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January 23, 2026
© Photo: Public domain

La publicación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos muestra de manera descarnada que la ambición de Donald Trump de rediseñar el orden internacional a su medida ya no es una mera intuición de analistas o diplomáticos.

Ruth FERRERO-TURRION

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Escríbenos: info@strategic-culture.su

En algunos países esa influencia ya es visible. La sintonía entre la Casa Blanca y varios partidos ultranacionalistas europeos no es un secreto. Desde los Países Bajos hasta Hungría, pasando por Italia o Alemania, existe una red política que comparte diagnóstico y estrategia, y que ahora recibe un impulso adicional al quedar alineada con la visión geopolítica de Washington. Esta red no solo erosiona la cohesión interna de la Unión Europea, sino que también bloquea decisiones clave en materia de seguridad, política exterior o defensa. El resultado es una Europa menos previsible, más fragmentada y cada vez más incapaz de ejercer influencia fuera de sus fronteras.
La pugna entre estos dos modelos de Europa, uno centrado en la integración y otro en la soberanía nacional excluyente, se ve directamente afectada por la nueva estrategia estadounidense. El documento no solo legitima políticamente a los movimientos nacionalistas, sino que los incorpora, de alguna manera, dentro de una visión de mundo compartida. Para la extrema derecha europea esto supone un respaldo internacional sin precedentes. Para las fuerzas europeístas es un desafío que exige una respuesta rápida y coherente, algo que hoy por hoy está lejos de producirse.
De momento, la reacción europea oscila entre la negación y los intentos aislados de reposicionamiento. Ninguna de esas respuestas está a la altura del desafío que plantea la nueva doctrina estadounidense. La cuestión no es solo qué quiere Trump para el orden internacional. La cuestión urgente es qué quiere la UE para sí misma en un mundo donde su principal socio estratégico, hasta la fecha, ha decidido emprender un camino que la quiere subalternizada e irrelevante.
Original article:  www.publico.es
Desorientación europea

La publicación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos muestra de manera descarnada que la ambición de Donald Trump de rediseñar el orden internacional a su medida ya no es una mera intuición de analistas o diplomáticos.

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En algunos países esa influencia ya es visible. La sintonía entre la Casa Blanca y varios partidos ultranacionalistas europeos no es un secreto. Desde los Países Bajos hasta Hungría, pasando por Italia o Alemania, existe una red política que comparte diagnóstico y estrategia, y que ahora recibe un impulso adicional al quedar alineada con la visión geopolítica de Washington. Esta red no solo erosiona la cohesión interna de la Unión Europea, sino que también bloquea decisiones clave en materia de seguridad, política exterior o defensa. El resultado es una Europa menos previsible, más fragmentada y cada vez más incapaz de ejercer influencia fuera de sus fronteras.
La pugna entre estos dos modelos de Europa, uno centrado en la integración y otro en la soberanía nacional excluyente, se ve directamente afectada por la nueva estrategia estadounidense. El documento no solo legitima políticamente a los movimientos nacionalistas, sino que los incorpora, de alguna manera, dentro de una visión de mundo compartida. Para la extrema derecha europea esto supone un respaldo internacional sin precedentes. Para las fuerzas europeístas es un desafío que exige una respuesta rápida y coherente, algo que hoy por hoy está lejos de producirse.
De momento, la reacción europea oscila entre la negación y los intentos aislados de reposicionamiento. Ninguna de esas respuestas está a la altura del desafío que plantea la nueva doctrina estadounidense. La cuestión no es solo qué quiere Trump para el orden internacional. La cuestión urgente es qué quiere la UE para sí misma en un mundo donde su principal socio estratégico, hasta la fecha, ha decidido emprender un camino que la quiere subalternizada e irrelevante.
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La publicación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos muestra de manera descarnada que la ambición de Donald Trump de rediseñar el orden internacional a su medida ya no es una mera intuición de analistas o diplomáticos.

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En algunos países esa influencia ya es visible. La sintonía entre la Casa Blanca y varios partidos ultranacionalistas europeos no es un secreto. Desde los Países Bajos hasta Hungría, pasando por Italia o Alemania, existe una red política que comparte diagnóstico y estrategia, y que ahora recibe un impulso adicional al quedar alineada con la visión geopolítica de Washington. Esta red no solo erosiona la cohesión interna de la Unión Europea, sino que también bloquea decisiones clave en materia de seguridad, política exterior o defensa. El resultado es una Europa menos previsible, más fragmentada y cada vez más incapaz de ejercer influencia fuera de sus fronteras.
La pugna entre estos dos modelos de Europa, uno centrado en la integración y otro en la soberanía nacional excluyente, se ve directamente afectada por la nueva estrategia estadounidense. El documento no solo legitima políticamente a los movimientos nacionalistas, sino que los incorpora, de alguna manera, dentro de una visión de mundo compartida. Para la extrema derecha europea esto supone un respaldo internacional sin precedentes. Para las fuerzas europeístas es un desafío que exige una respuesta rápida y coherente, algo que hoy por hoy está lejos de producirse.
De momento, la reacción europea oscila entre la negación y los intentos aislados de reposicionamiento. Ninguna de esas respuestas está a la altura del desafío que plantea la nueva doctrina estadounidense. La cuestión no es solo qué quiere Trump para el orden internacional. La cuestión urgente es qué quiere la UE para sí misma en un mundo donde su principal socio estratégico, hasta la fecha, ha decidido emprender un camino que la quiere subalternizada e irrelevante.
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The views of individual contributors do not necessarily represent those of the Strategic Culture Foundation.

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