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Alastair Crooke
June 22, 2026
© Photo: Public domain

Este momento representa un gran logro estratégico para Irán: una imagen heroica se está extendiendo por todo el mundo, mientras que el aislamiento de Israel en la cuestión iraní, incluso entre sus aliados del Golfo, se ha agudizado.

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Escríbenos: info@strategic-culture.su

Se ha firmado el marco de distensión entre Irán y EE. UU. Como siempre, llegar a un acuerdo sobre un marco es una cosa, pero protegerlo de actores perturbadores o de una tergiversación malintencionada del texto es otra muy distinta. ¿Quién sabe cuánto tiempo sobrevivirá intacto?

No obstante, el memorando de entendimiento constituye una etapa importante —aunque solo sea un paso— en el largo camino que le queda por recorrer a Irán. Sin embargo, el acuerdo también podría provocar cambios geoeconómicos más amplios.

Irán ha logrado empujar a un Trump reacio a cruzar el Rubicón. Danny Citrinowicz, un antiguo analista de alto rango de la inteligencia militar israelí especializado en Irán, afirma que, para Trump, «alcanzar un acuerdo con Irán y poner fin al actual ciclo de escalada no es meramente una opción, sino un claro objetivo estratégico… Ahora tiene una visión más amplia de las relaciones entre EE. UU. e Irán».

Un dogma incuestionable ha caído por tierra:

La expectativa arraigada en algunos sectores de Jerusalén y Washington ha sido que una presión sostenida podría conducir a un cambio de régimen en Teherán… [Sin embargo] el acuerdo anunciado sugiere una [nueva] realidad fundamental: la campaña que muchos esperaban que debilitara o incluso desestabilizara a la República Islámica concluirá, por el contrario, con el régimen intacto, fortalecido y formalmente comprometido con EE. UU.…

[Esto] equivale al colapso de una hipótesis estratégica más amplia: que la presión coordinada de Estados Unidos e Israel pudiera generar condiciones propicias para un cambio político fundamental en el interior de Irán. En cambio, el resultado probable es el contrario… [es] un resultado que probablemente refuerce la confianza entre la élite gobernante [de Irán] en lugar de debilitarla….

Este momento representa un gran logro estratégico para Irán: una imagen heroica se está extendiendo por todo el mundo, mientras que el aislamiento de Israel en la cuestión iraní, incluso entre sus aliados del Golfo, se ha agudizado. A nivel personal, la popularidad de Netanyahu en Israel se ha desplomado de forma catastrófica.

Por supuesto, el «Acuerdo» podría desmoronarse rápidamente: Trump es propenso a cambios repentinos de opinión, y toda la fuerza de la clase multimillonaria sionista estadounidense se está desatando contra él, obligándole a cambiar de rumbo (quizás mediante la movilización de la oposición en el Congreso y el Senado).

Ambas opciones son posibles, pero el hecho de que Trump haya llegado realmente a un acuerdo —por provisional que sea— con Irán subraya una divergencia creciente entre Trump e Israel. Y el intento de Netanyahu de romper el vínculo entre el memorando de entendimiento y cualquier alto el fuego en el Líbano (lanzando un ataque en Dahhiya, en Beirut, el domingo) logró, paradójicamente, lo contrario: Trump mejoró rápidamente las condiciones del memorando de entendimiento para Irán.

Y si el acuerdo se desmorona, Irán tiene la opción de cerrar simplemente el estrecho de Ormuz —y, potencialmente, también el paso de Bab el Mandeb—. ¿Y qué puede hacer Trump? Cuanto más se acerque EE. UU. al «precipicio económico» y a las elecciones de mitad de legislatura, menos atractivo le resultará reanudar la guerra. En cualquier caso, Irán espera y se prepara plenamente para una reanudación de los ataques militares.

Aparte de las repercusiones locales de que Trump dé prioridad al acuerdo con Irán frente al interés de Israel de mantener viva la guerra en el Líbano, el acuerdo puede presagiar consecuencias geopolíticas más amplias —

Irán, durante cuatro décadas, ha estado envuelto en las espirales cada vez más apretadas de las sanciones, los estrangulamientos energéticos y la exclusión del dólar, lo que refleja los esfuerzos incesantes de los supremacistas judíos-israelíes en Israel y Estados Unidos por mantener el dominio estadounidense sobre Oriente Medio.

Estados Unidos ha ejercido durante cuarenta años una presión máxima para doblegar a Irán; sin embargo, paradójicamente, a través de su hostilidad, ha forjado a ese mismo adversario (Irán) para que ahora ejerza su influencia con el fin de ir desprendiendo poco a poco las espiras que lo envuelven, de modo que pueda empezar a respirar con mayor facilidad.

La resistencia de Irán ha cautivado la imaginación de gran parte del mundo, precisamente porque se percibe como una lucha moral para reafirmar la visión iraní de su propio futuro.

De hecho, el ejemplo de Irán ha abierto los ojos al mundo entero ante el proyecto estadounidense de coaccionar por la fuerza a los Estados para que acepten las exigencias de Estados Unidos de alinearse con la imposición estadounidense de la hegemonía sionista en todo Oriente Medio.

Ya hay Estados que ven el alcance del estrangulamiento impuesto a Irán y buscan formas de protegerse de una utilización similar por parte de EE. UU. del comercio exterior de alimentos, petróleo, fertilizantes —y de prácticamente cualquier cosa en la que EE. UU. pueda crear un punto de estrangulamiento— para emplearlo en su contra.

¿Será entonces la firma del memorando de entendimiento (MoU) efectivamente una especie de punto de inflexión? Es demasiado pronto para decirlo, pero una pregunta inicial debe ser: ¿ha asestado el giro de 180 grados de Trump un golpe irreversible a Israel?

Lazar Berman, corresponsal militar del Times of Israelobserva que la «victoria total» y «sus ilusiones» han llegado a su fin —

Las guerras posteriores al 7 de octubre, que llegaron acompañadas de expectativas y promesas de “victoria total”, han terminado, al igual que sus ilusiones. Los palestinos no van a abandonar Gaza. Hamás no se desarmará, ni tampoco Hezbolá. Trump no va a volver a la guerra con Irán, que ahora puede amenazar con retirarse de un acuerdo para obligar a Trump a detener cualquier operación israelí de envergadura contra Hamás o Hezbolá… Sin duda, Oriente Medio ha cambiado.

El objetivo de Trump, según parece ahora, es alcanzar un acuerdo con Irán; al parecer, también cree que esta medida redundará en beneficio de los intereses de Israel. Esto puede ser realista, o quizá no. Y es que, como escribe Aluf Benn en Haaretz,

la idea de que Israel e Irán sean capaces de reconciliarse tras décadas de hostilidad, que culminaron en bombardeos y ataques con misiles el año pasado, ni siquiera se debatió en Israel.

Fue esta laguna la que dio lugar a la arrogancia y a las ilusiones vanas en la clase dirigente israelí.

Como amplía el destacado comentarista israelí Nahum Barnea, a Israel ni siquiera se le pasó por la cabeza que Irán pudiera sobrevivir a un ataque liderado por EE. UU. —

Probablemente no hubo nadie de la Inteligencia Militar, del Consejo de Seguridad Nacional o del Mossad que planteara en las reuniones la posibilidad de que el régimen iraní pudiera sobrevivir y salir fortalecido. Aunque hubiera algunos escépticos en la sala, se callaron.

En Israel, la sensación de derrota es palpable.

Lo que Trump probablemente busca ahora es más margen de maniobra para su visión de la paz en Oriente Medio. Sin embargo, sus insinuaciones sobre la incorporación de Irán a los Acuerdos de Abraham; su deseo de dialogar con Hezbolá, y sus comentarios (aún más absurdos) en el sentido de que Jolani y Siria deberían ‘ocuparse’ de Hezbolá en el Líbano, respaldan la tesis de Citrinowicz de que, por ahora, Trump baraja una visión más amplia (quizá inverosímil) de hacia dónde podrían conducir las relaciones entre EE. UU. e Irán.

En este panorama estratégico israelí reconfigurado, tal vez incluso los pusilánimes europeos podrían emprender alguna acción correctiva insistiendo en un retorno a las antiguas concepciones de la guerra —en las que los ataques de decapitación y las campañas de asesinatos masivos de mujeres y niños quedan al margen de todas las normas civilizadas de la guerra, por no hablar de la moralidad humana—.

Los negociadores iraníes insistieron durante las negociaciones en que cualquier asesinato o matanza acabaría de forma definitiva con las relaciones con EE. UU.

La otra cuestión clave que se deriva de estos acontecimientos es la siguiente:

¿qué efecto tendrá la firma del memorando de entendimiento en el panorama político estadounidense? ¿Resultará ser este un punto de inflexión independiente y estratégico? ¿Empezará Estados Unidos en su conjunto a distanciarse de Israel?

Existe una clara segmentación en el electorado estadounidense. El grupo demográfico de mayores de 55 años se muestra, en general, solidario con Israel; pero los jóvenes han cambiado radicalmente de opinión.

Incluso entre los judíos estadounidenses, el 61 % ha llegado a la conclusión de que Israel cometió crímenes de guerra en Gaza, y el 39 % considera que la conducta de Israel en Gaza constituye un genocidio.

Por supuesto, los defensores de la política de «Israel primero» no cambiarán su postura e insistirán en que el Congreso siga su línea.

Pero un reciente artículo de opinión del WSJ —Netanyahu ha perdido a la América profunda— concluye:

A medida que Israel se acerca a las elecciones de este otoño, estoy convencido de que: si sus votantes deciden mantener al actual Gobierno a pesar de los errores fatales que ha cometido, muchos estadounidenses llegarán a la conclusión de que el Israel al que han apoyado durante décadas ya no existe.

Traducción:  Observatoriode trabajador@s en lucha

«Israel recoge los pedazos de su arraigada arrogancia»

Este momento representa un gran logro estratégico para Irán: una imagen heroica se está extendiendo por todo el mundo, mientras que el aislamiento de Israel en la cuestión iraní, incluso entre sus aliados del Golfo, se ha agudizado.

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Escríbenos: info@strategic-culture.su

Se ha firmado el marco de distensión entre Irán y EE. UU. Como siempre, llegar a un acuerdo sobre un marco es una cosa, pero protegerlo de actores perturbadores o de una tergiversación malintencionada del texto es otra muy distinta. ¿Quién sabe cuánto tiempo sobrevivirá intacto?

No obstante, el memorando de entendimiento constituye una etapa importante —aunque solo sea un paso— en el largo camino que le queda por recorrer a Irán. Sin embargo, el acuerdo también podría provocar cambios geoeconómicos más amplios.

Irán ha logrado empujar a un Trump reacio a cruzar el Rubicón. Danny Citrinowicz, un antiguo analista de alto rango de la inteligencia militar israelí especializado en Irán, afirma que, para Trump, «alcanzar un acuerdo con Irán y poner fin al actual ciclo de escalada no es meramente una opción, sino un claro objetivo estratégico… Ahora tiene una visión más amplia de las relaciones entre EE. UU. e Irán».

Un dogma incuestionable ha caído por tierra:

La expectativa arraigada en algunos sectores de Jerusalén y Washington ha sido que una presión sostenida podría conducir a un cambio de régimen en Teherán… [Sin embargo] el acuerdo anunciado sugiere una [nueva] realidad fundamental: la campaña que muchos esperaban que debilitara o incluso desestabilizara a la República Islámica concluirá, por el contrario, con el régimen intacto, fortalecido y formalmente comprometido con EE. UU.…

[Esto] equivale al colapso de una hipótesis estratégica más amplia: que la presión coordinada de Estados Unidos e Israel pudiera generar condiciones propicias para un cambio político fundamental en el interior de Irán. En cambio, el resultado probable es el contrario… [es] un resultado que probablemente refuerce la confianza entre la élite gobernante [de Irán] en lugar de debilitarla….

Este momento representa un gran logro estratégico para Irán: una imagen heroica se está extendiendo por todo el mundo, mientras que el aislamiento de Israel en la cuestión iraní, incluso entre sus aliados del Golfo, se ha agudizado. A nivel personal, la popularidad de Netanyahu en Israel se ha desplomado de forma catastrófica.

Por supuesto, el «Acuerdo» podría desmoronarse rápidamente: Trump es propenso a cambios repentinos de opinión, y toda la fuerza de la clase multimillonaria sionista estadounidense se está desatando contra él, obligándole a cambiar de rumbo (quizás mediante la movilización de la oposición en el Congreso y el Senado).

Ambas opciones son posibles, pero el hecho de que Trump haya llegado realmente a un acuerdo —por provisional que sea— con Irán subraya una divergencia creciente entre Trump e Israel. Y el intento de Netanyahu de romper el vínculo entre el memorando de entendimiento y cualquier alto el fuego en el Líbano (lanzando un ataque en Dahhiya, en Beirut, el domingo) logró, paradójicamente, lo contrario: Trump mejoró rápidamente las condiciones del memorando de entendimiento para Irán.

Y si el acuerdo se desmorona, Irán tiene la opción de cerrar simplemente el estrecho de Ormuz —y, potencialmente, también el paso de Bab el Mandeb—. ¿Y qué puede hacer Trump? Cuanto más se acerque EE. UU. al «precipicio económico» y a las elecciones de mitad de legislatura, menos atractivo le resultará reanudar la guerra. En cualquier caso, Irán espera y se prepara plenamente para una reanudación de los ataques militares.

Aparte de las repercusiones locales de que Trump dé prioridad al acuerdo con Irán frente al interés de Israel de mantener viva la guerra en el Líbano, el acuerdo puede presagiar consecuencias geopolíticas más amplias —

Irán, durante cuatro décadas, ha estado envuelto en las espirales cada vez más apretadas de las sanciones, los estrangulamientos energéticos y la exclusión del dólar, lo que refleja los esfuerzos incesantes de los supremacistas judíos-israelíes en Israel y Estados Unidos por mantener el dominio estadounidense sobre Oriente Medio.

Estados Unidos ha ejercido durante cuarenta años una presión máxima para doblegar a Irán; sin embargo, paradójicamente, a través de su hostilidad, ha forjado a ese mismo adversario (Irán) para que ahora ejerza su influencia con el fin de ir desprendiendo poco a poco las espiras que lo envuelven, de modo que pueda empezar a respirar con mayor facilidad.

La resistencia de Irán ha cautivado la imaginación de gran parte del mundo, precisamente porque se percibe como una lucha moral para reafirmar la visión iraní de su propio futuro.

De hecho, el ejemplo de Irán ha abierto los ojos al mundo entero ante el proyecto estadounidense de coaccionar por la fuerza a los Estados para que acepten las exigencias de Estados Unidos de alinearse con la imposición estadounidense de la hegemonía sionista en todo Oriente Medio.

Ya hay Estados que ven el alcance del estrangulamiento impuesto a Irán y buscan formas de protegerse de una utilización similar por parte de EE. UU. del comercio exterior de alimentos, petróleo, fertilizantes —y de prácticamente cualquier cosa en la que EE. UU. pueda crear un punto de estrangulamiento— para emplearlo en su contra.

¿Será entonces la firma del memorando de entendimiento (MoU) efectivamente una especie de punto de inflexión? Es demasiado pronto para decirlo, pero una pregunta inicial debe ser: ¿ha asestado el giro de 180 grados de Trump un golpe irreversible a Israel?

Lazar Berman, corresponsal militar del Times of Israelobserva que la «victoria total» y «sus ilusiones» han llegado a su fin —

Las guerras posteriores al 7 de octubre, que llegaron acompañadas de expectativas y promesas de “victoria total”, han terminado, al igual que sus ilusiones. Los palestinos no van a abandonar Gaza. Hamás no se desarmará, ni tampoco Hezbolá. Trump no va a volver a la guerra con Irán, que ahora puede amenazar con retirarse de un acuerdo para obligar a Trump a detener cualquier operación israelí de envergadura contra Hamás o Hezbolá… Sin duda, Oriente Medio ha cambiado.

El objetivo de Trump, según parece ahora, es alcanzar un acuerdo con Irán; al parecer, también cree que esta medida redundará en beneficio de los intereses de Israel. Esto puede ser realista, o quizá no. Y es que, como escribe Aluf Benn en Haaretz,

la idea de que Israel e Irán sean capaces de reconciliarse tras décadas de hostilidad, que culminaron en bombardeos y ataques con misiles el año pasado, ni siquiera se debatió en Israel.

Fue esta laguna la que dio lugar a la arrogancia y a las ilusiones vanas en la clase dirigente israelí.

Como amplía el destacado comentarista israelí Nahum Barnea, a Israel ni siquiera se le pasó por la cabeza que Irán pudiera sobrevivir a un ataque liderado por EE. UU. —

Probablemente no hubo nadie de la Inteligencia Militar, del Consejo de Seguridad Nacional o del Mossad que planteara en las reuniones la posibilidad de que el régimen iraní pudiera sobrevivir y salir fortalecido. Aunque hubiera algunos escépticos en la sala, se callaron.

En Israel, la sensación de derrota es palpable.

Lo que Trump probablemente busca ahora es más margen de maniobra para su visión de la paz en Oriente Medio. Sin embargo, sus insinuaciones sobre la incorporación de Irán a los Acuerdos de Abraham; su deseo de dialogar con Hezbolá, y sus comentarios (aún más absurdos) en el sentido de que Jolani y Siria deberían ‘ocuparse’ de Hezbolá en el Líbano, respaldan la tesis de Citrinowicz de que, por ahora, Trump baraja una visión más amplia (quizá inverosímil) de hacia dónde podrían conducir las relaciones entre EE. UU. e Irán.

En este panorama estratégico israelí reconfigurado, tal vez incluso los pusilánimes europeos podrían emprender alguna acción correctiva insistiendo en un retorno a las antiguas concepciones de la guerra —en las que los ataques de decapitación y las campañas de asesinatos masivos de mujeres y niños quedan al margen de todas las normas civilizadas de la guerra, por no hablar de la moralidad humana—.

Los negociadores iraníes insistieron durante las negociaciones en que cualquier asesinato o matanza acabaría de forma definitiva con las relaciones con EE. UU.

La otra cuestión clave que se deriva de estos acontecimientos es la siguiente:

¿qué efecto tendrá la firma del memorando de entendimiento en el panorama político estadounidense? ¿Resultará ser este un punto de inflexión independiente y estratégico? ¿Empezará Estados Unidos en su conjunto a distanciarse de Israel?

Existe una clara segmentación en el electorado estadounidense. El grupo demográfico de mayores de 55 años se muestra, en general, solidario con Israel; pero los jóvenes han cambiado radicalmente de opinión.

Incluso entre los judíos estadounidenses, el 61 % ha llegado a la conclusión de que Israel cometió crímenes de guerra en Gaza, y el 39 % considera que la conducta de Israel en Gaza constituye un genocidio.

Por supuesto, los defensores de la política de «Israel primero» no cambiarán su postura e insistirán en que el Congreso siga su línea.

Pero un reciente artículo de opinión del WSJ —Netanyahu ha perdido a la América profunda— concluye:

A medida que Israel se acerca a las elecciones de este otoño, estoy convencido de que: si sus votantes deciden mantener al actual Gobierno a pesar de los errores fatales que ha cometido, muchos estadounidenses llegarán a la conclusión de que el Israel al que han apoyado durante décadas ya no existe.

Traducción:  Observatoriode trabajador@s en lucha

Este momento representa un gran logro estratégico para Irán: una imagen heroica se está extendiendo por todo el mundo, mientras que el aislamiento de Israel en la cuestión iraní, incluso entre sus aliados del Golfo, se ha agudizado.

Únete a nosotros en Telegram Twitter  y VK .

Escríbenos: info@strategic-culture.su

Se ha firmado el marco de distensión entre Irán y EE. UU. Como siempre, llegar a un acuerdo sobre un marco es una cosa, pero protegerlo de actores perturbadores o de una tergiversación malintencionada del texto es otra muy distinta. ¿Quién sabe cuánto tiempo sobrevivirá intacto?

No obstante, el memorando de entendimiento constituye una etapa importante —aunque solo sea un paso— en el largo camino que le queda por recorrer a Irán. Sin embargo, el acuerdo también podría provocar cambios geoeconómicos más amplios.

Irán ha logrado empujar a un Trump reacio a cruzar el Rubicón. Danny Citrinowicz, un antiguo analista de alto rango de la inteligencia militar israelí especializado en Irán, afirma que, para Trump, «alcanzar un acuerdo con Irán y poner fin al actual ciclo de escalada no es meramente una opción, sino un claro objetivo estratégico… Ahora tiene una visión más amplia de las relaciones entre EE. UU. e Irán».

Un dogma incuestionable ha caído por tierra:

La expectativa arraigada en algunos sectores de Jerusalén y Washington ha sido que una presión sostenida podría conducir a un cambio de régimen en Teherán… [Sin embargo] el acuerdo anunciado sugiere una [nueva] realidad fundamental: la campaña que muchos esperaban que debilitara o incluso desestabilizara a la República Islámica concluirá, por el contrario, con el régimen intacto, fortalecido y formalmente comprometido con EE. UU.…

[Esto] equivale al colapso de una hipótesis estratégica más amplia: que la presión coordinada de Estados Unidos e Israel pudiera generar condiciones propicias para un cambio político fundamental en el interior de Irán. En cambio, el resultado probable es el contrario… [es] un resultado que probablemente refuerce la confianza entre la élite gobernante [de Irán] en lugar de debilitarla….

Este momento representa un gran logro estratégico para Irán: una imagen heroica se está extendiendo por todo el mundo, mientras que el aislamiento de Israel en la cuestión iraní, incluso entre sus aliados del Golfo, se ha agudizado. A nivel personal, la popularidad de Netanyahu en Israel se ha desplomado de forma catastrófica.

Por supuesto, el «Acuerdo» podría desmoronarse rápidamente: Trump es propenso a cambios repentinos de opinión, y toda la fuerza de la clase multimillonaria sionista estadounidense se está desatando contra él, obligándole a cambiar de rumbo (quizás mediante la movilización de la oposición en el Congreso y el Senado).

Ambas opciones son posibles, pero el hecho de que Trump haya llegado realmente a un acuerdo —por provisional que sea— con Irán subraya una divergencia creciente entre Trump e Israel. Y el intento de Netanyahu de romper el vínculo entre el memorando de entendimiento y cualquier alto el fuego en el Líbano (lanzando un ataque en Dahhiya, en Beirut, el domingo) logró, paradójicamente, lo contrario: Trump mejoró rápidamente las condiciones del memorando de entendimiento para Irán.

Y si el acuerdo se desmorona, Irán tiene la opción de cerrar simplemente el estrecho de Ormuz —y, potencialmente, también el paso de Bab el Mandeb—. ¿Y qué puede hacer Trump? Cuanto más se acerque EE. UU. al «precipicio económico» y a las elecciones de mitad de legislatura, menos atractivo le resultará reanudar la guerra. En cualquier caso, Irán espera y se prepara plenamente para una reanudación de los ataques militares.

Aparte de las repercusiones locales de que Trump dé prioridad al acuerdo con Irán frente al interés de Israel de mantener viva la guerra en el Líbano, el acuerdo puede presagiar consecuencias geopolíticas más amplias —

Irán, durante cuatro décadas, ha estado envuelto en las espirales cada vez más apretadas de las sanciones, los estrangulamientos energéticos y la exclusión del dólar, lo que refleja los esfuerzos incesantes de los supremacistas judíos-israelíes en Israel y Estados Unidos por mantener el dominio estadounidense sobre Oriente Medio.

Estados Unidos ha ejercido durante cuarenta años una presión máxima para doblegar a Irán; sin embargo, paradójicamente, a través de su hostilidad, ha forjado a ese mismo adversario (Irán) para que ahora ejerza su influencia con el fin de ir desprendiendo poco a poco las espiras que lo envuelven, de modo que pueda empezar a respirar con mayor facilidad.

La resistencia de Irán ha cautivado la imaginación de gran parte del mundo, precisamente porque se percibe como una lucha moral para reafirmar la visión iraní de su propio futuro.

De hecho, el ejemplo de Irán ha abierto los ojos al mundo entero ante el proyecto estadounidense de coaccionar por la fuerza a los Estados para que acepten las exigencias de Estados Unidos de alinearse con la imposición estadounidense de la hegemonía sionista en todo Oriente Medio.

Ya hay Estados que ven el alcance del estrangulamiento impuesto a Irán y buscan formas de protegerse de una utilización similar por parte de EE. UU. del comercio exterior de alimentos, petróleo, fertilizantes —y de prácticamente cualquier cosa en la que EE. UU. pueda crear un punto de estrangulamiento— para emplearlo en su contra.

¿Será entonces la firma del memorando de entendimiento (MoU) efectivamente una especie de punto de inflexión? Es demasiado pronto para decirlo, pero una pregunta inicial debe ser: ¿ha asestado el giro de 180 grados de Trump un golpe irreversible a Israel?

Lazar Berman, corresponsal militar del Times of Israelobserva que la «victoria total» y «sus ilusiones» han llegado a su fin —

Las guerras posteriores al 7 de octubre, que llegaron acompañadas de expectativas y promesas de “victoria total”, han terminado, al igual que sus ilusiones. Los palestinos no van a abandonar Gaza. Hamás no se desarmará, ni tampoco Hezbolá. Trump no va a volver a la guerra con Irán, que ahora puede amenazar con retirarse de un acuerdo para obligar a Trump a detener cualquier operación israelí de envergadura contra Hamás o Hezbolá… Sin duda, Oriente Medio ha cambiado.

El objetivo de Trump, según parece ahora, es alcanzar un acuerdo con Irán; al parecer, también cree que esta medida redundará en beneficio de los intereses de Israel. Esto puede ser realista, o quizá no. Y es que, como escribe Aluf Benn en Haaretz,

la idea de que Israel e Irán sean capaces de reconciliarse tras décadas de hostilidad, que culminaron en bombardeos y ataques con misiles el año pasado, ni siquiera se debatió en Israel.

Fue esta laguna la que dio lugar a la arrogancia y a las ilusiones vanas en la clase dirigente israelí.

Como amplía el destacado comentarista israelí Nahum Barnea, a Israel ni siquiera se le pasó por la cabeza que Irán pudiera sobrevivir a un ataque liderado por EE. UU. —

Probablemente no hubo nadie de la Inteligencia Militar, del Consejo de Seguridad Nacional o del Mossad que planteara en las reuniones la posibilidad de que el régimen iraní pudiera sobrevivir y salir fortalecido. Aunque hubiera algunos escépticos en la sala, se callaron.

En Israel, la sensación de derrota es palpable.

Lo que Trump probablemente busca ahora es más margen de maniobra para su visión de la paz en Oriente Medio. Sin embargo, sus insinuaciones sobre la incorporación de Irán a los Acuerdos de Abraham; su deseo de dialogar con Hezbolá, y sus comentarios (aún más absurdos) en el sentido de que Jolani y Siria deberían ‘ocuparse’ de Hezbolá en el Líbano, respaldan la tesis de Citrinowicz de que, por ahora, Trump baraja una visión más amplia (quizá inverosímil) de hacia dónde podrían conducir las relaciones entre EE. UU. e Irán.

En este panorama estratégico israelí reconfigurado, tal vez incluso los pusilánimes europeos podrían emprender alguna acción correctiva insistiendo en un retorno a las antiguas concepciones de la guerra —en las que los ataques de decapitación y las campañas de asesinatos masivos de mujeres y niños quedan al margen de todas las normas civilizadas de la guerra, por no hablar de la moralidad humana—.

Los negociadores iraníes insistieron durante las negociaciones en que cualquier asesinato o matanza acabaría de forma definitiva con las relaciones con EE. UU.

La otra cuestión clave que se deriva de estos acontecimientos es la siguiente:

¿qué efecto tendrá la firma del memorando de entendimiento en el panorama político estadounidense? ¿Resultará ser este un punto de inflexión independiente y estratégico? ¿Empezará Estados Unidos en su conjunto a distanciarse de Israel?

Existe una clara segmentación en el electorado estadounidense. El grupo demográfico de mayores de 55 años se muestra, en general, solidario con Israel; pero los jóvenes han cambiado radicalmente de opinión.

Incluso entre los judíos estadounidenses, el 61 % ha llegado a la conclusión de que Israel cometió crímenes de guerra en Gaza, y el 39 % considera que la conducta de Israel en Gaza constituye un genocidio.

Por supuesto, los defensores de la política de «Israel primero» no cambiarán su postura e insistirán en que el Congreso siga su línea.

Pero un reciente artículo de opinión del WSJ —Netanyahu ha perdido a la América profunda— concluye:

A medida que Israel se acerca a las elecciones de este otoño, estoy convencido de que: si sus votantes deciden mantener al actual Gobierno a pesar de los errores fatales que ha cometido, muchos estadounidenses llegarán a la conclusión de que el Israel al que han apoyado durante décadas ya no existe.

Traducción:  Observatoriode trabajador@s en lucha

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