El fenómeno del mercenarismo colombiano se hace relevante por la cantidad, calidad y prestigio acuñado de sus combatientes a causa de su conflicto interno de más de ochenta años.
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“Los mercenarios no están protegidos por la Convención de Ginebra de 1949 sobre prisioneros de guerra.”
Presidente Vladímir Putin, marzo de 2025 (Kremlin.ru)
“Hay siete mil hombres de Colombia entrenados militarmente, luchando en una guerra ajena y muriendo sin causa en Ucrania. No queremos exportar muerte. El mercenario está prohibido por ley.”
“…comandantes [ucranianos] tratan a los colombianos como una raza inferior… y carne de cañón.”
Presidente Gustavo Petro, mayo de 2026 (retomado en Prensa Latina)
“Soy legionario, no mercenario. Los legionarios sirven en el ejército de un país, mientras que los mercenarios trabajan para ejércitos privados. Es irrespetuoso que la gente en el exterior nos llame mercenarios cuando aquí se nos considera héroes”
Alias Sagitario, combatiente colombiano en Ucrania, (citado en Jordan Center de Rusia).
De la Primera parte en la que abordo el tema del mercenarismo, que sugiero leer para tener el contexto completo, rescato seis ideas a tener presentes:
- el mercenarismo es un fenómeno milenario y rastreable en el tiempo, del cual varias de sus características básicas se mantienen;
- los mercenarios no garantizan el éxito de ninguna guerra y, por el contrario, son tóxicos al no tener lealtades más que con su propio interés;
- la configuración de los Estados – Nación tuvo también un reordenamiento del poder (no fundamentado en familias o linajes) y los poderes, que obligó a la formación de ejércitos regulares nacionales, obligados a la lealtad;
- el mercenarismo en la actualidad se ha regulado bajo empresas privadas de seguridad PMC y también existe una forma de reclutamiento freelance, que puede entregar expertos militares a cárteles narcoterroristas o facciones antiestatales como los casos de México y África, respectivamente;
- el mercenarismo actual, vinculado a la guerra en Ucrania, consume propaganda heredada de la Guerra Fría y aunque la principal razón de incorporarse es el dinero, la necesidad de creer en que se respalda la justa causa de un bando víctima, afirma el frágil sentido personal del mercenario y, finalmente,
- considerar al mercenarismo como un trabajo, dota de una legitimidad incorrecta y deleznable al mercenario y sus familias, pues ven como obvio matar a otras familias a favor de la familia del mercenario.
Propongo así una inmersión en el fenómeno del mercenarismo colombiano, como caso particular que seguro puede encontrar similitudes con otro tipo de mercenarismo de diversas latitudes, incluso latinoamericanas.
Razones del mercenarismo
La primera razón es milenaria y ha sido la renta de servicios, talentos y habilidades castrenses. Las mismas, se han vuelto más complejas y específicas según las épocas y contextos. En tal sentido quien adquiere tales habilidades las considera de uso propio, como quien aprende a leer y escribir, a tocar un violín o un piano y en caso de necesidad vende esas habilidades a la mejor o peor oferta.
Asimismo, en segunda instancia, hay otras razones subjetivas; como no saber hacer nada más, quedar marcados por la cotidianidad de la guerra, tomar gusto al poder que genera controlar un arma, quitar una vida, saltar reglas, tomar lo que se desea, como puede ser otro cuerpo para torturarlo, violar a una mujer o un niño o niña, vender o tomar objetos, mercadear con drogas u órganos, comida o servicios médicos, como hacen los ucranianos, quienes cobran a soldados heridos, por ser llevados a atención médica.
En tercer lugar, se encuentran razones de índole ideológico, -correctas o incorrectas- como pensar que el ruso es comunista y por ende encarna la maldad o creer que el ruso es invasor de Ucrania, omitiendo todo el proceso histórico de formación de cerco de la OTAN sobre Rusia, desde 1991. En sí, poco a poco se genera una afirmación de sentido que complementa el pago acordado. Del lado ruso, hay una apuesta por defender a Rusia y por extensión al mundo de la amenaza del neofascismo proyectado por Europa y EE.UU. en Ucrania y por los propios ucranianos.
La ignorancia, la falta de educación mundial y de historia también son motivos latentes no menos relevantes. En tal ausencia de saber encuentran germen las razones ideológicas mal enfocadas; en mi concepto la estructura del conflicto ratifica claramente al neofascismo en acenso y no una Rusia comunista expansionista.
Ahora bien. Es necesario comentar lo dicho en la cita del mercenario colombiano alias Sagitario, acerca de que su status de incorporación era de ‘legionario’. Es incorrecta su apreciación.
Por ejemplo, bien podrían los ucranianos, en lugar de incorporar a los mercenarios en la llamada Legión Internacional de Defensa Territorial de Ucrania, la cual es una unidad oficial y legal de las Fuerzas Armadas ucranianas, darles la ciudadanía ucraniana y considerarlos soldados ucranianos. Esto no implicaría más que una fachada. De hecho, la nacionalidad pueden ganarla luego de acabar la guerra.
El legionario es una ficción, los cuerpos de tipo internacional no tienen más ventajas ante el derecho internacional que un mercenario. Sólo son clasificaciones para ordenar tipos de militares, no más. Si esta magia fuera válida, Ucrania habría nacionalizado a los pilotos de aviones cazas en cantidades suficientes, así como a los grupos de técnicos ingleses, alemanes o estadounidenses. Ninguna legislación los nombra. No existe el legionario como soldado sujeto de derechos o legalidad, al menos no encontré ello al investigar.
Condiciones propias para el mercenarismo en Colombia
Colombia tiene una guerra civil desde los años 30’s del siglo XX que se agudizó desde el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán en abril de 1948. De este magnicidio devino el ataque conservador a las comunidades campesinas liberales que debieron armarse para defensa de sus familias. Esto dio paso a una paulatina profesionalización de la técnica de guerra rural que hacia los años 60’s se formalizó como guerrilla, con objetivos de la toma de poder y estructuras político militares y organizaciones cívico-militares en aquellas regiones de adscripción guerrillera.
Esto implicó en el marco de la Guerra Fría, asumirse de índole socialista o comunista, además de agraria, campesina, y nacionalista; cuando no indigenista, obrerista, ligadas a las grandes tendencias en boga, como el marxismo, el maoísmo, el guevarismo o el fidelismo, entre otras.
El respaldo que se dio en bando y bando, capitalista y comunista, fue también en términos de financiación para armas, adiestramiento y adoctrinamiento. Carla M. Álvarez V. en su obra, Armas de fuego en América Latina: una sociedad sin conflicto, pero sin paz. 2021, señala que:
Después de la instalación de misiles en Cuba, la Unión Soviética transfirió armas hacia al menos 15 países (Barbados, Belice, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Granada, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú y República Dominicana). No obstante, es importante mencionar que Cuba, Nicaragua y Perú fueron los principales receptores. De hecho, en el período comprendido entre 1964 y 1988, los tres países sumaron una cifra aproximada de 1500 000 000 de dólares, tanto en forma de armamento pesado como de armas pequeñas y livianas (tipo rifles, ametralladoras, granadas, morteros, etc.) como de equipo y servicios militares (Citando a Klare y Andersen 1996, 34-36)
Después de la Crisis de los Misiles, con la intención de apoyar a las facciones anticomunistas. A tal fin, Washington proveyó a estas fuerzas grandes cantidades de armas livianas y de material contrainsurgente (carabinas, pistolas, rifles, ametralladoras y subametralladoras, morteros y lanzagranadas). Entre 1950 y 1979, las transferencias estuvieron acompañadas de armamento pesado y de créditos para la compra de equipamiento militar (excluyendo la venta comercial de armas). Sumaron un total de 1860 000 000 de dólares. Este tipo de asistencia se distribuyó de manera dispar entre al menos 22 países de la región, con El Salvador, Brasil y Venezuela como los principales receptores (Citando a Klare y Andersen 1996, 28-29).
Tales inversiones se expresaron en que los ejércitos estatales de América Latina y particularmente el colombiano, con más de seis guerrillas, se profesionalizara al chocar con fuerzas insurgentes no menos profesionales. A la vez, exigió otras formas de financiamiento al finalizar el flujo de caja propio de la Guerra Fría visto; lo que explica en parte el giro hacia el narcotráfico como elemento de adquisición de dinero para una guerra cada vez más compleja y en la que ya no se daban ‘tiros revolucionarios’.
Precios de la labor mercenaria colombiana
Con este nivel de inversión provocado por la guerra de baja intensidad, pero constante, que además contó con financiamientos o endeudamiento con EE.UU. para la lucha contra el enemigo que ellos crearon, como el comunismo o el narcotráfico (Plan Andino, Plan Colombia, plan LASO entre otros) el soldado colombiano vio la luz de una profesionalización que no sólo se explica por la guerra civil de más de ochenta años sino porque la misma ha creado un culto a la guerra, a la violencia, una auto referenciación como excelencia de combate; de hecho sus Fuerzas Especiales como Comandos, Lanceros y Fuerza de Despliegue Rápido, han ganado concursos internacionales como un hábito ya, sobre los ejércitos de EE.UU. y otros países.
Según el portal Global Fire Power, Colombia tiene a 2026 un total de 998.000 reservistas legales y 429.000 en servicio activo que incluye al Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Entre Disidencias FARC + ELN + Clan del Golfo y otros grupos al margen de la ley, suman 22.000 tropas que puede también sumarse como fuerza altamente capacitada al mercenarismo.
Hasta el año 2022, un soldado profesional ganaba alrededor de 1.800.000 – 1.992.900 pesos colombianos (552 A 611USD). Con la administración saliente de Gustavo Petro, los salarios subieron a 2.451.267 (Soldado profesional) y 2.514.404 pesos colombianos (Cabo segundo) (752 – 772 USD).
En el mundo del mercenarismo, el soldado profesional colombiano es igualmente asaltado en sus habilidades, trayectoria y prestigio. Aunque en el reclutamiento ucraniano paga igual a todos los mercenarios, (sueldo al mes en retaguardia 500 – 1,100 USD) (sueldo al mes en el frente 3,000 – 5,000 USD) -véase salarios en Colombia- califica mejor a los estadounidenses y europeos, por su pertenencia a la OTAN.
Igual pasa en el mercenarismo para colombianos en Oriente Medio, donde operadores de EE. UU., Reino Unido, Australia o Sudáfrica, exmiembros de élite global (como los Navy SEALs, SAS o Delta Force) ganan entre 500 y 1000 USD al día y un exmilitar colombiano altamente calificado cobra entre 2000 y 4000 USD al mes (o 70 a 130 dólares americanos diarios) mientras realizan misiones complejas (Comandos Conjuntos de Operaciones Especiales (CCOES), comandos urbanos (COPES) o expertos en desactivación de artefactos explosivos (EDA) y francotiradores.) cobrando una fracción de lo que cuesta un contratista occidental. Aún así ganan más que en Colombia.
Entonces, el soldado colombiano tiene una autoestima como profesional que dista del precio bajo adjudicado a sus habilidades. Cree que las guerras en otras latitudes son inferiores a la guerra en Colombia, donde golpean a guerrilleros o éstos a paramilitares y ejército en condiciones selváticas y cuando llegan a conflictos de gran envergadura como los de Sudán o Ucrania, empiezan a hacer videos diciendo que NO VENGAN POR AQUÍ, NO SE DEJEN CONVENCER.
El reclutamiento se da por direcciones de correo, WhatsApp, FB, X (Twitter) Telegram o avisos en postes. De esto hay evidencia, pero no citaré las mismas aquí, pues sería promocionarlas, pero existen.
El periodista Cristian Galindo, de RTVC Noticias, indagó sobre este particular con la colombiana Angie Álvarez, hermana de un militar colombiano que terminó, por voluntad propia en el conflicto en Ucrania. Ella detalla que con varias familias organizadas han detectado fachadas legales como empresas de turismo para vincular milicianos y en otras ocasiones, a gente incauta sin experiencia militar, que cree que va a hacer servicios de aseo, cocina o desarrollarán estudios.
Ucrania se jacta de decir que su reclutamiento es transparente a partir de la vinculación de extranjeros a su Legión Internacional de Defensa Territorial de Ucrania, adscrita a las Fuerzas Armadas ucranianas. Algunos como vimos se creen ‘legales’ por ser denominados ‘legionarios’. Nada de esto es legal.
Ucrania intenta cubrir cuotas profesionales al haber aniquilado a su población o haberla dejado inválida. También con el uso del secuestro como reclutamiento forzoso conocido como ‘busificación’ y que no excluye a personas con discapacidades mentales y/o físicas como en este video, donde se aprecia al soldado Serhii, que mentalmente, tiene unos cinco años. Pero que, “Según la Comisión Médica Militar en el Centro de Reclutamiento Territorial de Vinnytsia, sin embargo, está perfectamente apto para el servicio militar.”
Según el portal ruso Lostarmour, donde se lleva el conteo desde 2014 de varios fenómenos del conflicto en Ucrania, a la fecha han sido asesinados en combate 718 colombianos; en lo posible figuran sujetos identificados con nombres y posibles fechas de baja.
De los 7 mil que participan activamente en el conflicto, restando los 718, seguro muchos pueden estar cautivos como prisioneros de guerra o muertos en fosas, el propio campo de batalla o han desertado y no han contactado por seguridad o imposibilidad a sus familias.
Otros lamentablemente siguen en su práctica delictiva o tomando experiencia para grupos armados ilegales en Colombia. Este tema lo retomaré en la tercera y última entrega.
El marco legal del mercenarismo
Primero, hay que señalar que La Convención de Ginebra de 1949 no define el mercenarismo. Pero en su Protocolo Adicional I de 1977 a los Convenios de Ginebra, tipifica esa práctica y señala que: Los mercenarios no tienen derecho a estatus de combatiente ni de prisionero de guerra (no están protegidos por la Convención de Ginebra).
Por otra parte, la administración Petro aprobó la Ley 2569 de 17 de marzo de 2026 contra el Mercenarismo en Colombia, motivada especialmente por los reclutamientos de colombianos para Ucrania, Sudán, Haití, entre otros conflictos.
Dicha ley ratifica la Convención de la ONU-ACNUR de 1989; tipifica como delitos el reclutamiento, financiamiento, entrenamiento y uso de mercenarios en Colombia; permite cooperación judicial internacional para perseguir estas actividades y fortalece la prohibición constitucional colombiana del mercenarismo.
Según la Ley Petro sobre mercenarismo, tanto empresas o particulares reclutadores a la sombra o no, incurren en delito pues su Artículo 2 señala que, A los efectos de la presente Convención, cometerá un delito toda persona que reclute, utilice, financie o entrene a mercenarios, según la definición del artículo 1 de la convención.
Y el 3 indica: A los efectos de la presente Convención, cometerá un delito todo mercenario, según la definición del artículo 1 de la Convención, que participe directamente en hostilidades o en un acto concertado de violencia, según sea el caso.
La Ley también llama la atención a las partes en conflicto cuales quiera que éstas sean:
Artículo 5
- Los Estados Parte no reclutarán, utilizarán, financiarán ni entrenarán mercenarios y prohibirán ese tipo de actividades de conformidad con las disposiciones de la presente Convención.
- Los Estados Parte no reclutarán, utilizarán, financiarán ni entrenarán mercenarios con el objeto de oponerse al legítimo ejercicio del derecho inalienable de los pueblos a la libre determinación reconocido por el derecho internacional y tomarán, de conformidad con el derecho internacional, las medidas apropiadas para prevenir el reclutamiento, la utilización, la financiación o entrenamiento de mercenarios para tal objeto.
- Los Estados Parte establecerán penas adecuadas para los delitos previstos en la presente Convención en las que se tenga en cuenta su carácter grave.
Esto es un marco suficiente y que sería deseable se discutiera al más alto nivel entre los Estados participantes tanto en calidad de contrincantes o adversarios, como reclutadores o no abiertamente de mercenarios con los gobiernos de aquellos ciudadanos que son terceras naciones (Colombia) en el conflicto, en calidad de proveedores de mercenarios.
Con la nueva e ilegítima administración colombiana de, De La Espriella, y sus acercamientos a Israel y Ucrania, no se sabe qué pasará con el reclutamiento de mercenarios. Puede tender a derogarse la Ley o hacer caso omiso de ésta.
En síntesis, el fenómeno del mercenarismo colombiano se hace relevante por la cantidad, calidad y prestigio acuñado de sus combatientes a causa de su conflicto interno de más de ochenta años. El mismo ha generado un culto a la violencia, a una suerte de virtud espartana del pueblo colombiano sumido en guerras, narcotráfico, corrupción y atraso estructural.
En la tercera y última entrega reflexionaré sobre por qué el mercenarismo no es un trabajo, el drama de las familias y los civiles en Rusia, el drama de las familias en Colombia y unas referencias finales sobre las secuelas de tal practica para las naciones que exportan y usan el mercenarismo, particularmente Ucrania.


