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October 4, 2026
© Photo: SCF

Francia lamentablemente se sumerge en días de oscuridad a medida que el reinado de Emmanuel Macron atraviesa sus últimos momentos.

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Estos días de decaimiento y desorden evidentes, es, en gran parte, una responsabilidad del formato de gobernanza de Macron y, en todo el país, se tiene como una verdad máxima que Macron y la decadencia son como el cuerpo y la sombra.

Un Macron que muchos presagiaban, allá por el 2017, que sería un símil de Napoleón Bonaparte, diez años después -afirman millones de ciudadanos franceses- se visibiliza como un arlequín de las peores y trágicas comedias que tiene la historia de Francia.

Ya, en legiones, analistas, académicos y periodistas hablan, sin exageración, de que el estado francés se tornó incapaz, incompetente, sin darle ni siquiera una sola solución al pueblo. Los sociólogos ven que hoy, respecto de 2017, la sociedad está más dividida, enfrentada y desgobernada.

Los informes serios señalan que si no hay un cambio central de los acontecimientos, el país no podrá salir de la deriva en la cual se encuentra.

Esta tendencia de desvío no sólo es estratégica, sino que es fundamentalmente existencial.

Le Fígaro subrayó, el 1 de octubre, que el giro y la escalada del movimiento estudiantil de los institutos tambalean al Ejecutivo, informando que, el jueves, se multiplicaron los disturbios -con o a partir de los estudiantes- en 900 establecimientos y que la policía detuvo 1949 personas.

Este periódico enfatizó que, en estos incidentes, se identificaron tres tipos de actores: el altamente politizado, el meramente estudiantil y el barrial representado por los sectores marginales.

Otros reportes de la prensa, indicaron que gente afín a La France insoumise, o que antes estuvieron orgánicamente en esa estructura, fueron señalados como participantes de la ola de revueltas e incidentes que se produjeron en todo el país.

Uno de estos partes periodísticos, mencionaron el nombre de Ritchy Thibault, que fue asesor parlamentario de una diputada de izquierda y que también estuvo en los Chalecos Amarillos. Thibault se halla entre las casi 2000 personas que fueron detenidas el jueves. Vamos a levantar barricadas. Vamos a prender fuego al Palacio del Elíseo. Vamos a iniciar una revolución, dijo esa persona en un video que grabó el mismo para incentivar, según la policía, a la generación de disturbios.

En las redes sociales, proliferan, junto a los mensajes de los participantes de la revuelta, publicaciones de ciudadanos y líderes de espectros políticos diferentes de la izquierda llamando a la calma y que el orden sea restablecido.

Entre estos pronunciamientos, están los que distinguen las protestas de los bomberos -sin caos ni violencia- con las de los estudiantes y sus aliados u oportunistas de los barrios donde la delincuencia predomina como sistema de vida.

Algunas versiones ponen el foco en que, aparentemente, Macron también estaría utilizando estos hechos de violencia para terminar represaliando a los auténticos disidentes.

Cabe consignar que, este tipo de opinión, suele aparecer frecuentemente, desde hace, por lo menos, una década en ciertos foros políticos frente a entornos como el que hoy vive Francia.

Publicado originalmente por Geopolítica rugiente

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Francia en medio de protestas, incendios y algo más que una deriva estratégica

Francia lamentablemente se sumerge en días de oscuridad a medida que el reinado de Emmanuel Macron atraviesa sus últimos momentos.

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Estos días de decaimiento y desorden evidentes, es, en gran parte, una responsabilidad del formato de gobernanza de Macron y, en todo el país, se tiene como una verdad máxima que Macron y la decadencia son como el cuerpo y la sombra.

Un Macron que muchos presagiaban, allá por el 2017, que sería un símil de Napoleón Bonaparte, diez años después -afirman millones de ciudadanos franceses- se visibiliza como un arlequín de las peores y trágicas comedias que tiene la historia de Francia.

Ya, en legiones, analistas, académicos y periodistas hablan, sin exageración, de que el estado francés se tornó incapaz, incompetente, sin darle ni siquiera una sola solución al pueblo. Los sociólogos ven que hoy, respecto de 2017, la sociedad está más dividida, enfrentada y desgobernada.

Los informes serios señalan que si no hay un cambio central de los acontecimientos, el país no podrá salir de la deriva en la cual se encuentra.

Esta tendencia de desvío no sólo es estratégica, sino que es fundamentalmente existencial.

Le Fígaro subrayó, el 1 de octubre, que el giro y la escalada del movimiento estudiantil de los institutos tambalean al Ejecutivo, informando que, el jueves, se multiplicaron los disturbios -con o a partir de los estudiantes- en 900 establecimientos y que la policía detuvo 1949 personas.

Este periódico enfatizó que, en estos incidentes, se identificaron tres tipos de actores: el altamente politizado, el meramente estudiantil y el barrial representado por los sectores marginales.

Otros reportes de la prensa, indicaron que gente afín a La France insoumise, o que antes estuvieron orgánicamente en esa estructura, fueron señalados como participantes de la ola de revueltas e incidentes que se produjeron en todo el país.

Uno de estos partes periodísticos, mencionaron el nombre de Ritchy Thibault, que fue asesor parlamentario de una diputada de izquierda y que también estuvo en los Chalecos Amarillos. Thibault se halla entre las casi 2000 personas que fueron detenidas el jueves. Vamos a levantar barricadas. Vamos a prender fuego al Palacio del Elíseo. Vamos a iniciar una revolución, dijo esa persona en un video que grabó el mismo para incentivar, según la policía, a la generación de disturbios.

En las redes sociales, proliferan, junto a los mensajes de los participantes de la revuelta, publicaciones de ciudadanos y líderes de espectros políticos diferentes de la izquierda llamando a la calma y que el orden sea restablecido.

Entre estos pronunciamientos, están los que distinguen las protestas de los bomberos -sin caos ni violencia- con las de los estudiantes y sus aliados u oportunistas de los barrios donde la delincuencia predomina como sistema de vida.

Algunas versiones ponen el foco en que, aparentemente, Macron también estaría utilizando estos hechos de violencia para terminar represaliando a los auténticos disidentes.

Cabe consignar que, este tipo de opinión, suele aparecer frecuentemente, desde hace, por lo menos, una década en ciertos foros políticos frente a entornos como el que hoy vive Francia.

Publicado originalmente por Geopolítica rugiente