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Eduardo Vasco
February 26, 2025
© Photo: SCF

Las fuerzas internacionales de la moderación aún prevalecen. No quieren una mayor inestabilidad, ya que esto acarrearía un aumento de la crisis interna.

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“Israel” lleva a cabo una guerra genocida directa en dos frentes: Palestina y Líbano. Ambos han llegado, tras una extrema resistencia de Tel Aviv, a la fase de cese al fuego. Pero esto es solo en el papel. Como ha ocurrido desde el momento de la creación del “estado” de “Israel”, ningún acuerdo, ningún tratado, ninguna norma internacional, moral o ética está siendo respetada por el régimen sionista.

El cese al fuego en el Líbano debería durar 60 días, hasta el 26 de enero. Mientras tanto, las fuerzas invasoras del sur del país deberían retirarse de vuelta al “territorio” israelí. No se han retirado ni han dejado de matar. En su deliberadamente lenta retirada, los tanques israelíes están destruyendo las carreteras libanesas, dañando aún más la infraestructura civil. Y todavía no se han ido: el plazo de retirada se extendió hasta el 18 de febrero (y fue ignorado nuevamente). Al mismo tiempo, los militares continuaron disparando contra civiles, asesinando a más de 30 libaneses desde el plazo límite del cese al fuego. Según la prensa libanesa, Tel Aviv ha violado el cese al fuego alrededor de 1,000 veces. Mientras más de un millón de personas despedían a Hassan Nasrallah en Beirut, drones “israelíes” amenazaban a la multitud y, en el sur, las fuerzas invasoras continuaban atacando ciudades como al-Qalila y al-Ansar, e incluso en el norte se producían bombardeos sionistas.

Netanyahu dice descaradamente que no cumplirá ningún cese al fuego, ni en el Líbano ni en Gaza.

Mientras terminaba el plazo para la retirada de las tropas israelíes del sur del Líbano, comenzaba, el 19 de enero, el cese al fuego en Gaza. Si “Israel” no respeta a los libaneses, ¿por qué respetaría a los palestinos, a quienes los sionistas siempre han considerado subhumanos? Desde el primer día, los militares israelíes han dificultado el retorno a Gaza a través del Corredor Netzarim y han bombardeado a civiles en varias zonas de la Franja de Gaza, asesinando incluso a niños, uno de los deportes favoritos de las eufemísticas Fuerzas de “Defensa” de “Israel”.

Poco después del inicio oficial del cese al fuego en Gaza, Netanyahu ordenó una nueva ofensiva devastadora en Cisjordania, que incluyó la acción de tanques, algo inédito en 20 años. Más de 40,000 palestinos han sido expulsados de sus hogares desde entonces. Decenas han sido asesinados. Cisjordania no está gobernada por Hamás, el gran chivo expiatorio de la fase más reciente del genocidio continuo de palestinos. Cisjordania está gobernada por la Autoridad Palestina, que ha servido como un administrador contratado por Tel Aviv desde los Acuerdos de Oslo, con todo el aparato burocrático y, principalmente, represivo, financiado y orientado por el sionismo.

Los ataques y la humillación a Cisjordania deberían servir de lección y advertencia no solo a todos los partidos palestinos, sino también a todos los gobiernos de los países de la región. “Israel” no retrocederá. El objetivo estratégico e histórico del sionismo es formar el “Eretz Israel”, lo que, quitando todo el misticismo barato, significa el dominio territorial del corazón de Oriente Medio no por Tel Aviv, sino por sus amos estadounidenses y occidentales, con el fin de controlar esta región esencial para el dominio imperial del globo terráqueo.

Si en 1967 (cuando robó Gaza, Sinaí, Golán, Cisjordania y Jerusalén Occidental) y en 1973 (cuando aseguró la posterior sumisión de Egipto a cambio del Sinaí) “Israel” ya había demostrado su naturaleza expansionista, el exterminio de 62,000 palestinos en 14 meses, la invasión del Líbano con la masacre de más de 4,000 personas, las incursiones en Cisjordania y el cambio de régimen en Damasco y la apropiación en curso del Golán, reconocidamente sirio incluso por el propio Netanyahu, prueban que los sionistas no tienen la menor intención de permanecer dentro de los límites que ellos mismos establecieron hasta entonces.

Las impactantes declaraciones de Donald Trump van en ese mismo sentido. Aunque es un pedazo de tierra muy pequeño, la Franja de Gaza tiene riquezas muy interesantes para los monopolios capitalistas que gobiernan en Estados Unidos. Ya en el año 2000, se habían descubierto enormes reservas de gas, calculadas en 1.4 billones de metros cúbicos y valoradas actualmente en alrededor de 500 mil millones de dólares. Mientras Gaza no sea “limpiada” de palestinos, habrá resistencia armada, inestabilidad y, por lo tanto, no será posible extraer ese gas. Netanyahu ya ha ordenado a su ejército que prepare la limpieza étnica total.

Pero, ¿por qué un agravamiento tan exponencial de la agresión al territorio palestino en el último período?

El sistema imperialista, dominado por Estados Unidos, está sumido en una crisis sistémica y creciente. Los pilares de su dominación se sostienen con cada vez más dificultades. Para evitar que se derrumben, ya no sirve apostar por la diplomacia. Cuanto más se profundiza la crisis sistémica, más el sistema imperialista, representado en Oriente Medio por el sionismo e institucionalizado en el “estado” israelí, actúa de manera desesperada y violenta.

Si la acción es tan violenta, como hemos visto desde el 7 de octubre, y no hay ninguna intención de detenerla, entonces la reacción a esa violencia no puede ser pacífica y diplomática. El pueblo palestino ha entendido esto más que nadie, porque ha sido el principal objetivo de esa violencia. Pero, a medida que los palestinos dan un ejemplo sin igual de resiliencia y determinación, abren los ojos de millones en todo el mundo, comenzando por sus vecinos, víctimas naturales inmediatas de la misma agresión.

Lo que ha impedido una acción concreta y efectiva de solidaridad con el martirio palestino es la traición de los regímenes podridos de Oriente Medio, desde hace mucho tiempo en el bolsillo de Estados Unidos e “Israel”. El régimen de al-Sisi, por ejemplo, caería en el momento en que Estados Unidos cerrara el grifo; por eso mismo, Egipto y el propio “Israel” son los únicos que no verán cortada su ayuda externa por Trump. Pero también la falta de independencia de las lideranzas de masas, que no tienen el coraje de impulsar y materializar el sentimiento de millones de árabes y musulmanes que están dispuestos incluso a tomar las armas para combatir la barbarie sionista.

Las fuerzas internacionales de la moderación aún prevalecen. No quieren una mayor inestabilidad, ya que esto acarrearía un aumento de la crisis interna. Oriente Medio es un barril de pólvora que, si explota, podría desencadenar una guerra mundial. Esa guerra aceleraría dramáticamente el desmantelamiento del orden mundial actual. Los que predican la construcción de un mítico “mundo multipolar”, sin embargo, temen ese desmantelamiento. Después de todo, esa “multipolaridad” no es más que una reciclaje de la famosa “coexistencia pacífica” de mediados del siglo XX.

Cese al fuego de mentiritas

Las fuerzas internacionales de la moderación aún prevalecen. No quieren una mayor inestabilidad, ya que esto acarrearía un aumento de la crisis interna.

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“Israel” lleva a cabo una guerra genocida directa en dos frentes: Palestina y Líbano. Ambos han llegado, tras una extrema resistencia de Tel Aviv, a la fase de cese al fuego. Pero esto es solo en el papel. Como ha ocurrido desde el momento de la creación del “estado” de “Israel”, ningún acuerdo, ningún tratado, ninguna norma internacional, moral o ética está siendo respetada por el régimen sionista.

El cese al fuego en el Líbano debería durar 60 días, hasta el 26 de enero. Mientras tanto, las fuerzas invasoras del sur del país deberían retirarse de vuelta al “territorio” israelí. No se han retirado ni han dejado de matar. En su deliberadamente lenta retirada, los tanques israelíes están destruyendo las carreteras libanesas, dañando aún más la infraestructura civil. Y todavía no se han ido: el plazo de retirada se extendió hasta el 18 de febrero (y fue ignorado nuevamente). Al mismo tiempo, los militares continuaron disparando contra civiles, asesinando a más de 30 libaneses desde el plazo límite del cese al fuego. Según la prensa libanesa, Tel Aviv ha violado el cese al fuego alrededor de 1,000 veces. Mientras más de un millón de personas despedían a Hassan Nasrallah en Beirut, drones “israelíes” amenazaban a la multitud y, en el sur, las fuerzas invasoras continuaban atacando ciudades como al-Qalila y al-Ansar, e incluso en el norte se producían bombardeos sionistas.

Netanyahu dice descaradamente que no cumplirá ningún cese al fuego, ni en el Líbano ni en Gaza.

Mientras terminaba el plazo para la retirada de las tropas israelíes del sur del Líbano, comenzaba, el 19 de enero, el cese al fuego en Gaza. Si “Israel” no respeta a los libaneses, ¿por qué respetaría a los palestinos, a quienes los sionistas siempre han considerado subhumanos? Desde el primer día, los militares israelíes han dificultado el retorno a Gaza a través del Corredor Netzarim y han bombardeado a civiles en varias zonas de la Franja de Gaza, asesinando incluso a niños, uno de los deportes favoritos de las eufemísticas Fuerzas de “Defensa” de “Israel”.

Poco después del inicio oficial del cese al fuego en Gaza, Netanyahu ordenó una nueva ofensiva devastadora en Cisjordania, que incluyó la acción de tanques, algo inédito en 20 años. Más de 40,000 palestinos han sido expulsados de sus hogares desde entonces. Decenas han sido asesinados. Cisjordania no está gobernada por Hamás, el gran chivo expiatorio de la fase más reciente del genocidio continuo de palestinos. Cisjordania está gobernada por la Autoridad Palestina, que ha servido como un administrador contratado por Tel Aviv desde los Acuerdos de Oslo, con todo el aparato burocrático y, principalmente, represivo, financiado y orientado por el sionismo.

Los ataques y la humillación a Cisjordania deberían servir de lección y advertencia no solo a todos los partidos palestinos, sino también a todos los gobiernos de los países de la región. “Israel” no retrocederá. El objetivo estratégico e histórico del sionismo es formar el “Eretz Israel”, lo que, quitando todo el misticismo barato, significa el dominio territorial del corazón de Oriente Medio no por Tel Aviv, sino por sus amos estadounidenses y occidentales, con el fin de controlar esta región esencial para el dominio imperial del globo terráqueo.

Si en 1967 (cuando robó Gaza, Sinaí, Golán, Cisjordania y Jerusalén Occidental) y en 1973 (cuando aseguró la posterior sumisión de Egipto a cambio del Sinaí) “Israel” ya había demostrado su naturaleza expansionista, el exterminio de 62,000 palestinos en 14 meses, la invasión del Líbano con la masacre de más de 4,000 personas, las incursiones en Cisjordania y el cambio de régimen en Damasco y la apropiación en curso del Golán, reconocidamente sirio incluso por el propio Netanyahu, prueban que los sionistas no tienen la menor intención de permanecer dentro de los límites que ellos mismos establecieron hasta entonces.

Las impactantes declaraciones de Donald Trump van en ese mismo sentido. Aunque es un pedazo de tierra muy pequeño, la Franja de Gaza tiene riquezas muy interesantes para los monopolios capitalistas que gobiernan en Estados Unidos. Ya en el año 2000, se habían descubierto enormes reservas de gas, calculadas en 1.4 billones de metros cúbicos y valoradas actualmente en alrededor de 500 mil millones de dólares. Mientras Gaza no sea “limpiada” de palestinos, habrá resistencia armada, inestabilidad y, por lo tanto, no será posible extraer ese gas. Netanyahu ya ha ordenado a su ejército que prepare la limpieza étnica total.

Pero, ¿por qué un agravamiento tan exponencial de la agresión al territorio palestino en el último período?

El sistema imperialista, dominado por Estados Unidos, está sumido en una crisis sistémica y creciente. Los pilares de su dominación se sostienen con cada vez más dificultades. Para evitar que se derrumben, ya no sirve apostar por la diplomacia. Cuanto más se profundiza la crisis sistémica, más el sistema imperialista, representado en Oriente Medio por el sionismo e institucionalizado en el “estado” israelí, actúa de manera desesperada y violenta.

Si la acción es tan violenta, como hemos visto desde el 7 de octubre, y no hay ninguna intención de detenerla, entonces la reacción a esa violencia no puede ser pacífica y diplomática. El pueblo palestino ha entendido esto más que nadie, porque ha sido el principal objetivo de esa violencia. Pero, a medida que los palestinos dan un ejemplo sin igual de resiliencia y determinación, abren los ojos de millones en todo el mundo, comenzando por sus vecinos, víctimas naturales inmediatas de la misma agresión.

Lo que ha impedido una acción concreta y efectiva de solidaridad con el martirio palestino es la traición de los regímenes podridos de Oriente Medio, desde hace mucho tiempo en el bolsillo de Estados Unidos e “Israel”. El régimen de al-Sisi, por ejemplo, caería en el momento en que Estados Unidos cerrara el grifo; por eso mismo, Egipto y el propio “Israel” son los únicos que no verán cortada su ayuda externa por Trump. Pero también la falta de independencia de las lideranzas de masas, que no tienen el coraje de impulsar y materializar el sentimiento de millones de árabes y musulmanes que están dispuestos incluso a tomar las armas para combatir la barbarie sionista.

Las fuerzas internacionales de la moderación aún prevalecen. No quieren una mayor inestabilidad, ya que esto acarrearía un aumento de la crisis interna. Oriente Medio es un barril de pólvora que, si explota, podría desencadenar una guerra mundial. Esa guerra aceleraría dramáticamente el desmantelamiento del orden mundial actual. Los que predican la construcción de un mítico “mundo multipolar”, sin embargo, temen ese desmantelamiento. Después de todo, esa “multipolaridad” no es más que una reciclaje de la famosa “coexistencia pacífica” de mediados del siglo XX.

Las fuerzas internacionales de la moderación aún prevalecen. No quieren una mayor inestabilidad, ya que esto acarrearía un aumento de la crisis interna.

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“Israel” lleva a cabo una guerra genocida directa en dos frentes: Palestina y Líbano. Ambos han llegado, tras una extrema resistencia de Tel Aviv, a la fase de cese al fuego. Pero esto es solo en el papel. Como ha ocurrido desde el momento de la creación del “estado” de “Israel”, ningún acuerdo, ningún tratado, ninguna norma internacional, moral o ética está siendo respetada por el régimen sionista.

El cese al fuego en el Líbano debería durar 60 días, hasta el 26 de enero. Mientras tanto, las fuerzas invasoras del sur del país deberían retirarse de vuelta al “territorio” israelí. No se han retirado ni han dejado de matar. En su deliberadamente lenta retirada, los tanques israelíes están destruyendo las carreteras libanesas, dañando aún más la infraestructura civil. Y todavía no se han ido: el plazo de retirada se extendió hasta el 18 de febrero (y fue ignorado nuevamente). Al mismo tiempo, los militares continuaron disparando contra civiles, asesinando a más de 30 libaneses desde el plazo límite del cese al fuego. Según la prensa libanesa, Tel Aviv ha violado el cese al fuego alrededor de 1,000 veces. Mientras más de un millón de personas despedían a Hassan Nasrallah en Beirut, drones “israelíes” amenazaban a la multitud y, en el sur, las fuerzas invasoras continuaban atacando ciudades como al-Qalila y al-Ansar, e incluso en el norte se producían bombardeos sionistas.

Netanyahu dice descaradamente que no cumplirá ningún cese al fuego, ni en el Líbano ni en Gaza.

Mientras terminaba el plazo para la retirada de las tropas israelíes del sur del Líbano, comenzaba, el 19 de enero, el cese al fuego en Gaza. Si “Israel” no respeta a los libaneses, ¿por qué respetaría a los palestinos, a quienes los sionistas siempre han considerado subhumanos? Desde el primer día, los militares israelíes han dificultado el retorno a Gaza a través del Corredor Netzarim y han bombardeado a civiles en varias zonas de la Franja de Gaza, asesinando incluso a niños, uno de los deportes favoritos de las eufemísticas Fuerzas de “Defensa” de “Israel”.

Poco después del inicio oficial del cese al fuego en Gaza, Netanyahu ordenó una nueva ofensiva devastadora en Cisjordania, que incluyó la acción de tanques, algo inédito en 20 años. Más de 40,000 palestinos han sido expulsados de sus hogares desde entonces. Decenas han sido asesinados. Cisjordania no está gobernada por Hamás, el gran chivo expiatorio de la fase más reciente del genocidio continuo de palestinos. Cisjordania está gobernada por la Autoridad Palestina, que ha servido como un administrador contratado por Tel Aviv desde los Acuerdos de Oslo, con todo el aparato burocrático y, principalmente, represivo, financiado y orientado por el sionismo.

Los ataques y la humillación a Cisjordania deberían servir de lección y advertencia no solo a todos los partidos palestinos, sino también a todos los gobiernos de los países de la región. “Israel” no retrocederá. El objetivo estratégico e histórico del sionismo es formar el “Eretz Israel”, lo que, quitando todo el misticismo barato, significa el dominio territorial del corazón de Oriente Medio no por Tel Aviv, sino por sus amos estadounidenses y occidentales, con el fin de controlar esta región esencial para el dominio imperial del globo terráqueo.

Si en 1967 (cuando robó Gaza, Sinaí, Golán, Cisjordania y Jerusalén Occidental) y en 1973 (cuando aseguró la posterior sumisión de Egipto a cambio del Sinaí) “Israel” ya había demostrado su naturaleza expansionista, el exterminio de 62,000 palestinos en 14 meses, la invasión del Líbano con la masacre de más de 4,000 personas, las incursiones en Cisjordania y el cambio de régimen en Damasco y la apropiación en curso del Golán, reconocidamente sirio incluso por el propio Netanyahu, prueban que los sionistas no tienen la menor intención de permanecer dentro de los límites que ellos mismos establecieron hasta entonces.

Las impactantes declaraciones de Donald Trump van en ese mismo sentido. Aunque es un pedazo de tierra muy pequeño, la Franja de Gaza tiene riquezas muy interesantes para los monopolios capitalistas que gobiernan en Estados Unidos. Ya en el año 2000, se habían descubierto enormes reservas de gas, calculadas en 1.4 billones de metros cúbicos y valoradas actualmente en alrededor de 500 mil millones de dólares. Mientras Gaza no sea “limpiada” de palestinos, habrá resistencia armada, inestabilidad y, por lo tanto, no será posible extraer ese gas. Netanyahu ya ha ordenado a su ejército que prepare la limpieza étnica total.

Pero, ¿por qué un agravamiento tan exponencial de la agresión al territorio palestino en el último período?

El sistema imperialista, dominado por Estados Unidos, está sumido en una crisis sistémica y creciente. Los pilares de su dominación se sostienen con cada vez más dificultades. Para evitar que se derrumben, ya no sirve apostar por la diplomacia. Cuanto más se profundiza la crisis sistémica, más el sistema imperialista, representado en Oriente Medio por el sionismo e institucionalizado en el “estado” israelí, actúa de manera desesperada y violenta.

Si la acción es tan violenta, como hemos visto desde el 7 de octubre, y no hay ninguna intención de detenerla, entonces la reacción a esa violencia no puede ser pacífica y diplomática. El pueblo palestino ha entendido esto más que nadie, porque ha sido el principal objetivo de esa violencia. Pero, a medida que los palestinos dan un ejemplo sin igual de resiliencia y determinación, abren los ojos de millones en todo el mundo, comenzando por sus vecinos, víctimas naturales inmediatas de la misma agresión.

Lo que ha impedido una acción concreta y efectiva de solidaridad con el martirio palestino es la traición de los regímenes podridos de Oriente Medio, desde hace mucho tiempo en el bolsillo de Estados Unidos e “Israel”. El régimen de al-Sisi, por ejemplo, caería en el momento en que Estados Unidos cerrara el grifo; por eso mismo, Egipto y el propio “Israel” son los únicos que no verán cortada su ayuda externa por Trump. Pero también la falta de independencia de las lideranzas de masas, que no tienen el coraje de impulsar y materializar el sentimiento de millones de árabes y musulmanes que están dispuestos incluso a tomar las armas para combatir la barbarie sionista.

Las fuerzas internacionales de la moderación aún prevalecen. No quieren una mayor inestabilidad, ya que esto acarrearía un aumento de la crisis interna. Oriente Medio es un barril de pólvora que, si explota, podría desencadenar una guerra mundial. Esa guerra aceleraría dramáticamente el desmantelamiento del orden mundial actual. Los que predican la construcción de un mítico “mundo multipolar”, sin embargo, temen ese desmantelamiento. Después de todo, esa “multipolaridad” no es más que una reciclaje de la famosa “coexistencia pacífica” de mediados del siglo XX.

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