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Jhosman Barbosa
April 17, 2026
© Photo: SCF

Trump parece ser el Rómulo Augusto de Roma.

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Escríbenos: info@strategic-culture.su

“Estados Unidos es la única nación en la historia que, milagrosamente, ha pasado directamente de la barbarie a la degeneración sin el intervalo habitual de civilización.”

Georges Clemenceau, primer ministro de Francia, 1906-1909. Una variación de tal frase suele atribuirse a Oscar Wilde.

Ver noticias exige control emocional, intelectual y hasta espiritual. Nada altera más, al menos en mi caso, al revisar noticias, donde se expresa Donald Trump, que la suma de mentiras, ambigüedades, ofensas y descaros, a veces ninguna de éstas respondida por sus víctimas de manera contundente. Pero, además los medios de comunicación consolidados de varios países ni los medios alternativos dejan de promover tal degradación del discurso, de tal retórica.

Hace unos meses, en octubre de 2025, varios periodistas en Estados Unidos abandonaron el Pentágono ante las exigencias y condicionamientos dados por el departamento de defensa, que incluía, según AP, Associated Press:

  • Limitaciones en la obtención y publicación de información (incluso no clasificada), que debía estar previamente autorizada por el Pentágono.
  • Riesgo de ser considerados “riesgos de seguridad” y perder las credenciales si solicitaban o reportaban información no aprobada.
  • Restricciones físicas de movimiento dentro del edificio (acceso escoltado en ciertas áreas).

Pero la prensa en general excusada en su derecho y deber a ‘informar’ hacen el juego, particularmente a Trump, siendo éste un fenómeno de marketing informativo sin comparación. Ofrezco así una breve reflexión al respecto.

Producción – consumo de la información

Ya en otros artículos he ofrecido esta metodología de la economía política de la comunicación, (ver autores como Vincent Mosco o Robert McChesney) que toma tal aproximación de análisis de la economía política marxista para extender y explicar cómo y porqué se produce lo que se conoce como retórica; entendida ésta como la puesta en escena de una intensión, dirección o doctrina de los Estados, sus gobiernos y sus representantes.

Así, para el caso del presidente estadounidense Donald Trump, la producción, el lugar donde se construye el mensaje se da en primera instancia de la significativa dominancia o persistencia del lobby sionista sobre las presidencias norteamericanas. De hecho, John Kerry, ex secretario de Estado durante la administración Obama, señaló que siempre, desde la presidencia del propio George Busch hijo, insistió Benjamín Netanyahu en una guerra abierta contra Irán.

Max Blumenthal, en entrevista, señaló que el viaje de Netanyahu a Estados Unidos, previo a la ofensiva del 28 de febrero, supervisó la reunión con militares e inteligencia estadounidense acompañado del jefe del Mosad, en donde se aseguró a Trump que tal ataque de decapitación culminaría en cuarenta y ocho horas con una agitación social de cambio de régimen como correlato. El presidente de EE.UU. aceptó lo que no aceptaron otros presidentes anteriores: dio el visto bueno creyendo en el éxito de ‘guerra relámpago’ al estilo del 3 de enero de 2026, sobre Venezuela.

Además, la información o desinformación se garantiza por el gabinete del presidente, desde Stephen Miller, -subdirector de políticas y asesor de seguridad nacional- actualmente, Steven Bannon en el primer mandato de Trump, John Hegee -líder influyente del cristianismo sionista en Estados Unidos-, Marco Rubio, Jared Kushner o el propio megáfono del discurso radical, agresivo y religioso, Peter Brian Hegseth, ministro de defensa. Pero, no sólo ellos. No hay que olvidar los tanques de pensamiento, que construyen las líneas del interés nacional y en ese sentido a veces, si es necesario, dan un empujón a Trump y construyen su narrativa o la apoyan.

Es importante comprender que esta producción parte de Donald Trump, a pesar de las asesorías o en tensión con éstas. Él ofrece tal comunicación, donde se expresa el ¿para qué? O el ¿hacia dónde? Donald Trump, como todos los presidentes, tiene su estilo y ofrece el ¿cómo? Y éste, el que vemos, es de tono espectacular.

En términos de la distribución – circulación de tal producción, se encuentran las plataformas como Truth Social -propiedad de D. Trump-, X, Fox News, News Max y YouTube; además de sus canales oficiales desde la presidencia estadounidense. Se pueden sumar a ello, los mensajes del presidente replicados por sus seguidores de MAGA -Make American Great Again (Hacer Grande de Nuevo a América)- y otros seguidores en el mundo adscritos desde las élites regionales.

En tal sentido, se distribuye el mensaje mediante tales canales y circula también desde los ya señalados y sus satélites informativos en cadenas latinoamericanas, asiáticas, africanas y europeas. La presentación del mensaje en tales regiones puede matizarse acorde a las características culturales y situaciones locales, como forma de preparar a la audiencia particular, pero dejando intacto el cómo y el para qué.

El consumidor final se divide en: los seguidores, detractores y críticos analistas. Los primeros son la base política que a nivel interno se aglutinan en el movimiento MAGA y en segundo lugar a las masas dormidas periféricas que se afilian por diversas razones bajo una idolatría a EE.UU. a muerte, básicamente por la influencia del adoctrinamiento de las élites locales, que implica la forma en que se construyen e imparten los contenidos y la enseñanza de la historia.

Los detractores son en primera instancia local estadounidense, los demócratas -éstos con ambivalencias e intereses-, activistas, movimientos LGBTI+Q, negritudes, migrantes o población pauperizada en Estados Unidos. En las naciones periféricas se encuentran todos los que consientes de la acción históricamente adversa de los Estados Unidos, avistan en Donald Trump la continuación de esta forma de dominio, saqueo e intervención dada por otros modos y mediante los mismos medios con idénticos fines; por ejemplo, la remasterización de la doctrina Monroe como ‘corolario Trump’ o ‘doctrina Donroe’.

Los críticos analistas a nivel interno, se manifiestan en antiguos miembros del establishment norteamericano que, si bien participaron de la expansión y continuidad del imperio o la hegemonía estadounidense, hoy lucen casi arrepentidos y avergonzados, perplejos por el estilo vulgar, directo, ambiguo, etc., de su presidente. –Estos no son los valores de EE.UU., suelen decir-

Allí se encuentra ex funcionarios de inteligencia, ex asesores, ex militares, ex presidentes, donde se puede mencionar a Ray McGovern, Larry C. Johnson, Scott Ritter, Douglas McGregor, Gail Helt, Larry Pfeiffer, Steven A. Cash, Karen Kwiatkowski, John Brennan, Lawrence Wilkerson, Ray McGovern, Philip Giraldi, entre muchos otros, o militantes decepcionados seguidores del MAGA, como Tucker Carson. También se encuentran notables teóricos académicos como Richard Wolff, Michel Hudson, Gilbert Doctorow, John Mearsheimer, Jeffrey Sachs.

Estas personas también encuentran varios canales, varias veces no medios de información convencionales con alcance mediático significativo, como los programas de Judge Napolitano – Judging Freedom, -con más de 740 mil seguidores-, Glenn Diesen –145 mil seguidores-, Danny Haiphong -41 mil seguidores-, entre muchos otros. Es necesario aclarar que ese es el número de sus seguidores en español y en inglés suman otros cientos de miles. Esto quiere decir que el contra discurso crítico cuenta con plataformas de distribución, circulación de una producción de la crítica propias. Les invito a revisar.

La retórica de Trump: mismo mensaje otro estilo

Si bien se puede adjetivar hasta la náusea sobre el estilo lumpen del presidente estadounidense, el mensaje y proceder esencial no ha variado ni la forma de actuar de las élites de tal país. El propio presidente Vladímir Putin, en una entrevista dada a Oliver Stone e incluso a Tucker Carlson señala que, al ‘negociar’ con funcionarios norteamericanos, éstos no llegan a ofrecer diálogo o conciliación. Llegan los diplomáticos a dar ordenes y coaccionar. Para no ir más lejos, lo mismo dijo el ministro de política exterior iraní Abbas Araghchi, acerca de la mesa de negociaciones con la delegación estadounidense encabezada por el vicepresidente D.J. Vance. Es un diálogo ‘insultante’ y ‘amenazante’.

En ese sentido, D. Trump sólo continúa con el estilo diplomático de coacción de la tradición norteamericana, pero la ofrece dentro de la dimensión pública. Trump es vendedor inmobiliario y es un tipo surgido de los medios y sus escenarios; tales como la lucha libre, realities, cine y demás. En ese sentido, proyecta el cómo enviar el mensaje sin restringir su estilo y su visión del mundo: fascista, racista, egocéntrica y desde allí articular tanto ideas de Estado como personales. Se puede decir que al comunicarse no hay distinción entre sus opiniones personales y las presidenciales. Trump simplemente exhibe: el Estado soy yo.

Podría citar infinidad de momentos de manifestación engañosa, ambigua e insultante. Básicamente, por un lado, le habla a su electorado, a sus compatriotas, a los jefes de Estado, pero al mismo tiempo no le importa mentir en tanto obra de manera diferente o conveniente a sus intereses y no necesariamente éstos coinciden con los de su país. Hay en sí también un desprecio por la prensa, no los considera interlocutores válidos además de depender de qué empresa le preguntan. Está suficientemente documentado la forma en que echa, ridiculiza o humilla a periodistas. La Casa Blanca también ha usado en al menos tres ocasiones, en respuesta ante preguntas de periodistas, como sucedió con Karoline Leavitt, vocera del gobierno, la expresión: ‘fue tu madre’. “Your mom did”

En todo caso en general, como señalé, los Estados Unidos de América no sienten que deban negociar sino dictar. Razón por la que interpreto el estilo de D. Trump, como la expresión de su deterioro cognitivo natural de octogenario, su patología psicológica ya documentada por varios expertos, sus filias y fobias a flor de piel y porque además siente con cada fibra de su ser lo que dice. No creo que sea sólo una intimidación sionista con el chantaje de archivos Epstein. Trump está de acuerdo mayoritariamente con lo que le susurra el lobby sionista.

Considero que él se siente cómodo con la potestad que le da ser el máximo líder de una potencia global. En sí, lo que hace el estilo del presidente no es pensar en lo racional, irracional, bueno o malo, moral o inmoral. Su estilo se basa la posibilidad de proyectar poder estadounidense, basado en el dólar, el petróleo, en su componente militar, económico, cultural ‘American Dream’ -reconocido en bancarrota por el propio Trump- pero también significativamente la proyección de poder comunicacional y propagandista. Ante la pregunta de T. Carlson en entrevista a Vladimir Putin, el presidente ruso señaló: ‘en la guerra de la propaganda es muy difícil derrotar a EE.UU.’

En efecto, Donald Trump es un tipo sin acabados, ni pulimentos intelectuales. Su vocabulario es básico, redundante, esquivo, rimbombante y diluido en una pésima dicción, debida posiblemente a su edad y la afectación del lenguaje por patologías, propias del envejecimiento. Es difícil no reaccionar con crispación ante alguien visiblemente pobre en capacidades para administrar riesgos tan relevantes para la humanidad como el botón nuclear o la seguridad económica del planeta en torno a la energía y tráfico de mercancías.

Existe un viejo debate en la historia y la historiografía, desde Thomas Carlyle, Fernand Braudel, Carl Marx y hasta el propio Lev Tolstoi en Guerra y Paz, acerca de si son los procesos los que forjan los acontecimientos y los hombres que los lideran o son éstos los que producen tales eventos y a los movimientos de masas que a la vez lideran. ¿Es el líder esclavo de las masas o lo son éstas de aquél?

Lo cierto es la existencia de un pueblo estadounidense republicano, demócrata, progresista o apolítico, etc., decadente e inculto, vulgar e indolente en su gran mayoría y está ligado a su líder y éste expresa las calidades de decadencia estructurales de ellos, del efímero imperio estadounidense que no llegará a los trecientos años, tal cual ocurrió con el imperio mongol, el macedonio, el inca o el imperio napoleónico. Trump, parece ser el Rómulo Augusto de Roma.

Donald Trump: cuando el poder permite mentir, amenazar y ofender

Trump parece ser el Rómulo Augusto de Roma.

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“Estados Unidos es la única nación en la historia que, milagrosamente, ha pasado directamente de la barbarie a la degeneración sin el intervalo habitual de civilización.”

Georges Clemenceau, primer ministro de Francia, 1906-1909. Una variación de tal frase suele atribuirse a Oscar Wilde.

Ver noticias exige control emocional, intelectual y hasta espiritual. Nada altera más, al menos en mi caso, al revisar noticias, donde se expresa Donald Trump, que la suma de mentiras, ambigüedades, ofensas y descaros, a veces ninguna de éstas respondida por sus víctimas de manera contundente. Pero, además los medios de comunicación consolidados de varios países ni los medios alternativos dejan de promover tal degradación del discurso, de tal retórica.

Hace unos meses, en octubre de 2025, varios periodistas en Estados Unidos abandonaron el Pentágono ante las exigencias y condicionamientos dados por el departamento de defensa, que incluía, según AP, Associated Press:

  • Limitaciones en la obtención y publicación de información (incluso no clasificada), que debía estar previamente autorizada por el Pentágono.
  • Riesgo de ser considerados “riesgos de seguridad” y perder las credenciales si solicitaban o reportaban información no aprobada.
  • Restricciones físicas de movimiento dentro del edificio (acceso escoltado en ciertas áreas).

Pero la prensa en general excusada en su derecho y deber a ‘informar’ hacen el juego, particularmente a Trump, siendo éste un fenómeno de marketing informativo sin comparación. Ofrezco así una breve reflexión al respecto.

Producción – consumo de la información

Ya en otros artículos he ofrecido esta metodología de la economía política de la comunicación, (ver autores como Vincent Mosco o Robert McChesney) que toma tal aproximación de análisis de la economía política marxista para extender y explicar cómo y porqué se produce lo que se conoce como retórica; entendida ésta como la puesta en escena de una intensión, dirección o doctrina de los Estados, sus gobiernos y sus representantes.

Así, para el caso del presidente estadounidense Donald Trump, la producción, el lugar donde se construye el mensaje se da en primera instancia de la significativa dominancia o persistencia del lobby sionista sobre las presidencias norteamericanas. De hecho, John Kerry, ex secretario de Estado durante la administración Obama, señaló que siempre, desde la presidencia del propio George Busch hijo, insistió Benjamín Netanyahu en una guerra abierta contra Irán.

Max Blumenthal, en entrevista, señaló que el viaje de Netanyahu a Estados Unidos, previo a la ofensiva del 28 de febrero, supervisó la reunión con militares e inteligencia estadounidense acompañado del jefe del Mosad, en donde se aseguró a Trump que tal ataque de decapitación culminaría en cuarenta y ocho horas con una agitación social de cambio de régimen como correlato. El presidente de EE.UU. aceptó lo que no aceptaron otros presidentes anteriores: dio el visto bueno creyendo en el éxito de ‘guerra relámpago’ al estilo del 3 de enero de 2026, sobre Venezuela.

Además, la información o desinformación se garantiza por el gabinete del presidente, desde Stephen Miller, -subdirector de políticas y asesor de seguridad nacional- actualmente, Steven Bannon en el primer mandato de Trump, John Hegee -líder influyente del cristianismo sionista en Estados Unidos-, Marco Rubio, Jared Kushner o el propio megáfono del discurso radical, agresivo y religioso, Peter Brian Hegseth, ministro de defensa. Pero, no sólo ellos. No hay que olvidar los tanques de pensamiento, que construyen las líneas del interés nacional y en ese sentido a veces, si es necesario, dan un empujón a Trump y construyen su narrativa o la apoyan.

Es importante comprender que esta producción parte de Donald Trump, a pesar de las asesorías o en tensión con éstas. Él ofrece tal comunicación, donde se expresa el ¿para qué? O el ¿hacia dónde? Donald Trump, como todos los presidentes, tiene su estilo y ofrece el ¿cómo? Y éste, el que vemos, es de tono espectacular.

En términos de la distribución – circulación de tal producción, se encuentran las plataformas como Truth Social -propiedad de D. Trump-, X, Fox News, News Max y YouTube; además de sus canales oficiales desde la presidencia estadounidense. Se pueden sumar a ello, los mensajes del presidente replicados por sus seguidores de MAGA -Make American Great Again (Hacer Grande de Nuevo a América)- y otros seguidores en el mundo adscritos desde las élites regionales.

En tal sentido, se distribuye el mensaje mediante tales canales y circula también desde los ya señalados y sus satélites informativos en cadenas latinoamericanas, asiáticas, africanas y europeas. La presentación del mensaje en tales regiones puede matizarse acorde a las características culturales y situaciones locales, como forma de preparar a la audiencia particular, pero dejando intacto el cómo y el para qué.

El consumidor final se divide en: los seguidores, detractores y críticos analistas. Los primeros son la base política que a nivel interno se aglutinan en el movimiento MAGA y en segundo lugar a las masas dormidas periféricas que se afilian por diversas razones bajo una idolatría a EE.UU. a muerte, básicamente por la influencia del adoctrinamiento de las élites locales, que implica la forma en que se construyen e imparten los contenidos y la enseñanza de la historia.

Los detractores son en primera instancia local estadounidense, los demócratas -éstos con ambivalencias e intereses-, activistas, movimientos LGBTI+Q, negritudes, migrantes o población pauperizada en Estados Unidos. En las naciones periféricas se encuentran todos los que consientes de la acción históricamente adversa de los Estados Unidos, avistan en Donald Trump la continuación de esta forma de dominio, saqueo e intervención dada por otros modos y mediante los mismos medios con idénticos fines; por ejemplo, la remasterización de la doctrina Monroe como ‘corolario Trump’ o ‘doctrina Donroe’.

Los críticos analistas a nivel interno, se manifiestan en antiguos miembros del establishment norteamericano que, si bien participaron de la expansión y continuidad del imperio o la hegemonía estadounidense, hoy lucen casi arrepentidos y avergonzados, perplejos por el estilo vulgar, directo, ambiguo, etc., de su presidente. –Estos no son los valores de EE.UU., suelen decir-

Allí se encuentra ex funcionarios de inteligencia, ex asesores, ex militares, ex presidentes, donde se puede mencionar a Ray McGovern, Larry C. Johnson, Scott Ritter, Douglas McGregor, Gail Helt, Larry Pfeiffer, Steven A. Cash, Karen Kwiatkowski, John Brennan, Lawrence Wilkerson, Ray McGovern, Philip Giraldi, entre muchos otros, o militantes decepcionados seguidores del MAGA, como Tucker Carson. También se encuentran notables teóricos académicos como Richard Wolff, Michel Hudson, Gilbert Doctorow, John Mearsheimer, Jeffrey Sachs.

Estas personas también encuentran varios canales, varias veces no medios de información convencionales con alcance mediático significativo, como los programas de Judge Napolitano – Judging Freedom, -con más de 740 mil seguidores-, Glenn Diesen –145 mil seguidores-, Danny Haiphong -41 mil seguidores-, entre muchos otros. Es necesario aclarar que ese es el número de sus seguidores en español y en inglés suman otros cientos de miles. Esto quiere decir que el contra discurso crítico cuenta con plataformas de distribución, circulación de una producción de la crítica propias. Les invito a revisar.

La retórica de Trump: mismo mensaje otro estilo

Si bien se puede adjetivar hasta la náusea sobre el estilo lumpen del presidente estadounidense, el mensaje y proceder esencial no ha variado ni la forma de actuar de las élites de tal país. El propio presidente Vladímir Putin, en una entrevista dada a Oliver Stone e incluso a Tucker Carlson señala que, al ‘negociar’ con funcionarios norteamericanos, éstos no llegan a ofrecer diálogo o conciliación. Llegan los diplomáticos a dar ordenes y coaccionar. Para no ir más lejos, lo mismo dijo el ministro de política exterior iraní Abbas Araghchi, acerca de la mesa de negociaciones con la delegación estadounidense encabezada por el vicepresidente D.J. Vance. Es un diálogo ‘insultante’ y ‘amenazante’.

En ese sentido, D. Trump sólo continúa con el estilo diplomático de coacción de la tradición norteamericana, pero la ofrece dentro de la dimensión pública. Trump es vendedor inmobiliario y es un tipo surgido de los medios y sus escenarios; tales como la lucha libre, realities, cine y demás. En ese sentido, proyecta el cómo enviar el mensaje sin restringir su estilo y su visión del mundo: fascista, racista, egocéntrica y desde allí articular tanto ideas de Estado como personales. Se puede decir que al comunicarse no hay distinción entre sus opiniones personales y las presidenciales. Trump simplemente exhibe: el Estado soy yo.

Podría citar infinidad de momentos de manifestación engañosa, ambigua e insultante. Básicamente, por un lado, le habla a su electorado, a sus compatriotas, a los jefes de Estado, pero al mismo tiempo no le importa mentir en tanto obra de manera diferente o conveniente a sus intereses y no necesariamente éstos coinciden con los de su país. Hay en sí también un desprecio por la prensa, no los considera interlocutores válidos además de depender de qué empresa le preguntan. Está suficientemente documentado la forma en que echa, ridiculiza o humilla a periodistas. La Casa Blanca también ha usado en al menos tres ocasiones, en respuesta ante preguntas de periodistas, como sucedió con Karoline Leavitt, vocera del gobierno, la expresión: ‘fue tu madre’. “Your mom did”

En todo caso en general, como señalé, los Estados Unidos de América no sienten que deban negociar sino dictar. Razón por la que interpreto el estilo de D. Trump, como la expresión de su deterioro cognitivo natural de octogenario, su patología psicológica ya documentada por varios expertos, sus filias y fobias a flor de piel y porque además siente con cada fibra de su ser lo que dice. No creo que sea sólo una intimidación sionista con el chantaje de archivos Epstein. Trump está de acuerdo mayoritariamente con lo que le susurra el lobby sionista.

Considero que él se siente cómodo con la potestad que le da ser el máximo líder de una potencia global. En sí, lo que hace el estilo del presidente no es pensar en lo racional, irracional, bueno o malo, moral o inmoral. Su estilo se basa la posibilidad de proyectar poder estadounidense, basado en el dólar, el petróleo, en su componente militar, económico, cultural ‘American Dream’ -reconocido en bancarrota por el propio Trump- pero también significativamente la proyección de poder comunicacional y propagandista. Ante la pregunta de T. Carlson en entrevista a Vladimir Putin, el presidente ruso señaló: ‘en la guerra de la propaganda es muy difícil derrotar a EE.UU.’

En efecto, Donald Trump es un tipo sin acabados, ni pulimentos intelectuales. Su vocabulario es básico, redundante, esquivo, rimbombante y diluido en una pésima dicción, debida posiblemente a su edad y la afectación del lenguaje por patologías, propias del envejecimiento. Es difícil no reaccionar con crispación ante alguien visiblemente pobre en capacidades para administrar riesgos tan relevantes para la humanidad como el botón nuclear o la seguridad económica del planeta en torno a la energía y tráfico de mercancías.

Existe un viejo debate en la historia y la historiografía, desde Thomas Carlyle, Fernand Braudel, Carl Marx y hasta el propio Lev Tolstoi en Guerra y Paz, acerca de si son los procesos los que forjan los acontecimientos y los hombres que los lideran o son éstos los que producen tales eventos y a los movimientos de masas que a la vez lideran. ¿Es el líder esclavo de las masas o lo son éstas de aquél?

Lo cierto es la existencia de un pueblo estadounidense republicano, demócrata, progresista o apolítico, etc., decadente e inculto, vulgar e indolente en su gran mayoría y está ligado a su líder y éste expresa las calidades de decadencia estructurales de ellos, del efímero imperio estadounidense que no llegará a los trecientos años, tal cual ocurrió con el imperio mongol, el macedonio, el inca o el imperio napoleónico. Trump, parece ser el Rómulo Augusto de Roma.

Trump parece ser el Rómulo Augusto de Roma.

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“Estados Unidos es la única nación en la historia que, milagrosamente, ha pasado directamente de la barbarie a la degeneración sin el intervalo habitual de civilización.”

Georges Clemenceau, primer ministro de Francia, 1906-1909. Una variación de tal frase suele atribuirse a Oscar Wilde.

Ver noticias exige control emocional, intelectual y hasta espiritual. Nada altera más, al menos en mi caso, al revisar noticias, donde se expresa Donald Trump, que la suma de mentiras, ambigüedades, ofensas y descaros, a veces ninguna de éstas respondida por sus víctimas de manera contundente. Pero, además los medios de comunicación consolidados de varios países ni los medios alternativos dejan de promover tal degradación del discurso, de tal retórica.

Hace unos meses, en octubre de 2025, varios periodistas en Estados Unidos abandonaron el Pentágono ante las exigencias y condicionamientos dados por el departamento de defensa, que incluía, según AP, Associated Press:

  • Limitaciones en la obtención y publicación de información (incluso no clasificada), que debía estar previamente autorizada por el Pentágono.
  • Riesgo de ser considerados “riesgos de seguridad” y perder las credenciales si solicitaban o reportaban información no aprobada.
  • Restricciones físicas de movimiento dentro del edificio (acceso escoltado en ciertas áreas).

Pero la prensa en general excusada en su derecho y deber a ‘informar’ hacen el juego, particularmente a Trump, siendo éste un fenómeno de marketing informativo sin comparación. Ofrezco así una breve reflexión al respecto.

Producción – consumo de la información

Ya en otros artículos he ofrecido esta metodología de la economía política de la comunicación, (ver autores como Vincent Mosco o Robert McChesney) que toma tal aproximación de análisis de la economía política marxista para extender y explicar cómo y porqué se produce lo que se conoce como retórica; entendida ésta como la puesta en escena de una intensión, dirección o doctrina de los Estados, sus gobiernos y sus representantes.

Así, para el caso del presidente estadounidense Donald Trump, la producción, el lugar donde se construye el mensaje se da en primera instancia de la significativa dominancia o persistencia del lobby sionista sobre las presidencias norteamericanas. De hecho, John Kerry, ex secretario de Estado durante la administración Obama, señaló que siempre, desde la presidencia del propio George Busch hijo, insistió Benjamín Netanyahu en una guerra abierta contra Irán.

Max Blumenthal, en entrevista, señaló que el viaje de Netanyahu a Estados Unidos, previo a la ofensiva del 28 de febrero, supervisó la reunión con militares e inteligencia estadounidense acompañado del jefe del Mosad, en donde se aseguró a Trump que tal ataque de decapitación culminaría en cuarenta y ocho horas con una agitación social de cambio de régimen como correlato. El presidente de EE.UU. aceptó lo que no aceptaron otros presidentes anteriores: dio el visto bueno creyendo en el éxito de ‘guerra relámpago’ al estilo del 3 de enero de 2026, sobre Venezuela.

Además, la información o desinformación se garantiza por el gabinete del presidente, desde Stephen Miller, -subdirector de políticas y asesor de seguridad nacional- actualmente, Steven Bannon en el primer mandato de Trump, John Hegee -líder influyente del cristianismo sionista en Estados Unidos-, Marco Rubio, Jared Kushner o el propio megáfono del discurso radical, agresivo y religioso, Peter Brian Hegseth, ministro de defensa. Pero, no sólo ellos. No hay que olvidar los tanques de pensamiento, que construyen las líneas del interés nacional y en ese sentido a veces, si es necesario, dan un empujón a Trump y construyen su narrativa o la apoyan.

Es importante comprender que esta producción parte de Donald Trump, a pesar de las asesorías o en tensión con éstas. Él ofrece tal comunicación, donde se expresa el ¿para qué? O el ¿hacia dónde? Donald Trump, como todos los presidentes, tiene su estilo y ofrece el ¿cómo? Y éste, el que vemos, es de tono espectacular.

En términos de la distribución – circulación de tal producción, se encuentran las plataformas como Truth Social -propiedad de D. Trump-, X, Fox News, News Max y YouTube; además de sus canales oficiales desde la presidencia estadounidense. Se pueden sumar a ello, los mensajes del presidente replicados por sus seguidores de MAGA -Make American Great Again (Hacer Grande de Nuevo a América)- y otros seguidores en el mundo adscritos desde las élites regionales.

En tal sentido, se distribuye el mensaje mediante tales canales y circula también desde los ya señalados y sus satélites informativos en cadenas latinoamericanas, asiáticas, africanas y europeas. La presentación del mensaje en tales regiones puede matizarse acorde a las características culturales y situaciones locales, como forma de preparar a la audiencia particular, pero dejando intacto el cómo y el para qué.

El consumidor final se divide en: los seguidores, detractores y críticos analistas. Los primeros son la base política que a nivel interno se aglutinan en el movimiento MAGA y en segundo lugar a las masas dormidas periféricas que se afilian por diversas razones bajo una idolatría a EE.UU. a muerte, básicamente por la influencia del adoctrinamiento de las élites locales, que implica la forma en que se construyen e imparten los contenidos y la enseñanza de la historia.

Los detractores son en primera instancia local estadounidense, los demócratas -éstos con ambivalencias e intereses-, activistas, movimientos LGBTI+Q, negritudes, migrantes o población pauperizada en Estados Unidos. En las naciones periféricas se encuentran todos los que consientes de la acción históricamente adversa de los Estados Unidos, avistan en Donald Trump la continuación de esta forma de dominio, saqueo e intervención dada por otros modos y mediante los mismos medios con idénticos fines; por ejemplo, la remasterización de la doctrina Monroe como ‘corolario Trump’ o ‘doctrina Donroe’.

Los críticos analistas a nivel interno, se manifiestan en antiguos miembros del establishment norteamericano que, si bien participaron de la expansión y continuidad del imperio o la hegemonía estadounidense, hoy lucen casi arrepentidos y avergonzados, perplejos por el estilo vulgar, directo, ambiguo, etc., de su presidente. –Estos no son los valores de EE.UU., suelen decir-

Allí se encuentra ex funcionarios de inteligencia, ex asesores, ex militares, ex presidentes, donde se puede mencionar a Ray McGovern, Larry C. Johnson, Scott Ritter, Douglas McGregor, Gail Helt, Larry Pfeiffer, Steven A. Cash, Karen Kwiatkowski, John Brennan, Lawrence Wilkerson, Ray McGovern, Philip Giraldi, entre muchos otros, o militantes decepcionados seguidores del MAGA, como Tucker Carson. También se encuentran notables teóricos académicos como Richard Wolff, Michel Hudson, Gilbert Doctorow, John Mearsheimer, Jeffrey Sachs.

Estas personas también encuentran varios canales, varias veces no medios de información convencionales con alcance mediático significativo, como los programas de Judge Napolitano – Judging Freedom, -con más de 740 mil seguidores-, Glenn Diesen –145 mil seguidores-, Danny Haiphong -41 mil seguidores-, entre muchos otros. Es necesario aclarar que ese es el número de sus seguidores en español y en inglés suman otros cientos de miles. Esto quiere decir que el contra discurso crítico cuenta con plataformas de distribución, circulación de una producción de la crítica propias. Les invito a revisar.

La retórica de Trump: mismo mensaje otro estilo

Si bien se puede adjetivar hasta la náusea sobre el estilo lumpen del presidente estadounidense, el mensaje y proceder esencial no ha variado ni la forma de actuar de las élites de tal país. El propio presidente Vladímir Putin, en una entrevista dada a Oliver Stone e incluso a Tucker Carlson señala que, al ‘negociar’ con funcionarios norteamericanos, éstos no llegan a ofrecer diálogo o conciliación. Llegan los diplomáticos a dar ordenes y coaccionar. Para no ir más lejos, lo mismo dijo el ministro de política exterior iraní Abbas Araghchi, acerca de la mesa de negociaciones con la delegación estadounidense encabezada por el vicepresidente D.J. Vance. Es un diálogo ‘insultante’ y ‘amenazante’.

En ese sentido, D. Trump sólo continúa con el estilo diplomático de coacción de la tradición norteamericana, pero la ofrece dentro de la dimensión pública. Trump es vendedor inmobiliario y es un tipo surgido de los medios y sus escenarios; tales como la lucha libre, realities, cine y demás. En ese sentido, proyecta el cómo enviar el mensaje sin restringir su estilo y su visión del mundo: fascista, racista, egocéntrica y desde allí articular tanto ideas de Estado como personales. Se puede decir que al comunicarse no hay distinción entre sus opiniones personales y las presidenciales. Trump simplemente exhibe: el Estado soy yo.

Podría citar infinidad de momentos de manifestación engañosa, ambigua e insultante. Básicamente, por un lado, le habla a su electorado, a sus compatriotas, a los jefes de Estado, pero al mismo tiempo no le importa mentir en tanto obra de manera diferente o conveniente a sus intereses y no necesariamente éstos coinciden con los de su país. Hay en sí también un desprecio por la prensa, no los considera interlocutores válidos además de depender de qué empresa le preguntan. Está suficientemente documentado la forma en que echa, ridiculiza o humilla a periodistas. La Casa Blanca también ha usado en al menos tres ocasiones, en respuesta ante preguntas de periodistas, como sucedió con Karoline Leavitt, vocera del gobierno, la expresión: ‘fue tu madre’. “Your mom did”

En todo caso en general, como señalé, los Estados Unidos de América no sienten que deban negociar sino dictar. Razón por la que interpreto el estilo de D. Trump, como la expresión de su deterioro cognitivo natural de octogenario, su patología psicológica ya documentada por varios expertos, sus filias y fobias a flor de piel y porque además siente con cada fibra de su ser lo que dice. No creo que sea sólo una intimidación sionista con el chantaje de archivos Epstein. Trump está de acuerdo mayoritariamente con lo que le susurra el lobby sionista.

Considero que él se siente cómodo con la potestad que le da ser el máximo líder de una potencia global. En sí, lo que hace el estilo del presidente no es pensar en lo racional, irracional, bueno o malo, moral o inmoral. Su estilo se basa la posibilidad de proyectar poder estadounidense, basado en el dólar, el petróleo, en su componente militar, económico, cultural ‘American Dream’ -reconocido en bancarrota por el propio Trump- pero también significativamente la proyección de poder comunicacional y propagandista. Ante la pregunta de T. Carlson en entrevista a Vladimir Putin, el presidente ruso señaló: ‘en la guerra de la propaganda es muy difícil derrotar a EE.UU.’

En efecto, Donald Trump es un tipo sin acabados, ni pulimentos intelectuales. Su vocabulario es básico, redundante, esquivo, rimbombante y diluido en una pésima dicción, debida posiblemente a su edad y la afectación del lenguaje por patologías, propias del envejecimiento. Es difícil no reaccionar con crispación ante alguien visiblemente pobre en capacidades para administrar riesgos tan relevantes para la humanidad como el botón nuclear o la seguridad económica del planeta en torno a la energía y tráfico de mercancías.

Existe un viejo debate en la historia y la historiografía, desde Thomas Carlyle, Fernand Braudel, Carl Marx y hasta el propio Lev Tolstoi en Guerra y Paz, acerca de si son los procesos los que forjan los acontecimientos y los hombres que los lideran o son éstos los que producen tales eventos y a los movimientos de masas que a la vez lideran. ¿Es el líder esclavo de las masas o lo son éstas de aquél?

Lo cierto es la existencia de un pueblo estadounidense republicano, demócrata, progresista o apolítico, etc., decadente e inculto, vulgar e indolente en su gran mayoría y está ligado a su líder y éste expresa las calidades de decadencia estructurales de ellos, del efímero imperio estadounidense que no llegará a los trecientos años, tal cual ocurrió con el imperio mongol, el macedonio, el inca o el imperio napoleónico. Trump, parece ser el Rómulo Augusto de Roma.

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