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Jhosman Barbosa
October 5, 2026
© SCF

Merz caminó por Kiev. Hay una foto de él andando por ahí en una calle. Pero no es sólo él. En sus zapatos resopla toda la frustración de toda la Alemania neonazi.

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Escríbenos: info@strategic-culture.su

No hay mejor tranquilizante que un Martini seco. Lo leí en una revista femenina. […] Desafortunadamente estos vasos no son los correctos, los estilos cambian.

Para un Martini seco, lo ideal es una copa en forma de cono.

____///____

 Obispo: He oído que es un país magnífico: la Gran Cordillera, las pampas…
Embajador: La pampa está en Argentina, monseñor.
Obispo: La pampa. Por supuesto. […] Había fotos de tus antiguas pirámides.
Embajador: No tenemos pirámides en Miranda.

Luis Buñuel 1972 “El discreto encanto de la burguesía” Fragmentos.

Friedrich Merz, actual canciller alemán, con lazos y devociones por el nazismo, -como su abuelo paterno Josef Paul Sauvigny, quien fuera afiliado al Partido Nacionalsocialista Alemán (National Sozialistische Deutsche Arbeiter Partei NSDAP) del partido Nazi y que también estuvo en las S.A. (Sturmabteilung – sección de asalto) así como su padre, Joachim; soldado de la Wehrmacht- caminó por Kiev este pasado domingo cuatro de octubre, mismo día en que su país celebra ‘la unidad alemana’.

En un arrebato desesperado entre su propia realidad de fracaso en las urnas y el delirio de la revancha nazi que se le escapa de las manos en el frente ucraniano contra la Federación Rusa, heredera del triunfo soviético de 1945, Merz, uno de los peores políticos que riñe en mediocridad con otros como Macron, Meloni, Sánchez y los incontables primeros ministros ingleses, arribó a decirle a Zelensky que contara con Alemania, o sea, con el dinero de los alemanes en quiebra energética y que deben cumplir con el sagrado mandamiento dejado por Angela Merkel de pagar cuotas mensuales a migrantes africanos para que vivan mejor que los ciudadanos alemanes.

Pero, ¿contar con cuál Alemania? – se podría preguntar el propio Neonazi Zelensky. De hecho, de paso le dijo que solo podría entrar Ucrania a la Unión Europea en calidad de observador. Zelensky respondió que, o entran como socios con plenos derechos o no entran.

Merz viajó al menos dos veces como líder de la oposición a Kiev y tan pronto fue nombrado primer ministro -como lo hizo su par inglés, Andy Burnham- fue a Kiev en visita oficial a ofrecer más armas, dinero, cooperación industrial para desarrollo de drones y apoyo. Todo ello bajo el mantra de: ‘Rusia quiere invadir Europa’, o, ‘si no ayudamos a Ucrania, seremos los próximos’.

En otras ocasiones cuando iban de visita altos funcionarios europeos, Rusia mermaba las hostilidades y la capital ucraniana descansaba de los bombardeos; tal como señaló Zelensky durante la visita de Steve Witkoff y Jared Kushner en el mes de septiembre. Tales bombardeos intensificados como retaliación rusa a los ataques a civiles y centros energéticos en la Rusia profunda.

Es claro que los viajes a Ucrania de Merz, así como de otros europeos con herencias nazis, implica una peregrinación santa a esa punta de lanza que logrará, con la ayuda de las almas de todos los nazis bien muertos, sepultos e insepultos entre 1939 y 45, derrotar a los eslavos herederos soviéticos, a esos ‘orcos’ como suelen llamarles a los rusos.

Esta peregrinación es mística. Además, es el reto a ser un mártir por aniquilación de algún drone Geran, un misil Kinzhal, tal vez por un Skander M y por qué no, ser atomizado por un Oréshnik. Esto es una posibilidad latente. Los altos mandos rusos instaron a no viajar a Ucrania. Ya hay bombardeos a los puentes de Kiev. Quedará cerrada como una isla al otro lado del Dniéper. Es posible que esta sea la última vez que un europeo vaya a Kiev y salga vivo.

Así, Merz, un derrotado pronazi de hueso colorado se paseó una vez más por la capital ucraniana. La escena es tan absurda y cosmética como las escenas de la película de Buñuel, El discreto encanto de la burguesía, con las que inicio este escrito.

Aquella comedia hecha por un renombrado surrealista, utiliza la sátira y el refinamiento sobreactuado de burgueses que cada vez que intentan cenar juntos son interrumpidos por situaciones absurdas. Como señalan en el análisis crítico de la película:

Cada vez que están a punto de sentarse a la mesa, algo absurdo o inquietante interrumpe el acto: confusiones de horario, la muerte del dueño de un restaurante, un pelotón militar, un obispo que aparece de repente, sueños que se confunden con la realidad, etc.

La película no tiene una trama lineal clásica. Es una sucesión de intentos fallidos de cenar, intercalados con sueños de los personajes y situaciones cada vez más surrealistas. El acto de comer (símbolo de civilización, placer y status) se convierte en algo imposible. […]

Pero es precisamente esto lo que la obra señala en última instancia: la vida que llevan los individuos que forman parte de la alta burguesía es irreal, un espejismo, un islote en medio del océano de la verdadera realidad. A pesar de que su aislamiento propicia el empobrecimiento del resto del mundo, ni siquiera de este modo logran ser felices y esta frustración se ve reflejada en especial en la imposibilidad de conseguir lo que con más ímpetu desean, simbolizado aquí por la comida que no consiguen disfrutar nunca y por la inconveniencia de practicar sexo cuando y con quien desean.

Merz vive el discreto ‘desencanto’ de encarnar a un nazi de tercera generación sin chance de ganar lo que tampoco ganaron abuelo y padre. Merz es como una película que además de hablar de la mediocridad y la derrota, es de bajo presupuesto, reforzando por inercia la idea de derrota y mediocridad.

Se pasea por Kiev, una vez más, con el anhelo y el espejismo febril, nada discreto de triunfar sobre Rusia.

Lo que en la película es para los burgueses el deseo frustrado de ser felices en una cena, como hecho imposible lo es para Merz el no ser un nazi triunfando sobre un heredero de los padres y abuelos soviéticos. Además, Merz en realidad ha encarnado ya la personificación del desfase, de la ubicuidad errática: ¿Por qué sale de Alemania el día que allí celebran el día de la unidad alemana?

Merz sale de allí porque esa Alemania, esa que lo derrotó en las urnas hace unas semanas, no sustenta a la nación germana de su imaginación. Aquel campo onírico de Buñuel toma sentido en este ‘loco’ transeúnte por Kiev. Lo que danza en la amplia frente de Merz está hecho de esvásticas, columnas enormes, águilas imperiales, runas, antorchas, cuerpos esculpidos a imagen del ario que soñó su ídolo, Adolfo.

El día de la unidad alemana, habrá negros y musulmanes, quizá latinos, fornicando con las mujeres alemanas. Eso sí, a la luz de ‘antorchas’, debido a la crisis energética que asumieron Olaf Schulz y su gobierno de abyectos, al avalar el ‘Ka boom’ del Nord Stream.

Cada vez que quiere sentarse a la mesa con Zelensky, éste le recuerda que es el monstruo que creó la Unión Europea y EE.UU. y que le han subestimado como un simple histrión. Entonces, la cena fracasa. El ‘duende verde’ acosado por los neonazis de Azov sólo repite los mantras de ‘más dinero’, ‘pago a funcionarios’’, dinero para la guerra’, ‘escudo antimisiles’, ‘ingreso a la OTAN y a U.E.’ etc. La cena se frustra, pero es necesaria la esperanza para continuar con la trama, el anhelo por lograr la gran cena final: derrotar a Rusia.

Como en la descripción de la película, la vida de estos capitalistas, tecnócratas, burgueses neonazis empobrece a sus sociedades. Mientras, la cena anhelada que costará mucho dinero, se escapa entre el realismo de la incapacidad alemana por un rearme eficiente y donde sus jóvenes no desean prestar servicio militar, no hay dinero y su base industrial está rezagada al menos quince años detrás de la rusa.

Siempre que Merz se quiere sentar a cenar sabe que algo pasará y está pasando: Rusia sigue avanzando hacia occidente, para ubicarse allí, en esas calles donde aún él y el neonazi Volodómir caminan. Sólo queda un 9% del Donbás en manos de los ucronazis respaldados por la OTAN. El sueño húmedo de este nazi está por finalizar.

Al igual que la forma en que Buñuel dispuso ese ‘encanto’ burgués, la trama hecha por Merz, y toda su camarilla europea sufre de confusiones de horario, no linealidad y coherencia en el discurso, lo que deviene en la eterna frustración de no lograr lo que con tanto ímpetu desean.

Por ejemplo, el señor Friedrich ha señalado varias veces que Rusia es débil y va perdiendo la guerra y que por eso es clave apoyar a Ucrania. Por otro, dice que de ganar Rusia avanzará hacia Europa. Entonces, o es débil y puede ser derrotada o es fuerte y puede avanzar hacia Europa. No puede ser las dos cosas.

En cuestión de tiempos, tampoco le da o les da a los nazis y europeos colaboradores de éstos. No hace falta sino ver las más de treinta mil sanciones impuestas a Rusia para comprender cómo sus cálculos de tiempo sobre una Rusia que caerá, cada vez de manera definitiva, han fracasado. Más de veinte veces la cena surrealista, la cena antropofágica devoradora de rusos y Rusia se ha frustrado.

También han apostado a que, con el tiempo, el presidente Putin perdería apoyo de la sociedad y, por el contrario, su partido Rusia Unida, lideró y aumentó posiciones en la pasada jornada electoral, que fue acechada por drones y ataques ucronazis. De nuevo, el burgués nazi no comió.

Las declaraciones de Merz acerca de Rusia nunca han sido amables. El gobierno alemán se encuentra en pie de guerra con los puños apretados, impotente y alucinando. En la asamblea anual de Naciones Unidas, la parte alemana solicitó a los rusos una reunión. La misma duró veinte minutos, tiempo suficiente para insultar al canciller Lavrov y fijar ultimátum a Rusia:

El contenido de la conversación se centró en la guerra en Ucrania y las relaciones bilaterales. Wadephul exhortó al Kremlin a “abandonar la peligrosa senda de escalada frente a Alemania, Europa y la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte)”, citó una fuente alemana recogida por Reuters y AP. El ministro germano también insistió en que Rusia debe facilitar un acuerdo para reactivar las exportaciones de cereales por el mar Negro, afectadas por ataques a infraestructuras y barcos de ambos países.

No obstante, Lavrov aseguró que “no surgió nada nuevo” tras el diálogo, y posteriormente aprovechó su discurso ante la Asamblea General para reforzar la postura rusa sobre la guerra e intensificar las críticas contra Occidente, incluida Alemania. El ambiente previo al encuentro estuvo marcado por señalamientos bilaterales: Wadephul denunció crímenes de guerra rusos en Ucrania y abogó por incrementar la presión internacional sobre Moscú, al tiempo que expresó desconfianza sobre la voluntad real del Kremlin de negociar la paz.

Es una clara ofensa al canciller y el pueblo rusos, citar a éste a una reunión en donde le exige lo que se vio en los párrafos anteriores. Los alemanes neonazis quieren cenar y no pueden. Se frustran y explotan a su pueblo.

En contra eso sí de cualquier libreto surrealista de Luis Buñuel, quien no tuvo tanta creatividad o no conocía ni imaginaba este tipo de burgués, los alemanes mientras izan su brazo derecho con los dedos puestos como una saeta para saludar el alma de Hitler, de una esvástica o a la raza blanca superior, entregan los vientres de sus mujeres y los impuestos de sus ciudadanos a comensales no arios. Otra escena absurda de esta película de bajo presupuesto.

Merz caminó por Kiev. Hay una foto de él andando por ahí en una calle. Pero no es sólo él. En sus zapatos resopla toda la frustración de toda la Alemania neonazi; el discreto y terrible desencanto de ser perdedores, para fortuna del mundo una vez más en menos de cien años y nuevamente gracias a Rusia. Ojalá ahora desaparezcan para siempre. ‘Good Bye Merz’.

El discreto «desencanto» de ser nazi: Friedrich Merz camina por Kiev

Merz caminó por Kiev. Hay una foto de él andando por ahí en una calle. Pero no es sólo él. En sus zapatos resopla toda la frustración de toda la Alemania neonazi.

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Escríbenos: info@strategic-culture.su

No hay mejor tranquilizante que un Martini seco. Lo leí en una revista femenina. […] Desafortunadamente estos vasos no son los correctos, los estilos cambian.

Para un Martini seco, lo ideal es una copa en forma de cono.

____///____

 Obispo: He oído que es un país magnífico: la Gran Cordillera, las pampas…
Embajador: La pampa está en Argentina, monseñor.
Obispo: La pampa. Por supuesto. […] Había fotos de tus antiguas pirámides.
Embajador: No tenemos pirámides en Miranda.

Luis Buñuel 1972 “El discreto encanto de la burguesía” Fragmentos.

Friedrich Merz, actual canciller alemán, con lazos y devociones por el nazismo, -como su abuelo paterno Josef Paul Sauvigny, quien fuera afiliado al Partido Nacionalsocialista Alemán (National Sozialistische Deutsche Arbeiter Partei NSDAP) del partido Nazi y que también estuvo en las S.A. (Sturmabteilung – sección de asalto) así como su padre, Joachim; soldado de la Wehrmacht- caminó por Kiev este pasado domingo cuatro de octubre, mismo día en que su país celebra ‘la unidad alemana’.

En un arrebato desesperado entre su propia realidad de fracaso en las urnas y el delirio de la revancha nazi que se le escapa de las manos en el frente ucraniano contra la Federación Rusa, heredera del triunfo soviético de 1945, Merz, uno de los peores políticos que riñe en mediocridad con otros como Macron, Meloni, Sánchez y los incontables primeros ministros ingleses, arribó a decirle a Zelensky que contara con Alemania, o sea, con el dinero de los alemanes en quiebra energética y que deben cumplir con el sagrado mandamiento dejado por Angela Merkel de pagar cuotas mensuales a migrantes africanos para que vivan mejor que los ciudadanos alemanes.

Pero, ¿contar con cuál Alemania? – se podría preguntar el propio Neonazi Zelensky. De hecho, de paso le dijo que solo podría entrar Ucrania a la Unión Europea en calidad de observador. Zelensky respondió que, o entran como socios con plenos derechos o no entran.

Merz viajó al menos dos veces como líder de la oposición a Kiev y tan pronto fue nombrado primer ministro -como lo hizo su par inglés, Andy Burnham- fue a Kiev en visita oficial a ofrecer más armas, dinero, cooperación industrial para desarrollo de drones y apoyo. Todo ello bajo el mantra de: ‘Rusia quiere invadir Europa’, o, ‘si no ayudamos a Ucrania, seremos los próximos’.

En otras ocasiones cuando iban de visita altos funcionarios europeos, Rusia mermaba las hostilidades y la capital ucraniana descansaba de los bombardeos; tal como señaló Zelensky durante la visita de Steve Witkoff y Jared Kushner en el mes de septiembre. Tales bombardeos intensificados como retaliación rusa a los ataques a civiles y centros energéticos en la Rusia profunda.

Es claro que los viajes a Ucrania de Merz, así como de otros europeos con herencias nazis, implica una peregrinación santa a esa punta de lanza que logrará, con la ayuda de las almas de todos los nazis bien muertos, sepultos e insepultos entre 1939 y 45, derrotar a los eslavos herederos soviéticos, a esos ‘orcos’ como suelen llamarles a los rusos.

Esta peregrinación es mística. Además, es el reto a ser un mártir por aniquilación de algún drone Geran, un misil Kinzhal, tal vez por un Skander M y por qué no, ser atomizado por un Oréshnik. Esto es una posibilidad latente. Los altos mandos rusos instaron a no viajar a Ucrania. Ya hay bombardeos a los puentes de Kiev. Quedará cerrada como una isla al otro lado del Dniéper. Es posible que esta sea la última vez que un europeo vaya a Kiev y salga vivo.

Así, Merz, un derrotado pronazi de hueso colorado se paseó una vez más por la capital ucraniana. La escena es tan absurda y cosmética como las escenas de la película de Buñuel, El discreto encanto de la burguesía, con las que inicio este escrito.

Aquella comedia hecha por un renombrado surrealista, utiliza la sátira y el refinamiento sobreactuado de burgueses que cada vez que intentan cenar juntos son interrumpidos por situaciones absurdas. Como señalan en el análisis crítico de la película:

Cada vez que están a punto de sentarse a la mesa, algo absurdo o inquietante interrumpe el acto: confusiones de horario, la muerte del dueño de un restaurante, un pelotón militar, un obispo que aparece de repente, sueños que se confunden con la realidad, etc.

La película no tiene una trama lineal clásica. Es una sucesión de intentos fallidos de cenar, intercalados con sueños de los personajes y situaciones cada vez más surrealistas. El acto de comer (símbolo de civilización, placer y status) se convierte en algo imposible. […]

Pero es precisamente esto lo que la obra señala en última instancia: la vida que llevan los individuos que forman parte de la alta burguesía es irreal, un espejismo, un islote en medio del océano de la verdadera realidad. A pesar de que su aislamiento propicia el empobrecimiento del resto del mundo, ni siquiera de este modo logran ser felices y esta frustración se ve reflejada en especial en la imposibilidad de conseguir lo que con más ímpetu desean, simbolizado aquí por la comida que no consiguen disfrutar nunca y por la inconveniencia de practicar sexo cuando y con quien desean.

Merz vive el discreto ‘desencanto’ de encarnar a un nazi de tercera generación sin chance de ganar lo que tampoco ganaron abuelo y padre. Merz es como una película que además de hablar de la mediocridad y la derrota, es de bajo presupuesto, reforzando por inercia la idea de derrota y mediocridad.

Se pasea por Kiev, una vez más, con el anhelo y el espejismo febril, nada discreto de triunfar sobre Rusia.

Lo que en la película es para los burgueses el deseo frustrado de ser felices en una cena, como hecho imposible lo es para Merz el no ser un nazi triunfando sobre un heredero de los padres y abuelos soviéticos. Además, Merz en realidad ha encarnado ya la personificación del desfase, de la ubicuidad errática: ¿Por qué sale de Alemania el día que allí celebran el día de la unidad alemana?

Merz sale de allí porque esa Alemania, esa que lo derrotó en las urnas hace unas semanas, no sustenta a la nación germana de su imaginación. Aquel campo onírico de Buñuel toma sentido en este ‘loco’ transeúnte por Kiev. Lo que danza en la amplia frente de Merz está hecho de esvásticas, columnas enormes, águilas imperiales, runas, antorchas, cuerpos esculpidos a imagen del ario que soñó su ídolo, Adolfo.

El día de la unidad alemana, habrá negros y musulmanes, quizá latinos, fornicando con las mujeres alemanas. Eso sí, a la luz de ‘antorchas’, debido a la crisis energética que asumieron Olaf Schulz y su gobierno de abyectos, al avalar el ‘Ka boom’ del Nord Stream.

Cada vez que quiere sentarse a la mesa con Zelensky, éste le recuerda que es el monstruo que creó la Unión Europea y EE.UU. y que le han subestimado como un simple histrión. Entonces, la cena fracasa. El ‘duende verde’ acosado por los neonazis de Azov sólo repite los mantras de ‘más dinero’, ‘pago a funcionarios’’, dinero para la guerra’, ‘escudo antimisiles’, ‘ingreso a la OTAN y a U.E.’ etc. La cena se frustra, pero es necesaria la esperanza para continuar con la trama, el anhelo por lograr la gran cena final: derrotar a Rusia.

Como en la descripción de la película, la vida de estos capitalistas, tecnócratas, burgueses neonazis empobrece a sus sociedades. Mientras, la cena anhelada que costará mucho dinero, se escapa entre el realismo de la incapacidad alemana por un rearme eficiente y donde sus jóvenes no desean prestar servicio militar, no hay dinero y su base industrial está rezagada al menos quince años detrás de la rusa.

Siempre que Merz se quiere sentar a cenar sabe que algo pasará y está pasando: Rusia sigue avanzando hacia occidente, para ubicarse allí, en esas calles donde aún él y el neonazi Volodómir caminan. Sólo queda un 9% del Donbás en manos de los ucronazis respaldados por la OTAN. El sueño húmedo de este nazi está por finalizar.

Al igual que la forma en que Buñuel dispuso ese ‘encanto’ burgués, la trama hecha por Merz, y toda su camarilla europea sufre de confusiones de horario, no linealidad y coherencia en el discurso, lo que deviene en la eterna frustración de no lograr lo que con tanto ímpetu desean.

Por ejemplo, el señor Friedrich ha señalado varias veces que Rusia es débil y va perdiendo la guerra y que por eso es clave apoyar a Ucrania. Por otro, dice que de ganar Rusia avanzará hacia Europa. Entonces, o es débil y puede ser derrotada o es fuerte y puede avanzar hacia Europa. No puede ser las dos cosas.

En cuestión de tiempos, tampoco le da o les da a los nazis y europeos colaboradores de éstos. No hace falta sino ver las más de treinta mil sanciones impuestas a Rusia para comprender cómo sus cálculos de tiempo sobre una Rusia que caerá, cada vez de manera definitiva, han fracasado. Más de veinte veces la cena surrealista, la cena antropofágica devoradora de rusos y Rusia se ha frustrado.

También han apostado a que, con el tiempo, el presidente Putin perdería apoyo de la sociedad y, por el contrario, su partido Rusia Unida, lideró y aumentó posiciones en la pasada jornada electoral, que fue acechada por drones y ataques ucronazis. De nuevo, el burgués nazi no comió.

Las declaraciones de Merz acerca de Rusia nunca han sido amables. El gobierno alemán se encuentra en pie de guerra con los puños apretados, impotente y alucinando. En la asamblea anual de Naciones Unidas, la parte alemana solicitó a los rusos una reunión. La misma duró veinte minutos, tiempo suficiente para insultar al canciller Lavrov y fijar ultimátum a Rusia:

El contenido de la conversación se centró en la guerra en Ucrania y las relaciones bilaterales. Wadephul exhortó al Kremlin a “abandonar la peligrosa senda de escalada frente a Alemania, Europa y la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte)”, citó una fuente alemana recogida por Reuters y AP. El ministro germano también insistió en que Rusia debe facilitar un acuerdo para reactivar las exportaciones de cereales por el mar Negro, afectadas por ataques a infraestructuras y barcos de ambos países.

No obstante, Lavrov aseguró que “no surgió nada nuevo” tras el diálogo, y posteriormente aprovechó su discurso ante la Asamblea General para reforzar la postura rusa sobre la guerra e intensificar las críticas contra Occidente, incluida Alemania. El ambiente previo al encuentro estuvo marcado por señalamientos bilaterales: Wadephul denunció crímenes de guerra rusos en Ucrania y abogó por incrementar la presión internacional sobre Moscú, al tiempo que expresó desconfianza sobre la voluntad real del Kremlin de negociar la paz.

Es una clara ofensa al canciller y el pueblo rusos, citar a éste a una reunión en donde le exige lo que se vio en los párrafos anteriores. Los alemanes neonazis quieren cenar y no pueden. Se frustran y explotan a su pueblo.

En contra eso sí de cualquier libreto surrealista de Luis Buñuel, quien no tuvo tanta creatividad o no conocía ni imaginaba este tipo de burgués, los alemanes mientras izan su brazo derecho con los dedos puestos como una saeta para saludar el alma de Hitler, de una esvástica o a la raza blanca superior, entregan los vientres de sus mujeres y los impuestos de sus ciudadanos a comensales no arios. Otra escena absurda de esta película de bajo presupuesto.

Merz caminó por Kiev. Hay una foto de él andando por ahí en una calle. Pero no es sólo él. En sus zapatos resopla toda la frustración de toda la Alemania neonazi; el discreto y terrible desencanto de ser perdedores, para fortuna del mundo una vez más en menos de cien años y nuevamente gracias a Rusia. Ojalá ahora desaparezcan para siempre. ‘Good Bye Merz’.

Merz caminó por Kiev. Hay una foto de él andando por ahí en una calle. Pero no es sólo él. En sus zapatos resopla toda la frustración de toda la Alemania neonazi.

Únete a nosotros en Telegram , X y VK .

Escríbenos: info@strategic-culture.su

No hay mejor tranquilizante que un Martini seco. Lo leí en una revista femenina. […] Desafortunadamente estos vasos no son los correctos, los estilos cambian.

Para un Martini seco, lo ideal es una copa en forma de cono.

____///____

 Obispo: He oído que es un país magnífico: la Gran Cordillera, las pampas…
Embajador: La pampa está en Argentina, monseñor.
Obispo: La pampa. Por supuesto. […] Había fotos de tus antiguas pirámides.
Embajador: No tenemos pirámides en Miranda.

Luis Buñuel 1972 “El discreto encanto de la burguesía” Fragmentos.

Friedrich Merz, actual canciller alemán, con lazos y devociones por el nazismo, -como su abuelo paterno Josef Paul Sauvigny, quien fuera afiliado al Partido Nacionalsocialista Alemán (National Sozialistische Deutsche Arbeiter Partei NSDAP) del partido Nazi y que también estuvo en las S.A. (Sturmabteilung – sección de asalto) así como su padre, Joachim; soldado de la Wehrmacht- caminó por Kiev este pasado domingo cuatro de octubre, mismo día en que su país celebra ‘la unidad alemana’.

En un arrebato desesperado entre su propia realidad de fracaso en las urnas y el delirio de la revancha nazi que se le escapa de las manos en el frente ucraniano contra la Federación Rusa, heredera del triunfo soviético de 1945, Merz, uno de los peores políticos que riñe en mediocridad con otros como Macron, Meloni, Sánchez y los incontables primeros ministros ingleses, arribó a decirle a Zelensky que contara con Alemania, o sea, con el dinero de los alemanes en quiebra energética y que deben cumplir con el sagrado mandamiento dejado por Angela Merkel de pagar cuotas mensuales a migrantes africanos para que vivan mejor que los ciudadanos alemanes.

Pero, ¿contar con cuál Alemania? – se podría preguntar el propio Neonazi Zelensky. De hecho, de paso le dijo que solo podría entrar Ucrania a la Unión Europea en calidad de observador. Zelensky respondió que, o entran como socios con plenos derechos o no entran.

Merz viajó al menos dos veces como líder de la oposición a Kiev y tan pronto fue nombrado primer ministro -como lo hizo su par inglés, Andy Burnham- fue a Kiev en visita oficial a ofrecer más armas, dinero, cooperación industrial para desarrollo de drones y apoyo. Todo ello bajo el mantra de: ‘Rusia quiere invadir Europa’, o, ‘si no ayudamos a Ucrania, seremos los próximos’.

En otras ocasiones cuando iban de visita altos funcionarios europeos, Rusia mermaba las hostilidades y la capital ucraniana descansaba de los bombardeos; tal como señaló Zelensky durante la visita de Steve Witkoff y Jared Kushner en el mes de septiembre. Tales bombardeos intensificados como retaliación rusa a los ataques a civiles y centros energéticos en la Rusia profunda.

Es claro que los viajes a Ucrania de Merz, así como de otros europeos con herencias nazis, implica una peregrinación santa a esa punta de lanza que logrará, con la ayuda de las almas de todos los nazis bien muertos, sepultos e insepultos entre 1939 y 45, derrotar a los eslavos herederos soviéticos, a esos ‘orcos’ como suelen llamarles a los rusos.

Esta peregrinación es mística. Además, es el reto a ser un mártir por aniquilación de algún drone Geran, un misil Kinzhal, tal vez por un Skander M y por qué no, ser atomizado por un Oréshnik. Esto es una posibilidad latente. Los altos mandos rusos instaron a no viajar a Ucrania. Ya hay bombardeos a los puentes de Kiev. Quedará cerrada como una isla al otro lado del Dniéper. Es posible que esta sea la última vez que un europeo vaya a Kiev y salga vivo.

Así, Merz, un derrotado pronazi de hueso colorado se paseó una vez más por la capital ucraniana. La escena es tan absurda y cosmética como las escenas de la película de Buñuel, El discreto encanto de la burguesía, con las que inicio este escrito.

Aquella comedia hecha por un renombrado surrealista, utiliza la sátira y el refinamiento sobreactuado de burgueses que cada vez que intentan cenar juntos son interrumpidos por situaciones absurdas. Como señalan en el análisis crítico de la película:

Cada vez que están a punto de sentarse a la mesa, algo absurdo o inquietante interrumpe el acto: confusiones de horario, la muerte del dueño de un restaurante, un pelotón militar, un obispo que aparece de repente, sueños que se confunden con la realidad, etc.

La película no tiene una trama lineal clásica. Es una sucesión de intentos fallidos de cenar, intercalados con sueños de los personajes y situaciones cada vez más surrealistas. El acto de comer (símbolo de civilización, placer y status) se convierte en algo imposible. […]

Pero es precisamente esto lo que la obra señala en última instancia: la vida que llevan los individuos que forman parte de la alta burguesía es irreal, un espejismo, un islote en medio del océano de la verdadera realidad. A pesar de que su aislamiento propicia el empobrecimiento del resto del mundo, ni siquiera de este modo logran ser felices y esta frustración se ve reflejada en especial en la imposibilidad de conseguir lo que con más ímpetu desean, simbolizado aquí por la comida que no consiguen disfrutar nunca y por la inconveniencia de practicar sexo cuando y con quien desean.

Merz vive el discreto ‘desencanto’ de encarnar a un nazi de tercera generación sin chance de ganar lo que tampoco ganaron abuelo y padre. Merz es como una película que además de hablar de la mediocridad y la derrota, es de bajo presupuesto, reforzando por inercia la idea de derrota y mediocridad.

Se pasea por Kiev, una vez más, con el anhelo y el espejismo febril, nada discreto de triunfar sobre Rusia.

Lo que en la película es para los burgueses el deseo frustrado de ser felices en una cena, como hecho imposible lo es para Merz el no ser un nazi triunfando sobre un heredero de los padres y abuelos soviéticos. Además, Merz en realidad ha encarnado ya la personificación del desfase, de la ubicuidad errática: ¿Por qué sale de Alemania el día que allí celebran el día de la unidad alemana?

Merz sale de allí porque esa Alemania, esa que lo derrotó en las urnas hace unas semanas, no sustenta a la nación germana de su imaginación. Aquel campo onírico de Buñuel toma sentido en este ‘loco’ transeúnte por Kiev. Lo que danza en la amplia frente de Merz está hecho de esvásticas, columnas enormes, águilas imperiales, runas, antorchas, cuerpos esculpidos a imagen del ario que soñó su ídolo, Adolfo.

El día de la unidad alemana, habrá negros y musulmanes, quizá latinos, fornicando con las mujeres alemanas. Eso sí, a la luz de ‘antorchas’, debido a la crisis energética que asumieron Olaf Schulz y su gobierno de abyectos, al avalar el ‘Ka boom’ del Nord Stream.

Cada vez que quiere sentarse a la mesa con Zelensky, éste le recuerda que es el monstruo que creó la Unión Europea y EE.UU. y que le han subestimado como un simple histrión. Entonces, la cena fracasa. El ‘duende verde’ acosado por los neonazis de Azov sólo repite los mantras de ‘más dinero’, ‘pago a funcionarios’’, dinero para la guerra’, ‘escudo antimisiles’, ‘ingreso a la OTAN y a U.E.’ etc. La cena se frustra, pero es necesaria la esperanza para continuar con la trama, el anhelo por lograr la gran cena final: derrotar a Rusia.

Como en la descripción de la película, la vida de estos capitalistas, tecnócratas, burgueses neonazis empobrece a sus sociedades. Mientras, la cena anhelada que costará mucho dinero, se escapa entre el realismo de la incapacidad alemana por un rearme eficiente y donde sus jóvenes no desean prestar servicio militar, no hay dinero y su base industrial está rezagada al menos quince años detrás de la rusa.

Siempre que Merz se quiere sentar a cenar sabe que algo pasará y está pasando: Rusia sigue avanzando hacia occidente, para ubicarse allí, en esas calles donde aún él y el neonazi Volodómir caminan. Sólo queda un 9% del Donbás en manos de los ucronazis respaldados por la OTAN. El sueño húmedo de este nazi está por finalizar.

Al igual que la forma en que Buñuel dispuso ese ‘encanto’ burgués, la trama hecha por Merz, y toda su camarilla europea sufre de confusiones de horario, no linealidad y coherencia en el discurso, lo que deviene en la eterna frustración de no lograr lo que con tanto ímpetu desean.

Por ejemplo, el señor Friedrich ha señalado varias veces que Rusia es débil y va perdiendo la guerra y que por eso es clave apoyar a Ucrania. Por otro, dice que de ganar Rusia avanzará hacia Europa. Entonces, o es débil y puede ser derrotada o es fuerte y puede avanzar hacia Europa. No puede ser las dos cosas.

En cuestión de tiempos, tampoco le da o les da a los nazis y europeos colaboradores de éstos. No hace falta sino ver las más de treinta mil sanciones impuestas a Rusia para comprender cómo sus cálculos de tiempo sobre una Rusia que caerá, cada vez de manera definitiva, han fracasado. Más de veinte veces la cena surrealista, la cena antropofágica devoradora de rusos y Rusia se ha frustrado.

También han apostado a que, con el tiempo, el presidente Putin perdería apoyo de la sociedad y, por el contrario, su partido Rusia Unida, lideró y aumentó posiciones en la pasada jornada electoral, que fue acechada por drones y ataques ucronazis. De nuevo, el burgués nazi no comió.

Las declaraciones de Merz acerca de Rusia nunca han sido amables. El gobierno alemán se encuentra en pie de guerra con los puños apretados, impotente y alucinando. En la asamblea anual de Naciones Unidas, la parte alemana solicitó a los rusos una reunión. La misma duró veinte minutos, tiempo suficiente para insultar al canciller Lavrov y fijar ultimátum a Rusia:

El contenido de la conversación se centró en la guerra en Ucrania y las relaciones bilaterales. Wadephul exhortó al Kremlin a “abandonar la peligrosa senda de escalada frente a Alemania, Europa y la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte)”, citó una fuente alemana recogida por Reuters y AP. El ministro germano también insistió en que Rusia debe facilitar un acuerdo para reactivar las exportaciones de cereales por el mar Negro, afectadas por ataques a infraestructuras y barcos de ambos países.

No obstante, Lavrov aseguró que “no surgió nada nuevo” tras el diálogo, y posteriormente aprovechó su discurso ante la Asamblea General para reforzar la postura rusa sobre la guerra e intensificar las críticas contra Occidente, incluida Alemania. El ambiente previo al encuentro estuvo marcado por señalamientos bilaterales: Wadephul denunció crímenes de guerra rusos en Ucrania y abogó por incrementar la presión internacional sobre Moscú, al tiempo que expresó desconfianza sobre la voluntad real del Kremlin de negociar la paz.

Es una clara ofensa al canciller y el pueblo rusos, citar a éste a una reunión en donde le exige lo que se vio en los párrafos anteriores. Los alemanes neonazis quieren cenar y no pueden. Se frustran y explotan a su pueblo.

En contra eso sí de cualquier libreto surrealista de Luis Buñuel, quien no tuvo tanta creatividad o no conocía ni imaginaba este tipo de burgués, los alemanes mientras izan su brazo derecho con los dedos puestos como una saeta para saludar el alma de Hitler, de una esvástica o a la raza blanca superior, entregan los vientres de sus mujeres y los impuestos de sus ciudadanos a comensales no arios. Otra escena absurda de esta película de bajo presupuesto.

Merz caminó por Kiev. Hay una foto de él andando por ahí en una calle. Pero no es sólo él. En sus zapatos resopla toda la frustración de toda la Alemania neonazi; el discreto y terrible desencanto de ser perdedores, para fortuna del mundo una vez más en menos de cien años y nuevamente gracias a Rusia. Ojalá ahora desaparezcan para siempre. ‘Good Bye Merz’.

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