necesariamente salario. De manera inversa salario no es trabajo. De lo contrario, el mercenario tendría derechos ante la Organización Internacional del Trabajo, OIT, por incumplimiento de contrato por parte de su contratante.

No he visto la primera demanda a la OIT o el ministerio del trabajo ucraniano por parte de un mercenario y si la pone, no creo que prospere. No es legal, porque el mercenario no es una figura legal, aunque sea real y letal, tóxica. Este es en parte el afán de varios mercenarios por llamarse ‘legionarios’, como se vio en el artículo anterior.

  1. vi) Finalmente, si el trabajo en sí encarna una tarea o labor en pro del bienestar colectivo y que crea valor social, a la vez que realiza positivamente a quien lo hace entonces el mercenario NO TRABAJA. El sujeto mercenario se degrada en la guerra, se vuelve una lacra social. Es un parásito con habilidades que son en principio, privativas de los Estados modernos.

El mercenarismo no es un trabajo, es una oportunidad ilegal para la venta de unas habilidades letales puestas en contra de la vida misma. Quien va con la intención de matar a personas ajenas a su nacionalidad, por dinero o bienes y por fuera de la ley no tiene derechos, no es un trabajador, no construye, su existencia es dada para la destrucción.   

Otros aspectos del mercenarismo y la lucha en Ucrania

Por otra parte, poner las habilidades militares al servicio del sicariato, los cárteles, crimen organizado o ejércitos regulares de otros Estados en guerra es en sí una violación de acuerdos con tales cuerpos regulares oficiales.

Por ejemplo, en EE.UU. los soldados firman acuerdos de confidencialidad (como el SF-312) o equivalentes en otros países sobre información clasificada, tácticas específicas, capacidades técnicas, inteligencia, etc. y aunque la formación militar no tiene carácter de secreto de Estado, los exmilitares de fuerzas de élite sí se ven restringidos de por vida o por un tiempo. Hacer lo contrario o no pedir permiso para integrar fuerzas de PMC, ya vistas, pueden incurrir en actos de traición.

Esto implica que como ya ha señalado hasta la saciedad el canciller Sergei Lavrov, la cooperación de Estados Unidos y varios Estados europeos se hace no sólo de manera directa sino a través de cuerpos de seguridad a la sombra y creados para violar todas las normas internacionales a espaldas de las propias legislaciones de sus Estados y sus fuerzas militares.

De tal suerte, al desclasificar con el tiempo documentos, se tienen operaciones encubiertas como operación Ajax en Irán en 1953; Operación PBSuccess, Guatemala, 1954; Irán-Contra, en Nicaragua 1980, todas de la CIA. Por su parte el MI6, junto a la CIA en la operación Boot contra Irán en 1953. El Mossad hace operaciones de asesinatos selectivos y funcionarios o ex funcionarios han incurrido en mercenarismo adiestrando a otros cuerpos al margen de la ley como el caso de Jair Klein a los paramilitares colombianos. El RAW de India y el DGSE de Francia se han movido en esos sentidos.

Por principio de su esencia, la guerra es degradación constante. En Ucrania han inventado un sistema de recompensa de tipo videojuego en el cual soldados y mercenarios compiten por asesinar más rusos en diversas modalidades para ganar bonos en físico y en dinero. Esto se ve en la nota corta de DW:

En Ucrania las tropas pueden ganar puntos por cada soldado ruso muerto o cada equipo destruido; no es un juego (DISCLEIMER) es la vida real. El programa se llama BRAVE1. La brigada graba sus ataques con drones, sube los vídeos y recibe puntos: 6 por cada soldado neutralizado y 50 por un equipo destruido. Con esos puntos los equipos entran al BRAVE1 MARKET, el llamado Amazon de la guerra. Allí pueden adquirir drones, ropa y repuestos.

Estos esquemas son claramente nuevas formas de motivación por botines de guerra, que se hacen más importantes para los mercenarios que no van a la guerra sino por eso exactamente: estímulos materiales y económicos.

En Colombia, durante la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, padre del paramilitarismo desde la fundación de las empresas privadas o cooperativas de seguridad llamadas CONVIVIR, se colocaron incentivos para lograr más resultados mediante bajas de guerrilleros.

Lo que tuvo Colombia fue asesinatos extrajudiciales llamados erróneamente ‘falsos positivos’, más de siete mil documentados. Los paramilitares asesinaban campesinos para reclamar premios y mostrar resultados. De estos casos de confesión está llena la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, que el narco-paramilitar De La Espriella, desea desestimular y ahogar, en caso de llegar a la presidencia el 7 de agosto.

Sin lugar a dudas el escenario y la clase de situaciones de este tipo se presentarán y documentarán en el futuro en las memorias del conflicto ruso – ucraniano que ojalá termine con un Nuremberg 2.0.

Primero, porque es propio de las dinámicas de oportunidad de la guerra, pero segundo, porque los propios colombianos que son allá mercenarios, fueron en su país soldados y paramilitares muchas veces (ponerse el brazalete de un bloque paramilitar, siendo militar) por lo cual pueden proponer esos esquemas a un grupo de fuerzas regulares ucranianas ya en sí neonazis, corruptas y criminales. ¿Por qué no vestir a un aldeano ruso o ucraniano con traje de soldado ruso y hacerlo pasar por una baja para ganar puntos? Pasa y pasará.

Es clave resaltar lo dicho por el investigador Manuel Restrepo, en su artículo, Mercenarios: criminales de guerra convertidos en contratistas:

Los mercenarios garantizan letalidad e impunidad por las violaciones a derechos humanos y DIH. Según la ONU el uso de mercenarios produce mayores tasas de violaciones de derechos humanos, dada su menor regulación, supervisión y limitado margen de actuación del derecho internacional y nacional y de las cortes internacionales de justicia.

La Convención de 1989 contra el reclutamiento de mercenarios, solo ha sido ratificada por 36 países lo que limita aún más la capacidad de la justicia y de su eficacia, cuando débilmente pueda operar.

La ambigüedad jurídica de las EMP [PMC] dificulta su clasificación bajo el DIH, lo que plantea retos para establecer estándares universales de auditoría, la creación de mecanismos de sanción efectivos, y la tajante prohibición de esta inhumana práctica de convertir a humanos en máquinas de muerte.

Finalmente, como se vio sobre todo en el primer artículo, la larga tradición de traición y de conveniencia en la lucha, sin identidad ni sentido de pertenencia por parte del mercenario, ha hecho que los ejércitos nativos, en este caso el ucraniano, traten mal a los mercenarios, los consideren soldados de tercera clase y aunque el soldado colombiano, como se vio en la segunda entrega es altamente capacitado, es discriminado, golpeado, humillado, robado, asesinado y enviado como carne de cañón.

Los ucranianos son racistas, consideran simios a los latinos. Los soportan por necesidad. Para eso les pagan y no. Porque una vez en la línea les quitan los papeles y quedan secuestrados por los capitanes ucranianos.

Claro, hay historias de logro, seguramente alguno ha recibido sus pagos, algunos han logrado huir del frente y regresar con sus familias o son capturados por el ejército ruso, quien les respeta en principio la vida, si se rinden, y terminan haciendo videos para decir a los demás que NO VAYAN A LA GUERRA EN UCRANIA.

Lo cierto es que el mercenario es la peor forma de militar en una guerra. Quien paradójicamente exige derechos, bajo la excusa de trabajar para sus familias y negar el principal derecho a los ciudadanos de otros países en los que no está en conflicto, sean militares o civiles: el derecho a la vida.

El drama de las familias y los civiles en Rusia

Rusia, zarista, Soviética o Federativa, ha sufrido invasiones y vejámenes por el interminable asecho al que la somete de cuando en vez, los europeos que la ODIAN desde hace siglos y ahora los estadounidenses.

Este drama, y con todo respeto no pretendo saber más ni decir mejor sobre este dolor, se afianza en la alucinante remembranza sobre que apenas hace treinta y cinco años, en la época de la URSS, eran rusos y ucranianos hermanos. Incluso al separarse no había más odios que los que poco a poco germinaron en lo que hoy en día se conoce como el neonazismo de la Ucrania más occidental.

Solo imagino que debe ser horrible ser castigado, censurado o asesinado por hablar ruso, ser ortodoxo, leer a Dostoievski, oír a Tchaikovski. Ahora a ello sumar toda la violencia de la cual ha sido capaz el régimen ucraniano que recién cambió de sus altos mandos con idéntico odio. El nuevo general, el deplorable Mijaíl Drapaty, dijo que el pueblo ruso es una nación que “no tiene derecho a existir.

Por inercia, el mercenario proyecta estos odios como una directriz y con las manos más libres, obra. A eso lo llevan: a hacer masacres, despojar civiles, matar niños, violar mujeres, torturar soldados. Para eso fue hecho y contratado el mercenario y también para deshacerse de él como objeto desechable.

Sin embargo, el dolor que deja en las familias rusas es no menos doloroso al de recibir ese trato de los hermanos eslavos ucranianos. ¿Por qué un colombiano, ciudadano de un país al cual Rusia nunca ha atacado, llega a violentar a alguien ajeno en su geografía y en su historia?

Por eso, la justicia rusa es y debe ser implacable con los mercenarios. Éstos siempre cuando confiesan señalan que fueron engañados, que iban era a cuidar un campo petrolero, que iban a ser jardineros, que les dijeron que solo iban a barrer el campamento militar, etc. principio básico del derecho y la ética: El desconocimiento de causa no exime de culpa. Todos son sin lugar a dudas, culpables. Esto incluye a los reclutadores, que además en varios casos vinculan a personas con discapacidades, bajo engaños.

Serán y han sido llevados a prisión y no tendrán nunca beneficios por comportamiento. No serán intercambiados. No serán enviados a sus países para acabar de pagar condenas, eso no sólo sería un premio, sería una bofetada a las familias y los soldados rusos que viven la guerra como víctimas directas.

Obrará la justicia con penas ejemplares para los mercenarios colombianos y de todos los países que han ido. No pediría menos contra mercenarios que vinieran de otros países a matar a familias colombianas. Tenemos la memoria fresca de la guerra interna. Sabemos en Colombia del dolor de la guerra.

Recuérdese esta cita de líneas arriba:

Los mercenarios garantizan letalidad e impunidad por las violaciones a derechos humanos y DIH. Según la ONU el uso de mercenarios produce mayores tasas de violaciones de derechos humanos, dada su menor regulación, supervisión y limitado margen de actuación del derecho internacional y nacional y de las cortes internacionales de justicia.

El presidente Gustavo Petro, en varias entrevistas y como parte de su visión sobre el conflicto en Colombia, ha señalado que: Los grupos criminales como los cárteles mexicanos o el Tren de Aragua son más peligrosos aquí porque no tienen raíces en el territorio, no tienen arraigo social. Por eso pueden ser más letales.

El drama de las familias en Colombia

Una construcción de la memoria colectiva colombiana a partir de la guerra ha llevado a instaurar la violencia en la cotidianidad como algo connatural, como si fuera ya una tradición y, por ende, el sufrimiento de los familiares inmiscuidos en el conflicto en Ucrania, vivos o muertos, se da bajo un manto de admiración. Era o es ‘un berraco’. La apología a la fuerza, al temple, a quien hace lo que sea por la familia. Por eso sin meditarlo mucho, las personas ven al mercenario familiar como alguien que se va del país para laborar.

El anterior es un dolor que lleva a exigir derechos que cuando las familias van adentrándose en los detalles del mercenarismo quedan asombrados. Pues lo que consideraban era un trabajo, aunque muchas familias no estaban de acuerdo con esa opción sea por corazonada o sentido común, empiezan a comprender que es una práctica ilegal, no cobijada por legislación internacional que la exima de culpa, aunque a la vez ambivalente, como se vio.

Sin embargo, el dolor de madres, hijos, esposas y hermanos convierte la vida en una pesadilla. He charlado con familiares de combatientes y una de ellas ha debido parar trabajo y estudios para dedicarse a buscar a enterarse de su hermano. Su madre está hecha un manojo de angustia, insomne, destruida emocionalmente. No saben del paradero del hijo, es posible que haya sido tomado prisionero de guerra.

La desaparición, –como la canción de Rubén Blades– implica la peor zozobra al no saber si el familiar combatiente está vivo, muerto o herido. Existen dos portales rusos que ofrecen información al respecto de los combatientes mercenarios que capturan o dan de baja. Uno es Lostarmour, y el otro es TrakaMerc. Allí se publican con actualizaciones diarias o semanales los nombres y nacionalidades de latinos fallecidos en el conflicto.

Colombia tiene una guerra civil de más de 80 años. Es casi increíble que no se haya aprendido el dolor de la guerra y se la exporte en forma de familiares mercenarios. Hay una frase atribuida incorrectamente a Freud, que dice: Si realmente el sufrimiento diera lecciones, el mundo estaría poblado sólo de sabios. El dolor no tiene nada qué enseñar a quienes no encuentran el coraje y la fuerza para escucharlo.

Lo que señalaba Freud, refiriéndose a la compulsión de repetición, en su obra, Más allá del principio del Placer es que: Las personas tienden a repetir experiencias dolorosas o traumáticas de forma inconsciente (en relaciones, patrones de conducta, etc.), no porque aprendan de ellas, sino porque intentan “dominarlas” o revivirlas con un final diferente.

La pregunta sería si acaso, lo que pasa a nivel subjetivo a las personas, pasa a nivel colectivo, como drama histórico y social, como una suerte de Karma. ¿Revive Colombia su conflicto buscando un final diferente? Recuérdese el final de la novela, Cien años de Soledad de García Márquez, hasta ahora no conjurado:

Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

Apuntes en prospectiva

  1. El mercenarismo será castigado ejemplarmente por los países afectados por el fenómeno; de lo cual no se debe esperar trato diferente en el mejor de los casos a un encarcelamiento de por vida, no negociable, aunque hayan salido condenas de 16 años o 20. Soltar a un mercenario que llegó de 20 años en 20 años más, es entregar a la libertad a alguien todavía en capacidad de luchar y resentido.
  2. Los mercenarios que han logrado salir del conflicto, o que habían pactado una estancia corta para aprendizaje de guerra moderna, llevarán tal experiencia a sus ejércitos regulares, cárteles, mafias y grupos armados, como ya ésta pasando en Colombia, Brasil y México. En ese sentido, el mercenario es un nefasto Prometeo que llevará el fuego de la maldad a sus naciones, más sofisticado y letal, que ya obliga a los Estados a invertir en nuevas tecnologías como las de drones, guerra electrónica, entre otras.
  3. La suerte de quien se vincula al mercenarismo, por convicción, conciencia o engaño del reclutador, ya está echada. Lo único que podemos hacer como sociedad, desde la academia, el Estado y los familiares de quienes van a la guerra, es hacer pedagogía sobre las consecuencias y realidad de tal reclutamiento.

Es fundamental la enseñanza de la Historia que contextualice realidades. Sólo queda combatir contra los reclutadores y la aparente necesidad de salarios a cambio de tranquilidad, formando conciencia a través de la educación.

Esto implica también que la televisión privada se comprometa, al igual que los actores, a no hacer producciones que crean apologías de la guerra, el narcotráfico y el paramilitarismo. Excusarse bajo el cliché de: ‘es nuestra realidad’, es en verdad basura. La gente siempre se quedará con la parte espectacular de la narración, el estilo de vida lujoso del criminal justifica al mismo sobre la moral.

  1. Es necesario el desarrollo de una visión global, humana y universal de las calamidades de los conflictos armados. No es posible que un país hundido en un conflicto bélico de baja intensidad exporte guerra para que se sufra en otro lado. La indolencia y la indiferencia son las peores asesinas y causantes de la exportación de mercenarios.
  2. Si no hay una regulación radical y agresiva desde lo que sea que reemplace a Naciones Unidas, al menos acuerdos bilaterales, será imposible acabar con la plaga letal del mercenarismo. Mientras las PMC sean los brazos privados alternos de los Estados, lo que veremos es un regreso a más y sofisticados Condottieri o reclutadores que jugarán un papel más activo en las guerras. Esto implica la prolongación del concepto de guerra proxy, al tender al mercenarismo como un colchón entre Estados en guerra.

Es difícil salir de tal contratación, cuando los Estados mismos dicen a viva voz que reclutan y quieren blanquear tal práctica con discursos. En el diario colombiano El Espectador, del 21 de julio pasado salió un titular, Ucrania defiende el reclutamiento de extranjeros y rechaza que sean mercenarios. Allí se dice que:

Este martes 21 de julio, durante una rueda de prensa, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania, Heorhii Tykhyi, abordó la controversia sobre los latinoamericanos que combaten en la guerra y destacó la importancia de fortalecer las relaciones entre Ucrania y los países de la región para promover la paz y la estabilidad en Europa.

Tykhyi reconoció que la participación de ciudadanos latinoamericanos que combaten en la guerra iniciada por Rusia hace cuatro años ha generado polémica y cuestionamientos. El portavoz confirmó que Ucrania acepta extranjeros que quieran unirse de manera voluntaria a sus Fuerzas de Defensa, pero rechaza que sean considerados mercenarios. “Sí, es cierto que Ucrania acepta ciudadanos extranjeros que desean luchar por Ucrania de manera voluntaria. Si un ciudadano extranjero quiere unirse a las Fuerzas de Defensa de Ucrania y combatir junto a nosotros para proteger nuestro país y los principios de la libertad en el mundo, puede hacerlo”, afirmó.

  1. Para el caso colombiano, la administración Petro dejó un marco legal -que ofrecí en la segunda entrega- que deja la base para contener la práctica mercenaria, pero necesita del diálogo y actitud punitiva de los Estados que reclutan, que como se vio en la cita del portavoz ucraniano, sólo le importa llevar colombianos para sacrificarlos, como han sacrificado a su juventud y población masculina. ¿Por qué le importaría la juventud de otras naciones?
El mercenarismo: el caso de Colombia en Ucrania. Última entrega

Colombia tiene una guerra civil de más de 80 años. Es casi increíble que no se haya aprendido el dolor de la guerra y se la exporte en forma de familiares mercenarios.

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En las dos entregas anteriores, en las que abordo el tema del mercenarismo, señalé en la primera parte de manera breve sus antecedentes históricos desde las guerras entre Cartago y Roma, pasando por las luchas entre principados y regiones en la Italia renacentista, con la figura clave del Condottieri como reclutador, la guerra de los treinta años en Germania, pasando a detallar las nuevas formas de reclutamiento bajo la figura de Empresas Militares Privadas o PMC (Private Military Companies).

En la segunda entrega definí las razones básicas, casi invariables y generales del mercenarismo a lo largo del tiempo y las características principales del proceso histórico de violencia y guerra civil colombiana que generan un tipo particular de reclutado para la guerra en Ucrania, particularmente. También dejé señaladas las características salariales, la cantidad de tropas colombianas dentro del país, su prestigio internacional y el marco legal para la prevención y sanción del mercenarismo en Colombia.

En esta última entrega, que se esmera en dejar abierta la curiosidad y la reflexión sobre las manifestaciones más concretas, dolorosas y emotivas, antecedidas por contextos realistas y rigurosos de los artículos anteriores, desarrollaré cuatro ejes: el mercenarismo no es un trabajo, el drama de las familias y los civiles en Rusia, el drama de las familias en Colombia y algunos apuntes en prospectiva de lo que puede devenir del mercenarismo.

El mercenarismo no es un trabajo

Cuando alguien lea esto, sobre todo el mercenario o su familia, me puede decir que me equivoco, que como militares aprendieron un oficio y que venden esas habilidades, al mejor postor como se vio en las dos entregas anteriores.

Desde la perspectiva de la economía política clásica, que implican a Smith y a Marx, el mercenarismo no es un trabajo porque:

  1. i) El mercenarismo genera valor de cambio para quien lo contrata (seguridad, control territorial, acceso a recursos), pero destruye valor de uso a nivel social (muertes, inestabilidad, destrucción de infraestructura), no agrega valor a alguna producción material, no implica trabajo productivo.
  2. ii) Señala Marx que: El trabajo es, en primer lugar, un proceso entre el hombre y la naturaleza, proceso en el que el hombre [inter]media, regula y controla su metabolismo con la naturaleza. […] Mediante ese movimiento actúa sobre la naturaleza exterior a él y la transforma, y al mismo tiempo transforma su propia naturaleza. (El Capital, Libro I, Cap. 5) Así, el mercenarismo entabla mediante su acción una relación negativa con su entorno y su carácter itinerante, nómada no le permite -ni le interesa- una transformación propia ni positiva propia ni de su entorno.

iii) Si bien hay una suma de energía física, mental, intelectual, espiritual y motivacional por parte del mercenario, -trabajo concreto en Marx- éste no crea, sino que destruye: el mercenario es un ente ofensivo, destructivo expedicionario, aventurero, paria que encarna una forma precapitalista de ‘acumulación por desposesión’. Aunque el mercenario actual y particularmente el colombiano no acumule, más que sus traumas y desgracias, sobre todo la deshonra de su propia tarea vil y vejatoria, en sus prácticas cotidianas roban a la población civil, invaden sus casas, las hacen suyas, las poseen temporalmente, para lo cual desposeen a los civiles rusos.

  1. iv) Desde una óptica weberiana, el Estado moderno se caracteriza por poseer el monopolio legítimo de la violencia. El mercenarismo por su parte privatiza ese monopolio y lo pone al servicio del mejor postor, como pueden ser las empresas, gobiernos extranjeros o élites locales. Si nuevamente, su función no se enmarca más que dentro de una lógica de tierra arrasada anti moderna, no puede configurarse como propensa a un bien social mayor y, por ende, no es trabajo lo que el mercenarismo encarna.
  2. v) El hecho de recibir un salario, de tener una relación contractual – no necesariamente acatable por las partes- de la cual envía dinero a sus familias o ahorra para sí, no le constituye en trabajo. El trabajo no es salario. En el esclavismo o el feudalismo había trabajo y no necesariamente salario. De manera inversa salario no es trabajo. De lo contrario, el mercenario tendría derechos ante la Organización Internacional del Trabajo, OIT, por incumplimiento de contrato por parte de su contratante.

No he visto la primera demanda a la OIT o el ministerio del trabajo ucraniano por parte de un mercenario y si la pone, no creo que prospere. No es legal, porque el mercenario no es una figura legal, aunque sea real y letal, tóxica. Este es en parte el afán de varios mercenarios por llamarse ‘legionarios’, como se vio en el artículo anterior.

  1. vi) Finalmente, si el trabajo en sí encarna una tarea o labor en pro del bienestar colectivo y que crea valor social, a la vez que realiza positivamente a quien lo hace entonces el mercenario NO TRABAJA. El sujeto mercenario se degrada en la guerra, se vuelve una lacra social. Es un parásito con habilidades que son en principio, privativas de los Estados modernos.

El mercenarismo no es un trabajo, es una oportunidad ilegal para la venta de unas habilidades letales puestas en contra de la vida misma. Quien va con la intención de matar a personas ajenas a su nacionalidad, por dinero o bienes y por fuera de la ley no tiene derechos, no es un trabajador, no construye, su existencia es dada para la destrucción.   

Otros aspectos del mercenarismo y la lucha en Ucrania

Por otra parte, poner las habilidades militares al servicio del sicariato, los cárteles, crimen organizado o ejércitos regulares de otros Estados en guerra es en sí una violación de acuerdos con tales cuerpos regulares oficiales.

Por ejemplo, en EE.UU. los soldados firman acuerdos de confidencialidad (como el SF-312) o equivalentes en otros países sobre información clasificada, tácticas específicas, capacidades técnicas, inteligencia, etc. y aunque la formación militar no tiene carácter de secreto de Estado, los exmilitares de fuerzas de élite sí se ven restringidos de por vida o por un tiempo. Hacer lo contrario o no pedir permiso para integrar fuerzas de PMC, ya vistas, pueden incurrir en actos de traición.

Esto implica que como ya ha señalado hasta la saciedad el canciller Sergei Lavrov, la cooperación de Estados Unidos y varios Estados europeos se hace no sólo de manera directa sino a través de cuerpos de seguridad a la sombra y creados para violar todas las normas internacionales a espaldas de las propias legislaciones de sus Estados y sus fuerzas militares.

De tal suerte, al desclasificar con el tiempo documentos, se tienen operaciones encubiertas como operación Ajax en Irán en 1953; Operación PBSuccess, Guatemala, 1954; Irán-Contra, en Nicaragua 1980, todas de la CIA. Por su parte el MI6, junto a la CIA en la operación Boot contra Irán en 1953. El Mossad hace operaciones de asesinatos selectivos y funcionarios o ex funcionarios han incurrido en mercenarismo adiestrando a otros cuerpos al margen de la ley como el caso de Jair Klein a los paramilitares colombianos. El RAW de India y el DGSE de Francia se han movido en esos sentidos.

Por principio de su esencia, la guerra es degradación constante. En Ucrania han inventado un sistema de recompensa de tipo videojuego en el cual soldados y mercenarios compiten por asesinar más rusos en diversas modalidades para ganar bonos en físico y en dinero. Esto se ve en la nota corta de DW:

En Ucrania las tropas pueden ganar puntos por cada soldado ruso muerto o cada equipo destruido; no es un juego (DISCLEIMER) es la vida real. El programa se llama BRAVE1. La brigada graba sus ataques con drones, sube los vídeos y recibe puntos: 6 por cada soldado neutralizado y 50 por un equipo destruido. Con esos puntos los equipos entran al BRAVE1 MARKET, el llamado Amazon de la guerra. Allí pueden adquirir drones, ropa y repuestos.

Estos esquemas son claramente nuevas formas de motivación por botines de guerra, que se hacen más importantes para los mercenarios que no van a la guerra sino por eso exactamente: estímulos materiales y económicos.

En Colombia, durante la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, padre del paramilitarismo desde la fundación de las empresas privadas o cooperativas de seguridad llamadas CONVIVIR, se colocaron incentivos para lograr más resultados mediante bajas de guerrilleros.

Lo que tuvo Colombia fue asesinatos extrajudiciales llamados erróneamente ‘falsos positivos’, más de siete mil documentados. Los paramilitares asesinaban campesinos para reclamar premios y mostrar resultados. De estos casos de confesión está llena la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, que el narco-paramilitar De La Espriella, desea desestimular y ahogar, en caso de llegar a la presidencia el 7 de agosto.

Sin lugar a dudas el escenario y la clase de situaciones de este tipo se presentarán y documentarán en el futuro en las memorias del conflicto ruso – ucraniano que ojalá termine con un Nuremberg 2.0.

Primero, porque es propio de las dinámicas de oportunidad de la guerra, pero segundo, porque los propios colombianos que son allá mercenarios, fueron en su país soldados y paramilitares muchas veces (ponerse el brazalete de un bloque paramilitar, siendo militar) por lo cual pueden proponer esos esquemas a un grupo de fuerzas regulares ucranianas ya en sí neonazis, corruptas y criminales. ¿Por qué no vestir a un aldeano ruso o ucraniano con traje de soldado ruso y hacerlo pasar por una baja para ganar puntos? Pasa y pasará.

Es clave resaltar lo dicho por el investigador Manuel Restrepo, en su artículo, Mercenarios: criminales de guerra convertidos en contratistas:

Los mercenarios garantizan letalidad e impunidad por las violaciones a derechos humanos y DIH. Según la ONU el uso de mercenarios produce mayores tasas de violaciones de derechos humanos, dada su menor regulación, supervisión y limitado margen de actuación del derecho internacional y nacional y de las cortes internacionales de justicia.

La Convención de 1989 contra el reclutamiento de mercenarios, solo ha sido ratificada por 36 países lo que limita aún más la capacidad de la justicia y de su eficacia, cuando débilmente pueda operar.

La ambigüedad jurídica de las EMP [PMC] dificulta su clasificación bajo el DIH, lo que plantea retos para establecer estándares universales de auditoría, la creación de mecanismos de sanción efectivos, y la tajante prohibición de esta inhumana práctica de convertir a humanos en máquinas de muerte.

Finalmente, como se vio sobre todo en el primer artículo, la larga tradición de traición y de conveniencia en la lucha, sin identidad ni sentido de pertenencia por parte del mercenario, ha hecho que los ejércitos nativos, en este caso el ucraniano, traten mal a los mercenarios, los consideren soldados de tercera clase y aunque el soldado colombiano, como se vio en la segunda entrega es altamente capacitado, es discriminado, golpeado, humillado, robado, asesinado y enviado como carne de cañón.

Los ucranianos son racistas, consideran simios a los latinos. Los soportan por necesidad. Para eso les pagan y no. Porque una vez en la línea les quitan los papeles y quedan secuestrados por los capitanes ucranianos.

Claro, hay historias de logro, seguramente alguno ha recibido sus pagos, algunos han logrado huir del frente y regresar con sus familias o son capturados por el ejército ruso, quien les respeta en principio la vida, si se rinden, y terminan haciendo videos para decir a los demás que NO VAYAN A LA GUERRA EN UCRANIA.

Lo cierto es que el mercenario es la peor forma de militar en una guerra. Quien paradójicamente exige derechos, bajo la excusa de trabajar para sus familias y negar el principal derecho a los ciudadanos de otros países en los que no está en conflicto, sean militares o civiles: el derecho a la vida.

El drama de las familias y los civiles en Rusia

Rusia, zarista, Soviética o Federativa, ha sufrido invasiones y vejámenes por el interminable asecho al que la somete de cuando en vez, los europeos que la ODIAN desde hace siglos y ahora los estadounidenses.

Este drama, y con todo respeto no pretendo saber más ni decir mejor sobre este dolor, se afianza en la alucinante remembranza sobre que apenas hace treinta y cinco años, en la época de la URSS, eran rusos y ucranianos hermanos. Incluso al separarse no había más odios que los que poco a poco germinaron en lo que hoy en día se conoce como el neonazismo de la Ucrania más occidental.

Solo imagino que debe ser horrible ser castigado, censurado o asesinado por hablar ruso, ser ortodoxo, leer a Dostoievski, oír a Tchaikovski. Ahora a ello sumar toda la violencia de la cual ha sido capaz el régimen ucraniano que recién cambió de sus altos mandos con idéntico odio. El nuevo general, el deplorable Mijaíl Drapaty, dijo que el pueblo ruso es una nación que “no tiene derecho a existir.

Por inercia, el mercenario proyecta estos odios como una directriz y con las manos más libres, obra. A eso lo llevan: a hacer masacres, despojar civiles, matar niños, violar mujeres, torturar soldados. Para eso fue hecho y contratado el mercenario y también para deshacerse de él como objeto desechable.

Sin embargo, el dolor que deja en las familias rusas es no menos doloroso al de recibir ese trato de los hermanos eslavos ucranianos. ¿Por qué un colombiano, ciudadano de un país al cual Rusia nunca ha atacado, llega a violentar a alguien ajeno en su geografía y en su historia?

Por eso, la justicia rusa es y debe ser implacable con los mercenarios. Éstos siempre cuando confiesan señalan que fueron engañados, que iban era a cuidar un campo petrolero, que iban a ser jardineros, que les dijeron que solo iban a barrer el campamento militar, etc. principio básico del derecho y la ética: El desconocimiento de causa no exime de culpa. Todos son sin lugar a dudas, culpables. Esto incluye a los reclutadores, que además en varios casos vinculan a personas con discapacidades, bajo engaños.

Serán y han sido llevados a prisión y no tendrán nunca beneficios por comportamiento. No serán intercambiados. No serán enviados a sus países para acabar de pagar condenas, eso no sólo sería un premio, sería una bofetada a las familias y los soldados rusos que viven la guerra como víctimas directas.

Obrará la justicia con penas ejemplares para los mercenarios colombianos y de todos los países que han ido. No pediría menos contra mercenarios que vinieran de otros países a matar a familias colombianas. Tenemos la memoria fresca de la guerra interna. Sabemos en Colombia del dolor de la guerra.

Recuérdese esta cita de líneas arriba:

Los mercenarios garantizan letalidad e impunidad por las violaciones a derechos humanos y DIH. Según la ONU el uso de mercenarios produce mayores tasas de violaciones de derechos humanos, dada su menor regulación, supervisión y limitado margen de actuación del derecho internacional y nacional y de las cortes internacionales de justicia.

El presidente Gustavo Petro, en varias entrevistas y como parte de su visión sobre el conflicto en Colombia, ha señalado que: Los grupos criminales como los cárteles mexicanos o el Tren de Aragua son más peligrosos aquí porque no tienen raíces en el territorio, no tienen arraigo social. Por eso pueden ser más letales.

El drama de las familias en Colombia

Una construcción de la memoria colectiva colombiana a partir de la guerra ha llevado a instaurar la violencia en la cotidianidad como algo connatural, como si fuera ya una tradición y, por ende, el sufrimiento de los familiares inmiscuidos en el conflicto en Ucrania, vivos o muertos, se da bajo un manto de admiración. Era o es ‘un berraco’. La apología a la fuerza, al temple, a quien hace lo que sea por la familia. Por eso sin meditarlo mucho, las personas ven al mercenario familiar como alguien que se va del país para laborar.

El anterior es un dolor que lleva a exigir derechos que cuando las familias van adentrándose en los detalles del mercenarismo quedan asombrados. Pues lo que consideraban era un trabajo, aunque muchas familias no estaban de acuerdo con esa opción sea por corazonada o sentido común, empiezan a comprender que es una práctica ilegal, no cobijada por legislación internacional que la exima de culpa, aunque a la vez ambivalente, como se vio.

Sin embargo, el dolor de madres, hijos, esposas y hermanos convierte la vida en una pesadilla. He charlado con familiares de combatientes y una de ellas ha debido parar trabajo y estudios para dedicarse a buscar a enterarse de su hermano. Su madre está hecha un manojo de angustia, insomne, destruida emocionalmente. No saben del paradero del hijo, es posible que haya sido tomado prisionero de guerra.

La desaparición, –como la canción de Rubén Blades– implica la peor zozobra al no saber si el familiar combatiente está vivo, muerto o herido. Existen dos portales rusos que ofrecen información al respecto de los combatientes mercenarios que capturan o dan de baja. Uno es Lostarmour, y el otro es TrakaMerc. Allí se publican con actualizaciones diarias o semanales los nombres y nacionalidades de latinos fallecidos en el conflicto.

Colombia tiene una guerra civil de más de 80 años. Es casi increíble que no se haya aprendido el dolor de la guerra y se la exporte en forma de familiares mercenarios. Hay una frase atribuida incorrectamente a Freud, que dice: Si realmente el sufrimiento diera lecciones, el mundo estaría poblado sólo de sabios. El dolor no tiene nada qué enseñar a quienes no encuentran el coraje y la fuerza para escucharlo.

Lo que señalaba Freud, refiriéndose a la compulsión de repetición, en su obra, Más allá del principio del Placer es que: Las personas tienden a repetir experiencias dolorosas o traumáticas de forma inconsciente (en relaciones, patrones de conducta, etc.), no porque aprendan de ellas, sino porque intentan “dominarlas” o revivirlas con un final diferente.

La pregunta sería si acaso, lo que pasa a nivel subjetivo a las personas, pasa a nivel colectivo, como drama histórico y social, como una suerte de Karma. ¿Revive Colombia su conflicto buscando un final diferente? Recuérdese el final de la novela, Cien años de Soledad de García Márquez, hasta ahora no conjurado:

Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

Apuntes en prospectiva

  1. El mercenarismo será castigado ejemplarmente por los países afectados por el fenómeno; de lo cual no se debe esperar trato diferente en el mejor de los casos a un encarcelamiento de por vida, no negociable, aunque hayan salido condenas de 16 años o 20. Soltar a un mercenario que llegó de 20 años en 20 años más, es entregar a la libertad a alguien todavía en capacidad de luchar y resentido.
  2. Los mercenarios que han logrado salir del conflicto, o que habían pactado una estancia corta para aprendizaje de guerra moderna, llevarán tal experiencia a sus ejércitos regulares, cárteles, mafias y grupos armados, como ya ésta pasando en Colombia, Brasil y México. En ese sentido, el mercenario es un nefasto Prometeo que llevará el fuego de la maldad a sus naciones, más sofisticado y letal, que ya obliga a los Estados a invertir en nuevas tecnologías como las de drones, guerra electrónica, entre otras.
  3. La suerte de quien se vincula al mercenarismo, por convicción, conciencia o engaño del reclutador, ya está echada. Lo único que podemos hacer como sociedad, desde la academia, el Estado y los familiares de quienes van a la guerra, es hacer pedagogía sobre las consecuencias y realidad de tal reclutamiento.

Es fundamental la enseñanza de la Historia que contextualice realidades. Sólo queda combatir contra los reclutadores y la aparente necesidad de salarios a cambio de tranquilidad, formando conciencia a través de la educación.

Esto implica también que la televisión privada se comprometa, al igual que los actores, a no hacer producciones que crean apologías de la guerra, el narcotráfico y el paramilitarismo. Excusarse bajo el cliché de: ‘es nuestra realidad’, es en verdad basura. La gente siempre se quedará con la parte espectacular de la narración, el estilo de vida lujoso del criminal justifica al mismo sobre la moral.

  1. Es necesario el desarrollo de una visión global, humana y universal de las calamidades de los conflictos armados. No es posible que un país hundido en un conflicto bélico de baja intensidad exporte guerra para que se sufra en otro lado. La indolencia y la indiferencia son las peores asesinas y causantes de la exportación de mercenarios.
  2. Si no hay una regulación radical y agresiva desde lo que sea que reemplace a Naciones Unidas, al menos acuerdos bilaterales, será imposible acabar con la plaga letal del mercenarismo. Mientras las PMC sean los brazos privados alternos de los Estados, lo que veremos es un regreso a más y sofisticados Condottieri o reclutadores que jugarán un papel más activo en las guerras. Esto implica la prolongación del concepto de guerra proxy, al tender al mercenarismo como un colchón entre Estados en guerra.

Es difícil salir de tal contratación, cuando los Estados mismos dicen a viva voz que reclutan y quieren blanquear tal práctica con discursos. En el diario colombiano El Espectador, del 21 de julio pasado salió un titular, Ucrania defiende el reclutamiento de extranjeros y rechaza que sean mercenarios. Allí se dice que:

Este martes 21 de julio, durante una rueda de prensa, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania, Heorhii Tykhyi, abordó la controversia sobre los latinoamericanos que combaten en la guerra y destacó la importancia de fortalecer las relaciones entre Ucrania y los países de la región para promover la paz y la estabilidad en Europa.

Tykhyi reconoció que la participación de ciudadanos latinoamericanos que combaten en la guerra iniciada por Rusia hace cuatro años ha generado polémica y cuestionamientos. El portavoz confirmó que Ucrania acepta extranjeros que quieran unirse de manera voluntaria a sus Fuerzas de Defensa, pero rechaza que sean considerados mercenarios. “Sí, es cierto que Ucrania acepta ciudadanos extranjeros que desean luchar por Ucrania de manera voluntaria. Si un ciudadano extranjero quiere unirse a las Fuerzas de Defensa de Ucrania y combatir junto a nosotros para proteger nuestro país y los principios de la libertad en el mundo, puede hacerlo”, afirmó.

  1. Para el caso colombiano, la administración Petro dejó un marco legal -que ofrecí en la segunda entrega- que deja la base para contener la práctica mercenaria, pero necesita del diálogo y actitud punitiva de los Estados que reclutan, que como se vio en la cita del portavoz ucraniano, sólo le importa llevar colombianos para sacrificarlos, como han sacrificado a su juventud y población masculina. ¿Por qué le importaría la juventud de otras naciones?

Colombia tiene una guerra civil de más de 80 años. Es casi increíble que no se haya aprendido el dolor de la guerra y se la exporte en forma de familiares mercenarios.

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En las dos entregas anteriores, en las que abordo el tema del mercenarismo, señalé en la primera parte de manera breve sus antecedentes históricos desde las guerras entre Cartago y Roma, pasando por las luchas entre principados y regiones en la Italia renacentista, con la figura clave del Condottieri como reclutador, la guerra de los treinta años en Germania, pasando a detallar las nuevas formas de reclutamiento bajo la figura de Empresas Militares Privadas o PMC (Private Military Companies).

En la segunda entrega definí las razones básicas, casi invariables y generales del mercenarismo a lo largo del tiempo y las características principales del proceso histórico de violencia y guerra civil colombiana que generan un tipo particular de reclutado para la guerra en Ucrania, particularmente. También dejé señaladas las características salariales, la cantidad de tropas colombianas dentro del país, su prestigio internacional y el marco legal para la prevención y sanción del mercenarismo en Colombia.

En esta última entrega, que se esmera en dejar abierta la curiosidad y la reflexión sobre las manifestaciones más concretas, dolorosas y emotivas, antecedidas por contextos realistas y rigurosos de los artículos anteriores, desarrollaré cuatro ejes: el mercenarismo no es un trabajo, el drama de las familias y los civiles en Rusia, el drama de las familias en Colombia y algunos apuntes en prospectiva de lo que puede devenir del mercenarismo.

El mercenarismo no es un trabajo

Cuando alguien lea esto, sobre todo el mercenario o su familia, me puede decir que me equivoco, que como militares aprendieron un oficio y que venden esas habilidades, al mejor postor como se vio en las dos entregas anteriores.

Desde la perspectiva de la economía política clásica, que implican a Smith y a Marx, el mercenarismo no es un trabajo porque:

  1. i) El mercenarismo genera valor de cambio para quien lo contrata (seguridad, control territorial, acceso a recursos), pero destruye valor de uso a nivel social (muertes, inestabilidad, destrucción de infraestructura), no agrega valor a alguna producción material, no implica trabajo productivo.
  2. ii) Señala Marx que: El trabajo es, en primer lugar, un proceso entre el hombre y la naturaleza, proceso en el que el hombre [inter]media, regula y controla su metabolismo con la naturaleza. […] Mediante ese movimiento actúa sobre la naturaleza exterior a él y la transforma, y al mismo tiempo transforma su propia naturaleza. (El Capital, Libro I, Cap. 5) Así, el mercenarismo entabla mediante su acción una relación negativa con su entorno y su carácter itinerante, nómada no le permite -ni le interesa- una transformación propia ni positiva propia ni de su entorno.

iii) Si bien hay una suma de energía física, mental, intelectual, espiritual y motivacional por parte del mercenario, -trabajo concreto en Marx- éste no crea, sino que destruye: el mercenario es un ente ofensivo, destructivo expedicionario, aventurero, paria que encarna una forma precapitalista de ‘acumulación por desposesión’. Aunque el mercenario actual y particularmente el colombiano no acumule, más que sus traumas y desgracias, sobre todo la deshonra de su propia tarea vil y vejatoria, en sus prácticas cotidianas roban a la población civil, invaden sus casas, las hacen suyas, las poseen temporalmente, para lo cual desposeen a los civiles rusos.

  1. iv) Desde una óptica weberiana, el Estado moderno se caracteriza por poseer el monopolio legítimo de la violencia. El mercenarismo por su parte privatiza ese monopolio y lo pone al servicio del mejor postor, como pueden ser las empresas, gobiernos extranjeros o élites locales. Si nuevamente, su función no se enmarca más que dentro de una lógica de tierra arrasada anti moderna, no puede configurarse como propensa a un bien social mayor y, por ende, no es trabajo lo que el mercenarismo encarna.
  2. v) El hecho de recibir un salario, de tener una relación contractual – no necesariamente acatable por las partes- de la cual envía dinero a sus familias o ahorra para sí, no le constituye en trabajo. El trabajo no es salario. En el esclavismo o el feudalismo había trabajo y no necesariamente salario. De manera inversa salario no es trabajo. De lo contrario, el mercenario tendría derechos ante la Organización Internacional del Trabajo, OIT, por incumplimiento de contrato por parte de su contratante.

No he visto la primera demanda a la OIT o el ministerio del trabajo ucraniano por parte de un mercenario y si la pone, no creo que prospere. No es legal, porque el mercenario no es una figura legal, aunque sea real y letal, tóxica. Este es en parte el afán de varios mercenarios por llamarse ‘legionarios’, como se vio en el artículo anterior.

  1. vi) Finalmente, si el trabajo en sí encarna una tarea o labor en pro del bienestar colectivo y que crea valor social, a la vez que realiza positivamente a quien lo hace entonces el mercenario NO TRABAJA. El sujeto mercenario se degrada en la guerra, se vuelve una lacra social. Es un parásito con habilidades que son en principio, privativas de los Estados modernos.

El mercenarismo no es un trabajo, es una oportunidad ilegal para la venta de unas habilidades letales puestas en contra de la vida misma. Quien va con la intención de matar a personas ajenas a su nacionalidad, por dinero o bienes y por fuera de la ley no tiene derechos, no es un trabajador, no construye, su existencia es dada para la destrucción.   

Otros aspectos del mercenarismo y la lucha en Ucrania

Por otra parte, poner las habilidades militares al servicio del sicariato, los cárteles, crimen organizado o ejércitos regulares de otros Estados en guerra es en sí una violación de acuerdos con tales cuerpos regulares oficiales.

Por ejemplo, en EE.UU. los soldados firman acuerdos de confidencialidad (como el SF-312) o equivalentes en otros países sobre información clasificada, tácticas específicas, capacidades técnicas, inteligencia, etc. y aunque la formación militar no tiene carácter de secreto de Estado, los exmilitares de fuerzas de élite sí se ven restringidos de por vida o por un tiempo. Hacer lo contrario o no pedir permiso para integrar fuerzas de PMC, ya vistas, pueden incurrir en actos de traición.

Esto implica que como ya ha señalado hasta la saciedad el canciller Sergei Lavrov, la cooperación de Estados Unidos y varios Estados europeos se hace no sólo de manera directa sino a través de cuerpos de seguridad a la sombra y creados para violar todas las normas internacionales a espaldas de las propias legislaciones de sus Estados y sus fuerzas militares.

De tal suerte, al desclasificar con el tiempo documentos, se tienen operaciones encubiertas como operación Ajax en Irán en 1953; Operación PBSuccess, Guatemala, 1954; Irán-Contra, en Nicaragua 1980, todas de la CIA. Por su parte el MI6, junto a la CIA en la operación Boot contra Irán en 1953. El Mossad hace operaciones de asesinatos selectivos y funcionarios o ex funcionarios han incurrido en mercenarismo adiestrando a otros cuerpos al margen de la ley como el caso de Jair Klein a los paramilitares colombianos. El RAW de India y el DGSE de Francia se han movido en esos sentidos.

Por principio de su esencia, la guerra es degradación constante. En Ucrania han inventado un sistema de recompensa de tipo videojuego en el cual soldados y mercenarios compiten por asesinar más rusos en diversas modalidades para ganar bonos en físico y en dinero. Esto se ve en la nota corta de DW:

En Ucrania las tropas pueden ganar puntos por cada soldado ruso muerto o cada equipo destruido; no es un juego (DISCLEIMER) es la vida real. El programa se llama BRAVE1. La brigada graba sus ataques con drones, sube los vídeos y recibe puntos: 6 por cada soldado neutralizado y 50 por un equipo destruido. Con esos puntos los equipos entran al BRAVE1 MARKET, el llamado Amazon de la guerra. Allí pueden adquirir drones, ropa y repuestos.

Estos esquemas son claramente nuevas formas de motivación por botines de guerra, que se hacen más importantes para los mercenarios que no van a la guerra sino por eso exactamente: estímulos materiales y económicos.

En Colombia, durante la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, padre del paramilitarismo desde la fundación de las empresas privadas o cooperativas de seguridad llamadas CONVIVIR, se colocaron incentivos para lograr más resultados mediante bajas de guerrilleros.

Lo que tuvo Colombia fue asesinatos extrajudiciales llamados erróneamente ‘falsos positivos’, más de siete mil documentados. Los paramilitares asesinaban campesinos para reclamar premios y mostrar resultados. De estos casos de confesión está llena la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, que el narco-paramilitar De La Espriella, desea desestimular y ahogar, en caso de llegar a la presidencia el 7 de agosto.

Sin lugar a dudas el escenario y la clase de situaciones de este tipo se presentarán y documentarán en el futuro en las memorias del conflicto ruso – ucraniano que ojalá termine con un Nuremberg 2.0.

Primero, porque es propio de las dinámicas de oportunidad de la guerra, pero segundo, porque los propios colombianos que son allá mercenarios, fueron en su país soldados y paramilitares muchas veces (ponerse el brazalete de un bloque paramilitar, siendo militar) por lo cual pueden proponer esos esquemas a un grupo de fuerzas regulares ucranianas ya en sí neonazis, corruptas y criminales. ¿Por qué no vestir a un aldeano ruso o ucraniano con traje de soldado ruso y hacerlo pasar por una baja para ganar puntos? Pasa y pasará.

Es clave resaltar lo dicho por el investigador Manuel Restrepo, en su artículo, Mercenarios: criminales de guerra convertidos en contratistas:

Los mercenarios garantizan letalidad e impunidad por las violaciones a derechos humanos y DIH. Según la ONU el uso de mercenarios produce mayores tasas de violaciones de derechos humanos, dada su menor regulación, supervisión y limitado margen de actuación del derecho internacional y nacional y de las cortes internacionales de justicia.

La Convención de 1989 contra el reclutamiento de mercenarios, solo ha sido ratificada por 36 países lo que limita aún más la capacidad de la justicia y de su eficacia, cuando débilmente pueda operar.

La ambigüedad jurídica de las EMP [PMC] dificulta su clasificación bajo el DIH, lo que plantea retos para establecer estándares universales de auditoría, la creación de mecanismos de sanción efectivos, y la tajante prohibición de esta inhumana práctica de convertir a humanos en máquinas de muerte.

Finalmente, como se vio sobre todo en el primer artículo, la larga tradición de traición y de conveniencia en la lucha, sin identidad ni sentido de pertenencia por parte del mercenario, ha hecho que los ejércitos nativos, en este caso el ucraniano, traten mal a los mercenarios, los consideren soldados de tercera clase y aunque el soldado colombiano, como se vio en la segunda entrega es altamente capacitado, es discriminado, golpeado, humillado, robado, asesinado y enviado como carne de cañón.

Los ucranianos son racistas, consideran simios a los latinos. Los soportan por necesidad. Para eso les pagan y no. Porque una vez en la línea les quitan los papeles y quedan secuestrados por los capitanes ucranianos.

Claro, hay historias de logro, seguramente alguno ha recibido sus pagos, algunos han logrado huir del frente y regresar con sus familias o son capturados por el ejército ruso, quien les respeta en principio la vida, si se rinden, y terminan haciendo videos para decir a los demás que NO VAYAN A LA GUERRA EN UCRANIA.

Lo cierto es que el mercenario es la peor forma de militar en una guerra. Quien paradójicamente exige derechos, bajo la excusa de trabajar para sus familias y negar el principal derecho a los ciudadanos de otros países en los que no está en conflicto, sean militares o civiles: el derecho a la vida.

El drama de las familias y los civiles en Rusia

Rusia, zarista, Soviética o Federativa, ha sufrido invasiones y vejámenes por el interminable asecho al que la somete de cuando en vez, los europeos que la ODIAN desde hace siglos y ahora los estadounidenses.

Este drama, y con todo respeto no pretendo saber más ni decir mejor sobre este dolor, se afianza en la alucinante remembranza sobre que apenas hace treinta y cinco años, en la época de la URSS, eran rusos y ucranianos hermanos. Incluso al separarse no había más odios que los que poco a poco germinaron en lo que hoy en día se conoce como el neonazismo de la Ucrania más occidental.

Solo imagino que debe ser horrible ser castigado, censurado o asesinado por hablar ruso, ser ortodoxo, leer a Dostoievski, oír a Tchaikovski. Ahora a ello sumar toda la violencia de la cual ha sido capaz el régimen ucraniano que recién cambió de sus altos mandos con idéntico odio. El nuevo general, el deplorable Mijaíl Drapaty, dijo que el pueblo ruso es una nación que “no tiene derecho a existir.

Por inercia, el mercenario proyecta estos odios como una directriz y con las manos más libres, obra. A eso lo llevan: a hacer masacres, despojar civiles, matar niños, violar mujeres, torturar soldados. Para eso fue hecho y contratado el mercenario y también para deshacerse de él como objeto desechable.

Sin embargo, el dolor que deja en las familias rusas es no menos doloroso al de recibir ese trato de los hermanos eslavos ucranianos. ¿Por qué un colombiano, ciudadano de un país al cual Rusia nunca ha atacado, llega a violentar a alguien ajeno en su geografía y en su historia?

Por eso, la justicia rusa es y debe ser implacable con los mercenarios. Éstos siempre cuando confiesan señalan que fueron engañados, que iban era a cuidar un campo petrolero, que iban a ser jardineros, que les dijeron que solo iban a barrer el campamento militar, etc. principio básico del derecho y la ética: El desconocimiento de causa no exime de culpa. Todos son sin lugar a dudas, culpables. Esto incluye a los reclutadores, que además en varios casos vinculan a personas con discapacidades, bajo engaños.

Serán y han sido llevados a prisión y no tendrán nunca beneficios por comportamiento. No serán intercambiados. No serán enviados a sus países para acabar de pagar condenas, eso no sólo sería un premio, sería una bofetada a las familias y los soldados rusos que viven la guerra como víctimas directas.

Obrará la justicia con penas ejemplares para los mercenarios colombianos y de todos los países que han ido. No pediría menos contra mercenarios que vinieran de otros países a matar a familias colombianas. Tenemos la memoria fresca de la guerra interna. Sabemos en Colombia del dolor de la guerra.

Recuérdese esta cita de líneas arriba:

Los mercenarios garantizan letalidad e impunidad por las violaciones a derechos humanos y DIH. Según la ONU el uso de mercenarios produce mayores tasas de violaciones de derechos humanos, dada su menor regulación, supervisión y limitado margen de actuación del derecho internacional y nacional y de las cortes internacionales de justicia.

El presidente Gustavo Petro, en varias entrevistas y como parte de su visión sobre el conflicto en Colombia, ha señalado que: Los grupos criminales como los cárteles mexicanos o el Tren de Aragua son más peligrosos aquí porque no tienen raíces en el territorio, no tienen arraigo social. Por eso pueden ser más letales.

El drama de las familias en Colombia

Una construcción de la memoria colectiva colombiana a partir de la guerra ha llevado a instaurar la violencia en la cotidianidad como algo connatural, como si fuera ya una tradición y, por ende, el sufrimiento de los familiares inmiscuidos en el conflicto en Ucrania, vivos o muertos, se da bajo un manto de admiración. Era o es ‘un berraco’. La apología a la fuerza, al temple, a quien hace lo que sea por la familia. Por eso sin meditarlo mucho, las personas ven al mercenario familiar como alguien que se va del país para laborar.

El anterior es un dolor que lleva a exigir derechos que cuando las familias van adentrándose en los detalles del mercenarismo quedan asombrados. Pues lo que consideraban era un trabajo, aunque muchas familias no estaban de acuerdo con esa opción sea por corazonada o sentido común, empiezan a comprender que es una práctica ilegal, no cobijada por legislación internacional que la exima de culpa, aunque a la vez ambivalente, como se vio.

Sin embargo, el dolor de madres, hijos, esposas y hermanos convierte la vida en una pesadilla. He charlado con familiares de combatientes y una de ellas ha debido parar trabajo y estudios para dedicarse a buscar a enterarse de su hermano. Su madre está hecha un manojo de angustia, insomne, destruida emocionalmente. No saben del paradero del hijo, es posible que haya sido tomado prisionero de guerra.

La desaparición, –como la canción de Rubén Blades– implica la peor zozobra al no saber si el familiar combatiente está vivo, muerto o herido. Existen dos portales rusos que ofrecen información al respecto de los combatientes mercenarios que capturan o dan de baja. Uno es Lostarmour, y el otro es TrakaMerc. Allí se publican con actualizaciones diarias o semanales los nombres y nacionalidades de latinos fallecidos en el conflicto.

Colombia tiene una guerra civil de más de 80 años. Es casi increíble que no se haya aprendido el dolor de la guerra y se la exporte en forma de familiares mercenarios. Hay una frase atribuida incorrectamente a Freud, que dice: Si realmente el sufrimiento diera lecciones, el mundo estaría poblado sólo de sabios. El dolor no tiene nada qué enseñar a quienes no encuentran el coraje y la fuerza para escucharlo.

Lo que señalaba Freud, refiriéndose a la compulsión de repetición, en su obra, Más allá del principio del Placer es que: Las personas tienden a repetir experiencias dolorosas o traumáticas de forma inconsciente (en relaciones, patrones de conducta, etc.), no porque aprendan de ellas, sino porque intentan “dominarlas” o revivirlas con un final diferente.

La pregunta sería si acaso, lo que pasa a nivel subjetivo a las personas, pasa a nivel colectivo, como drama histórico y social, como una suerte de Karma. ¿Revive Colombia su conflicto buscando un final diferente? Recuérdese el final de la novela, Cien años de Soledad de García Márquez, hasta ahora no conjurado:

Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

Apuntes en prospectiva

  1. El mercenarismo será castigado ejemplarmente por los países afectados por el fenómeno; de lo cual no se debe esperar trato diferente en el mejor de los casos a un encarcelamiento de por vida, no negociable, aunque hayan salido condenas de 16 años o 20. Soltar a un mercenario que llegó de 20 años en 20 años más, es entregar a la libertad a alguien todavía en capacidad de luchar y resentido.
  2. Los mercenarios que han logrado salir del conflicto, o que habían pactado una estancia corta para aprendizaje de guerra moderna, llevarán tal experiencia a sus ejércitos regulares, cárteles, mafias y grupos armados, como ya ésta pasando en Colombia, Brasil y México. En ese sentido, el mercenario es un nefasto Prometeo que llevará el fuego de la maldad a sus naciones, más sofisticado y letal, que ya obliga a los Estados a invertir en nuevas tecnologías como las de drones, guerra electrónica, entre otras.
  3. La suerte de quien se vincula al mercenarismo, por convicción, conciencia o engaño del reclutador, ya está echada. Lo único que podemos hacer como sociedad, desde la academia, el Estado y los familiares de quienes van a la guerra, es hacer pedagogía sobre las consecuencias y realidad de tal reclutamiento.

Es fundamental la enseñanza de la Historia que contextualice realidades. Sólo queda combatir contra los reclutadores y la aparente necesidad de salarios a cambio de tranquilidad, formando conciencia a través de la educación.

Esto implica también que la televisión privada se comprometa, al igual que los actores, a no hacer producciones que crean apologías de la guerra, el narcotráfico y el paramilitarismo. Excusarse bajo el cliché de: ‘es nuestra realidad’, es en verdad basura. La gente siempre se quedará con la parte espectacular de la narración, el estilo de vida lujoso del criminal justifica al mismo sobre la moral.

  1. Es necesario el desarrollo de una visión global, humana y universal de las calamidades de los conflictos armados. No es posible que un país hundido en un conflicto bélico de baja intensidad exporte guerra para que se sufra en otro lado. La indolencia y la indiferencia son las peores asesinas y causantes de la exportación de mercenarios.
  2. Si no hay una regulación radical y agresiva desde lo que sea que reemplace a Naciones Unidas, al menos acuerdos bilaterales, será imposible acabar con la plaga letal del mercenarismo. Mientras las PMC sean los brazos privados alternos de los Estados, lo que veremos es un regreso a más y sofisticados Condottieri o reclutadores que jugarán un papel más activo en las guerras. Esto implica la prolongación del concepto de guerra proxy, al tender al mercenarismo como un colchón entre Estados en guerra.

Es difícil salir de tal contratación, cuando los Estados mismos dicen a viva voz que reclutan y quieren blanquear tal práctica con discursos. En el diario colombiano El Espectador, del 21 de julio pasado salió un titular, Ucrania defiende el reclutamiento de extranjeros y rechaza que sean mercenarios. Allí se dice que:

Este martes 21 de julio, durante una rueda de prensa, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania, Heorhii Tykhyi, abordó la controversia sobre los latinoamericanos que combaten en la guerra y destacó la importancia de fortalecer las relaciones entre Ucrania y los países de la región para promover la paz y la estabilidad en Europa.

Tykhyi reconoció que la participación de ciudadanos latinoamericanos que combaten en la guerra iniciada por Rusia hace cuatro años ha generado polémica y cuestionamientos. El portavoz confirmó que Ucrania acepta extranjeros que quieran unirse de manera voluntaria a sus Fuerzas de Defensa, pero rechaza que sean considerados mercenarios. “Sí, es cierto que Ucrania acepta ciudadanos extranjeros que desean luchar por Ucrania de manera voluntaria. Si un ciudadano extranjero quiere unirse a las Fuerzas de Defensa de Ucrania y combatir junto a nosotros para proteger nuestro país y los principios de la libertad en el mundo, puede hacerlo”, afirmó.

  1. Para el caso colombiano, la administración Petro dejó un marco legal -que ofrecí en la segunda entrega- que deja la base para contener la práctica mercenaria, pero necesita del diálogo y actitud punitiva de los Estados que reclutan, que como se vio en la cita del portavoz ucraniano, sólo le importa llevar colombianos para sacrificarlos, como han sacrificado a su juventud y población masculina. ¿Por qué le importaría la juventud de otras naciones?
The views of individual contributors do not necessarily represent those of the Strategic Culture Foundation.

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