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February 15, 2026
© Photo: Public domain

El antiguo y el nuevo laborismo están en terapia intensiva porque, para la mayoría de los ciudadanos británicos, no hay divergencias entre ambas postulaciones porque visualizan que el problema irresoluble es el contenido y no los odres.

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Sumado a esto, es patente el declive de la capacidad de gestionar eficazmente los desafíos más complejos y las complicaciones más acuciantes del liderato político en general.

Sí, las élites políticas inglesas ven el mundo a través de un lente brumoso y tienen un algoritmo que es, mayormente, obsoleto.

De no ser, primordialmente, por las estructuras de inteligencia y de seguridad, el caos y la degradación serían, en estos momentos, de ribetes dantescos.

Las implicaciones del Barón Peter Mandelson en las actividades del depredador sexual Jeffrey Epstein sólo están empujando un poco más al despeñadero al gobierno de Keir Starmer y llevando aún más a la ruina al partido Laborista.

Esta situación crítica en la que está inmerso Starmer, debía llegar irremediablemente con o sin develamiento de los documentos judiciales de Epstein porque el belicista Starmer era uno de los peores primeros ministros que registra la historia política de Gran Bretaña. Ni siquiera su adhesión a la prórroga de la guerra en Ucrania, que lo hace para receptar un mayor apoyo de las estructuras profundas del poder inglés, podrá transferirle un éxito en su caótico modelo de gobierno.

A lo más, podrá aspirar a tener un minuto adicionado, pero el juego para él ya ha terminado.

Igualmente, la renuncia obligada de su jefe de gabinete, Morgan McSweeney (por el caso Lord Mandelson y por otros escándalos denunciados por investigadores independientes), es otro golpe durísimo para Starmer (McSweeney era su cerebro), y para las líneas del estado profundo israelí conectadas con la facción del laborismo de Starmer.

Morgan McSweeney, el estratega de Starmer en Downing Street, era otra persona con lazos de larga data con Israel.  Por esa razón, hubo una gran afluencia de efectivo y conectores de influencia israelíes para que Starmer sea un morador del 10 de Downing Street.

A causa de eso, algunas informaciones indican que, en cuestiones decisivas del gobierno, era Morgan McSweeney quien ponía su sello personal, ejecutivo y clánico.

Sea como fuere, Keir Starmer es considerado el primer ministro más impopular de la historia inglesa y una reciente encuesta de YouGov señala que el 50 % de los ciudadanos está de acuerdo con una pronta dimisión de Starmer. 

Publicado originalmente por Geopolítica rugiente

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El fin del juego para Keir Starmer

El antiguo y el nuevo laborismo están en terapia intensiva porque, para la mayoría de los ciudadanos británicos, no hay divergencias entre ambas postulaciones porque visualizan que el problema irresoluble es el contenido y no los odres.

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Sumado a esto, es patente el declive de la capacidad de gestionar eficazmente los desafíos más complejos y las complicaciones más acuciantes del liderato político en general.

Sí, las élites políticas inglesas ven el mundo a través de un lente brumoso y tienen un algoritmo que es, mayormente, obsoleto.

De no ser, primordialmente, por las estructuras de inteligencia y de seguridad, el caos y la degradación serían, en estos momentos, de ribetes dantescos.

Las implicaciones del Barón Peter Mandelson en las actividades del depredador sexual Jeffrey Epstein sólo están empujando un poco más al despeñadero al gobierno de Keir Starmer y llevando aún más a la ruina al partido Laborista.

Esta situación crítica en la que está inmerso Starmer, debía llegar irremediablemente con o sin develamiento de los documentos judiciales de Epstein porque el belicista Starmer era uno de los peores primeros ministros que registra la historia política de Gran Bretaña. Ni siquiera su adhesión a la prórroga de la guerra en Ucrania, que lo hace para receptar un mayor apoyo de las estructuras profundas del poder inglés, podrá transferirle un éxito en su caótico modelo de gobierno.

A lo más, podrá aspirar a tener un minuto adicionado, pero el juego para él ya ha terminado.

Igualmente, la renuncia obligada de su jefe de gabinete, Morgan McSweeney (por el caso Lord Mandelson y por otros escándalos denunciados por investigadores independientes), es otro golpe durísimo para Starmer (McSweeney era su cerebro), y para las líneas del estado profundo israelí conectadas con la facción del laborismo de Starmer.

Morgan McSweeney, el estratega de Starmer en Downing Street, era otra persona con lazos de larga data con Israel.  Por esa razón, hubo una gran afluencia de efectivo y conectores de influencia israelíes para que Starmer sea un morador del 10 de Downing Street.

A causa de eso, algunas informaciones indican que, en cuestiones decisivas del gobierno, era Morgan McSweeney quien ponía su sello personal, ejecutivo y clánico.

Sea como fuere, Keir Starmer es considerado el primer ministro más impopular de la historia inglesa y una reciente encuesta de YouGov señala que el 50 % de los ciudadanos está de acuerdo con una pronta dimisión de Starmer. 

Publicado originalmente por Geopolítica rugiente