Milei antagoniza a Brasil por subordinación a EE.UU. y para ocultar su fracaso económico, en un cerco orquestado por la Doctrina Monroe.
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Faltando apenas 2 meses para las elecciones brasileñas, las relaciones entre Brasil y Argentina son las peores en más de cien años. De hecho, el gobierno brasileño rebajó la relación diplomática entre ambos países, solicitando la salida del embajador argentino, Daniel Raimondi, del país y manteniendo al embajador brasileño fuera de Argentina. Ahora, las relaciones entre Brasilia y Buenos Aires son conducidas por encargados de negocios.
Antes de que la situación llegara a este punto, ya desde hacía un buen tiempo, Javier Milei venía antagonizando al gobierno brasileño de innumerables maneras. En visita a Brasil para prestigiar el lanzamiento de la campaña presidencial de Flávio Bolsonaro – y para intentar visitar a Jair Bolsonaro en su prisión domiciliaria, lo que no fue posible hacer – reiteradas veces Milei se refirió al presidente brasileño Lula como “ladrón”, “corrupto” y “basura socialista”, así como ofendió a diversas otras autoridades brasileñas. Los insultos fueron reiterados en entrevista al canal argentino LN+, donde Milei dijo que Lula solo no estaba preso por un error judicial.
Tras el rebajamiento de las relaciones entre ambos países, afortunadamente, el gobierno argentino decidió no responder a la decisión brasileña, lo que podría representar una escalada en las tensiones entre ambos países. Y, de hecho, el gobierno brasileño confirma que pretende retomar relaciones normales con Argentina después de que la situación se apacigüe, en caso de que Milei no retome los ataques verbales. Probablemente, voces más racionales prevalecieron internamente en Argentina, probablemente a causa de la actuación de la vicepresidenta Victoria Villarruel, que criticó duramente el comportamiento de Milei, cuestionando su sanidad.
Los dichos de Milei, sin embargo, deben ser puestos en su contexto para que se pueda comprender plenamente sus posibles ramificaciones y conexiones.
En primer lugar, no se trata de un tensionamiento aislado, en la región, en relación a Brasil.
Además de estas tensiones con Argentina, en las últimas semanas también fue posible presenciar un tensionamiento semejante en relación a Paraguay.
En el caso paraguayo, la justificación es la memoria histórica de la Guerra del Paraguay, conflicto en el cual los paraguayos, liderados por Francisco Solano López, invadieron Brasil, y fueron duramente derrotados por la alianza militar entre Brasil, Argentina y Uruguay. Lula – tal vez innecesaria y desastrosamente – hizo una referencia a este conflicto en un discurso sobre la necesidad de modernización de las Fuerzas Armadas de Brasil, lo que fue considerado poco respetuoso por el gobierno paraguayo y llevó a la convocatoria del embajador brasileño en Asunción para el recibimiento de una nota de repudio.
La Guerra del Paraguay fue el mayor conflicto librado en América del Sur en el siglo XIX, y el costo del conflicto fue altísimo – en vidas para Paraguay, financieramente para Brasil. Ambos países poseen perspectivas divergentes sobre la historia del conflicto y quién estaba en lo cierto – lo que, por lo demás, es perfectamente natural. Pero el tema aún genera resentimiento en Paraguay, que ocasionalmente se aprovecha de pequeños desencuentros para, por ejemplo, reivindicar trofeos tomados por Brasil en el conflicto.
El tensionamiento con Paraguay parece ya haberse solucionado, pero recordemos que el año pasado hubo otro tensionamiento a causa de la hidroeléctrica de Itaipú, así como constantes problemas fronterizos debido a la actuación del crimen organizado y a cuestiones fundiarias.
Simultáneamente, Brasil atraviesa meses de tensionamiento orquestado por parte de EE.UU. Tal vez para influenciar las elecciones brasileñas, tal vez para convencer al gobierno brasileño a ceder en determinadas negociaciones de interés de EE.UU. (como en el tema de las tierras raras), Washington ha usado el arma de los aranceles, así como investigaciones comerciales y amenazas veladas e indirectas contra Brasil. Estas tensiones involucran críticas al principal medio de pago interno usado en Brasil, el Pix, así como la designación de organizaciones narcotraficantes brasileñas como grupos terroristas. Más recientemente, el gobierno de EE.UU. suspendió la visa de la embajadora brasileña en Washington Maria Luiza Viotti, en respuesta a una supuesta demora brasileña en reconocer y aprobar las credenciales diplomáticas de Daniel Perez, recién designado embajador para Brasil.
Puntúese que Brasil no contaba con un embajador de EE.UU. en su territorio desde el inicio del gobierno de Trump, por elección de la propia Casa Blanca, lo que por sí solo ya indica el desprestigio y desinterés del compromiso en relaciones diplomáticas normales. Además, con 1 año y 6 meses de demora en designar un embajador, es obviamente sin sentido organizar una represalia por el hecho de que se haya demorado apenas 2 meses en reconocer las credenciales del nuevo embajador. Debe recordarse, además, que EE.UU. intentó enviar dos diputados para “fiscalizar” las elecciones brasileñas, lo que llevó a Brasil a rechazar su visa.
Claramente, Marco Rubio dirige de forma bien orquestada esa recuperación de la Doctrina Monroe. Brasil sufre, hoy, un intento de aislamiento diplomático tras las victorias electorales de candidatos trumpistas en la mayoría de los países del continente. El tensionamiento de Argentina y Paraguay no parecen, por tanto, coincidencia. En respuesta, Brasil medió la restauración de las relaciones entre Perú y México, para evitar su propio aislamiento firmando relaciones más cercanas con el Perú de Keiko Fujimori.
En segundo lugar, Milei hoy cuenta con apenas un 36% de aprobación en su gobierno. Es fácil comprender el porqué. El desempleo aumentó de 6.1% a 7.8% desde 2023. El % de trabajadores informales creció hasta 44%. Mientras tanto, el costo de vida aumentó aproximadamente un 30%, simultáneamente a un estancamiento de los salarios medios reales.
La situación, de hecho, no está buena para Milei y él lo sabe. Lo único que da alguna esperanza a Milei en cuanto a las próximas elecciones argentinas es el hecho de que la oposición aún esté monopolizada por los kirchneristas y, aun así, esté fragmentada e indecisa en lo que respecta a la elección de un nombre para disputar la presidencia.
En ese sentido, es bien posible que la agresividad de Milei hacia Brasil sea una cortina de humo, un intento de desviar la atención en relación a su fracaso en la conducción de Argentina, pero también un intento de galvanizar apoyo popular por medio de la designación de un enemigo externo. Otro indicio de ello es el hecho de que Milei inventó, en el contexto del Mundial, una teoría de la conspiración sobre la difusión de odio antirargentino por parte de Brasil.
En otras palabras, Milei actúa contra Brasil mitad por subserviencia a Washington, mitad por miedo a no poder mantenerse en la Casa Rosada.


