La variable clave a tener en cuenta en estas aguas tan turbulentas: el contenido del memorando de entendimiento está alineado estratégicamente con Pekín —en todos los aspectos—.
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Washington prácticamente declaró que el memorando de entendimiento entre Irán y EE. UU. era un «gato muerto». No estaba en coma: había pasado a mejor vida.
Sin embargo, ahora podríamos estar presenciando el «rebote del gato muerto» por excelencia, como marco organizativo de la política exterior iraní de la posguerra.
A efectos prácticos, Teherán está presentando ahora lo que antes se conocía como el Memorándum de Islamabad como la base de sus futuras relaciones exteriores, y exigiendo que Washington cumpla con los compromisos del memorando de entendimiento que firmó a través del presidente de los Estados Unidos.
El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Araghchi, estará en Islamabad este viernes, tras una invitación abierta del ministro de Asuntos Exteriores pakistaní, Ishaq Dar.
Cada vez hay más indicios que apuntan a Pakistán como el nuevo garante central, canal militar y puente estratégico que conecta Teherán y Washington, así como con el CCG.
Las contradicciones, por supuesto, abundan. A pesar de que Teherán identifica públicamente a Pakistán como mediador, y de que Islamabad también parece estar coordinándose al más alto nivel con una Arabia Saudí que siempre se muestra evasiva, Trump prefirió el pasado lunes —públicamente— dar el mérito a Arabia Saudí, Catar e incluso a los Emiratos Árabes Unidos, pero no a Pakistán.
Adentrémonos en la niebla. El «gato muerto» del memorando de entendimiento sobrevivió en una balsa a merced de un mar geopolítico embravecido y de la ira de los dioses, solo para renacer como la doctrina diplomática rectora de Irán.
Aunque Teherán también lo ha tratado como un «gato muerto», el presidente Masoud Pezeshkian ha descrito ahora públicamente el compromiso con el memorando de entendimiento como el resultado del juicio colectivo del Consejo Supremo de Seguridad Nacional (SNSC).
También afirmó que el memorando de entendimiento debería convertirse en una piedra angular de las futuras relaciones exteriores de Irán y pidió que se obligara a la Administración Trump a cumplir lo que firmó en Versalles.
Así pues, el gato en estado comatoso parece tener, efectivamente, nueve vidas: dejó de ser un mecanismo de alto el fuego temporal para renacer como un marco estratégico a largo plazo.
La influencia de EE. UU. se desvanece en todos los frentes
Araghchi mantiene conversaciones directas y repetidas con el mariscal de campo pakistaní Asim Munir, tal y como han vuelto a confirmar nuestras fuentes cercanas a la mesa de negociaciones —por el momento destrozada—.
Esto significa que Araghchi no está actuando únicamente a través de canales diplomáticos civiles. Está en contacto con el máximo mando militar de Pakistán durante la fase más delicada del drama de «ni guerra, ni paz».
A pesar de sus evidentes errores de juicio al actuar —simultáneamente— contra Yemen y las Unidades de Movilización Popular (PMU) en Irak, Arabia Saudí, a través de su ministro de Asuntos Exteriores, el príncipe Faisal bin Farhan, también forma parte de esta estructura de comunicaciones.
Así pues, el canal clave de negociación es militar-estratégico: no meramente diplomático.
Cualquiera que apueste por que Pakistán se convierta en el puente entre Irán y Arabia Saudí debe estar preparado para encontrarse en una situación muy complicada.
Pues bien: el hecho es que el primer ministro Shehbaz Sharif, el mariscal de campo Munir y el ministro de Asuntos Exteriores Dar estarán en Arabia Saudí desde este jueves hasta el sábado para mantener conversaciones de altísimo nivel con el príncipe heredero MbS.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán lo presenta como algo bastante estratégico. Eso significaría que Islamabad no solo transmitiría mensajes entre Teherán y Riad, sino que ayudaría a construir un marco diplomático y de seguridad regional duradero que vincule ambas capitales.
La administración Trump, acorralada, podría estar intentando evitar que se reconozca —de forma generalizada en Estados Unidos— que una nación islámica con armas nucleares, estrechamente alineada con China y que está desarrollando relaciones estratégicas con Irán, es absolutamente indispensable para las negociaciones.
Nunca hay que subestimar la psicología de «hombre rudo» de Trump: reconocer plenamente la mediación pakistaní pone de manifiesto hasta qué punto ha perdido el control unilateral sobre todo el proceso.
Pakistán está llevando la ambigüedad estratégica al extremo. Islamabad sigue dialogando con Washington, al tiempo que se niega a comportarse como un vasallo de EE. UU. y a alinearse plenamente con ninguna postura. Eso es lo que le permite mantener su credibilidad ante Teherán, Washington, Riad, Pekín y Moscú.
Paralelamente, el OIEA no ha verificado las reservas de uranio enriquecido de Irán desde el 28 de febrero, ya que Teherán ha restringido el acceso a 20 instalaciones declaradas.
El último inventario verificado incluía aproximadamente 440,9 kg de uranio enriquecido al 60 %.
Traducción: esta «incertidumbre» nuclear se ha convertido ahora en un arma estratégica.
La Administración Trump no tiene, literalmente, ni idea de dónde se encuentra el uranio enriquecido de Irán ni de cuánto hay; si se ha dispersado parte de él; con qué rapidez Irán podría avanzar hacia el enriquecimiento apto para armas (el profesor Ted Postol tiene la respuesta); ni si una aventura militar destruiría las reservas o aceleraría la fabricación de armas.
A esto hay que añadir que la influencia militar, económica y política de la Administración Trump se está desvaneciendo ante los ojos del mundo: las Reservas Estratégicas de Petróleo (SPR) rozan un mínimo histórico; los márgenes de refino del gasóleo se sitúan en niveles extremos; prácticamente no hay tráfico comercial por el estrecho de Ormuz; las primas de los seguros contra riesgos de guerra se han disparado; y las existencias de misiles de largo alcance guiados con precisión están casi agotadas.
Y, aun así, lo que Washington y Teherán están diciendo en público equivale a un choque total.
Trump insiste en que las conversaciones están en marcha. Los principales medios de comunicación estadounidenses dan a entender que un acuerdo podría ser inminente.
Teherán niega que se hayan reanudado las negociaciones e insiste en que el único canal activo —de carácter técnico— se refiere a los acuerdos marítimos y de transporte entre Teherán y Mascate.
Sin embargo, la pregunta del millón es, de hecho, quién controla la arquitectura diplomática.
Los hechos apuntan a que el ministro de Asuntos Exteriores de Irán se comunica con el jefe del ejército de Pakistán, mientras que Catar es, en el mejor de los casos, un actor secundario; ya que Pakistán coordina directamente con Riad.
Lo que China realmente quiere
Mientras tanto, lo que ocurre en los pasillos del poder en Teherán sigue siendo sumamente crucial.
Según nuestras fuentes, Ahmad Vahidi, comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), sigue ejerciendo una gran influencia dentro del establishment de seguridad iraní.
Como reflejo del estado de ánimo en las calles, varios altos mandos del IRGC se muestran extremadamente reacios a cualquier negociación con EE. UU. A ello hay que añadir que la Asamblea de Expertos ha denunciado públicamente cualquier acercamiento a Washington y ha condenado lo que califica de capitulación.
No es de extrañar que Araghchi se encuentre bajo una enorme presión política. Sin embargo, la situación se agrava aún más: Vahidi ha exigido personalmente la dimisión del presidente Pezeshkian.
La presión institucional inmediata parece dirigirse con mayor intensidad hacia Araghchi y el proceso de negociación que hacia Pezeshkian personalmente.
Esto significa que la lucha de poder en Teherán no se centra simplemente en la supervivencia del presidente, sino en si el memorando de entendimiento —o el marco de Islamabad— debe convertirse en política permanente de Irán.
La variable clave a tener en cuenta en estas aguas tan turbulentas es que el contenido del memorando de entendimiento está alineado estratégicamente con Pekín en todos los aspectos.
Traducción: Observatorio de trabajador@s en lucha


